EDITORIAL. “Vectores sanitarios”, por Ángela Hernández

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Los grupos de interés, o stakeholders, en Sanidad son muchos, complejos y variados. Desde los propietarios, incluso con accionistas en la privada, los gobernantes y administradores en lo público, los proveedores, los diferentes profesionales, los pacientes, sindicatos, organizaciones no gubernamentales, organizaciones civiles, en fin, está representada prácticamente toda la sociedad. Tras varios años escuchando y observando la evolución de la gestión de la sanidad madrileña, he comprobado que “pisar callos” es la norma de cualquier cambio en la gestión sanitaria. Entiendo que ese el motivo para que las corrientes de “si funciona no lo toques”, “siempre se ha hecho así”, prevalezcan en la mayoría de las ocasiones.

Seguir como estábamos ha funcionado a lo largo de una gravísima crisis financiera entre los años 2012-17, ha funcionado tras el traspaso (no dudo que bienintencionado pero de consecuencias desastrosas en términos de eficiencia) de la sanidad a las comunidades autónomas. Lo que tendremos que platearnos es qué haremos cuando cambiar poco o nada ya no funcione. La vocación y el profesionalismo de los profesionales sanitarios, y en concreto de los médicos y T. S., ha resistido hasta ahora todos los envites, incluido el intento privatizador en la Comunidad de Madrid, sin evidencia científica de base, de la época Güemes-Lasquetty. Pero los signos están ahí, queramos verlos o no. La dificultad para encontrar suplentes en Medicina Familiar y Comunitaria o Pediatría de Atención Primaria, así como la elevada rotación y también dificultad de cobertura en urgencias hospitalarias y extrahospitalarias, son los más sangrantes. Pero hay otros.

La fuga de médicos y T.S. españoles se evidencia en los certificados de idoneidad expedidos anualmente por la OMC (“que en 2011 fueron de 1.380; en 2012, 2.405; en 2013, 3.279, en 2014, 3.300; en 2015, 2917; en 2016, 3402; en 2017, 3.282: y 3.525” en el 2018). Siguiendo este dato, se podría haber esperado un descenso paulatino una vez acabada la crisis y el “grifo cerrado” de contratos por parte de las administraciones, pero, ¡sorpresa! en el 2018 se produce el fenómeno contrario, un repunte. ¿Están contando quienes se marcharon las ventajas de su éxodo, y producen un efecto llamada? ¿O las condiciones de ejercicio en España se consideran ya tan depauperadas que se mira fuera para ejercer? Son preguntas a las que habrá que buscar respuesta.

Y se suman otros signos preocupantes: la dificultad de cobertura de determinadas áreas geográficas u horarios, las más que probables dificultades de reposición de una plantilla médica que va a jubilarse en nada menos que un tercio durante la próxima década, la obsolescencia tecnológica… Todo ello en un escenario de recorte presupuestario que ojalá cambie, pero que no parece probable que lo haga. Prometan lo que prometan lo diferentes “colores”, mantienen los recortes o los revierten con demasiada timidez cuando gobiernan.

La física nunca fue mi asignatura favorita. Ojo, no culpo a la asignatura en sí, ni a los profesores que me la impartieron; debió tratarse, como en casi todo, de una mezcla de factores. Fue mi “bestia negra” durante mis, ya anticuados, años de BUP y COU, pero recuerdo bien una cosa, los vectores de fuerza. Para explicarlo de una forma gráfica, a menudo veo los esfuerzos por mejorar la sanidad como esta imagen:

Vectores distintas direcciones

Cuando para alcanzar alguna meta y aspirar a mejorarla en su función fundamental, que es el servicio a paciente y a la sociedad, la imagen vectorial de suma de fuerzas debería ser esta otra:

Vectores misma dirección

Estas dos imágenes tienen su correlación con cualquiera de los escalones que analicemos, el social, el político, las gerencias, los servicios o unidades, los distintos profesionales sanitarios, los sindicatos, las asociaciones…

En el caso de una de las “ramitas”, los médicos y T.S., se da también, por supuesto, que tanto los colegios, los sindicatos y las sociedades científicas tienen sus propias ideas de lo que le conviene a la profesión. O somos capaces de crear un entorno en el que prevalezca el diálogo para tratar de poner en común dichas visiones y empujar en objetivos comunes y alcanzables, o nuestros esfuerzos se verán neutralizados por la aplicación de fuerzas en sentidos contrarios.

El último ejemplo se ha vivido con la medida de cambio de franja de horarios de consulta en Atención Primaria. Una medida solicitada desde hace años y surgida de los profesionales médicos de Pediatría de Atención Primaria. No la única medida a tomar, tan solo una medida más. Nació y siguió su camino “reglamentario” desde las sociedades a los sindicatos médicos, pasando sin especial reticencia por los grupos parlamentarios de la oposición. Hasta que llega la oportunidad de ponerla en marcha por parte de la Administración y se amplía a los médicos de familia, que también la ven con buenos ojos. Y entonces se abre la caja de Pandora.

Todo el mundo opina sobre ella, por desgracia a menudo en clave electoralista. Hay sectores que no dudan en presentarla deformada si así se ajusta a su visión de la sanidad en forma de recortes. Otros se informan sobre ella, pero finalmente dejan prevalecer la proyección de cómo se va ver esa medida por parte de los votantes. Conociéndola y viendo cómo han actuado los diversos actores, tengo que reconocer que he aprendido mucho, y también que no puedo evitar que me invada un cierto pesimismo sobre las posibilidades de cambiar cosas en Sanidad. Espero que en mitad de todo este ruido al final sean los datos objetivos los que prevalezcan para su mantenimiento, ampliación o extinción. No pretendo desatar la controversia, es solo un ejemplo de tantos, cada uno tendrá su propio ramillete recogido a lo largo de los años. Tan solo llamar a la reflexión de todas las partes.

Junto a la Medicina Basada en la Evidencia (MBE) necesitamos también el auge de la Administración Basada en la Evidencia (ABE), y añadiría que habría que sumar la Oposición Basada en la Evidencia (OBE). Con liderazgos fuertes, honestos, profesionales y que no se dejen arrastrar por personalismos, titulares fáciles, deseos de poder o la proximidad de unas elecciones. No es una tarea fácil, existe mucha desconfianza entre los diferentes grupos de interés, diferentes objetivos, muchos de ellos legítimos y otros no tanto, pero o buscamos el camino de empujar todos en una misma dirección, o nuestros esfuerzos serán vanos y la sanidad de todos, como la conocemos y disfrutamos, no se sostendrá más.

Ángela Hernández Puente
Especialista en Cirugía General y del AD, Hospital del Sureste. Vicesecretaria General de AMYTS

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