CON FIRMA. “La Sanidad del cansancio”, por Miguel Ángel García

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He podido leer, en las últimas semanas, un interesante trabajo realizado por Álvaro Cerame, uno de los miembros del grupo de expertos del proyecto del Foro de la Profesión Médica para el reconocimiento de la Relación Médico-Paciente como Patrimonio de la Humanidad. El trabajo habla de la “injusticia epistémica entre los médicos”, en el doble sentido de que la construcción del conocimiento médico no es fácilmente asequible para los pacientes, lo que supondría una dificultad para la relación médico-paciente, y de la dificultad también con que los propios médicos pueden acceder a dicho conocimiento durante su trayecto formativo.

Pero lo más interesante viene cuando relaciona esta última dificultad con una de las tesis de Byung-Chul Han, un filósofo de origen coreano y nacionalidad alemana muy prolífico en la creación de opúsculos de éxito en torno a algunas de las características de nuestra sociedad occidental. En concreto, en este caso se refiere a la que recoge en su obra “La sociedad del cansancio”, en la que postula que la esclavitud del mundo contemporáneo (yo lo limitaría al ámbito desarrollado) ya no viene impuesta desde fuera, como había sido anteriormente por diferentes agentes externos, sino que la sociedad, que considera como sociedad del rendimiento y la eficiencia, habría logrado introducir al explotador dentro de cada uno de nosotros, al haber conseguido que vivamos con un elevado nivel de autoexigencia. El ansia moderno de libertad quedaría así, sorprendentemente, transformado en una esclavitud autoimpuesta, en la medida que uno acaba siendo víctima de su propia exigencia.

Álvaro Cerame postula así que, en el caso de los médicos, el exigente proceso formativo (no sólo en horas de estudio, sino sobre todo en irse abriendo paso en la propia profesión y su construcción del conocimiento médico) sería un ejemplo de éxito de la sociedad del rendimiento, que nos habría transformado a los médicos en individuos del rendimiento, absolutamente “agobiados” por la autoexigencia de ganarnos un lugar (y mantenerlo) dentro del ejercicio de la profesión médica, y que esto nos haría más vulnerables al “cansancio” del que habla Han, que podría estar manifestándose en la elevada frecuencia de problemas mentales, e incluso de suicidio, que se dan en nuestra profesión.

Son curiosos los procesos autodestructivos que se producen en ese individuo de rendimiento en que, posiblemente, nos hemos convertido los médicos. Preocupados por ofrecer el mejor servicio, porque está en juego la salud de los pacientes, vivimos una gran exigencia, que incluso nos lleva a culparnos de nuestras propias limitaciones (como muy bien describe Han), o al menos a no responsabilizar de ello a ningún agente externo, que así sale incólume de los problemas que nos podemos encontrar. Problemas que, incluso, trataremos de echar sobre nuestros hombros para intentar buscar una solución que, al final, se convertirá en una nueva carga que no será nada beneficiosa para nuestra salud, física y mental.

Hemos de romper con esto. Hemos de poner la responsabilidad allí donde realmente reside (y quedarnos, por supuesto, con la que nos corresponde a nosotros, que no es ni mucho menos la mayoría), y hemos de comenzar a decir ¡BASTA! ante el abuso de la situación sanitaria que, ayudado por nuestra autoexigencia, convierte nuestra actividad en una rueda sin fin (la famosa “rueda del hámster”) en la que, por mucho que corramos, nunca acabaremos con la vertiginosa tarea en la que estamos enredados. Seguir compitiendo con nuestra propia rueda no hace sino camuflar el verdadero problema de la Sanidad, un problema de abandono absoluto, donde nuestros políticos sólo alcanzan a disimular, y ante el que la propia sociedad, empiezo a pensar, casi prefiere mirar a otro lado para no darse cuenta de la degeneración social en que estamos incurriendo: continuar como si no pasara nada ante unos servicios públicos en deterioro progresivo y cada vez más sostenidos por el esfuerzo exclusivo de los profesionales, un esfuerzo que tiene un alto coste para ellos (y ya también para todos). Y mientras tanto, conformándonos con los pseudotemas que nos plantea nuestra clase política, que reduce todo al famoso “estás conmigo o estás contra mí”… Quizás también se deba al cansancio de la propia sociedad, que también se limita a sobrevivir en esta “rueda del hámster” de la que parece suficiente con sobrevivir día a día, sin querer complicarse más la vida…

Creo que para nosotros, los profesionales, ha llegado la hora de asumir nuestra situación, de asumir nuestro cansancio y nuestra saturación, y decir BASTA: a nuestros políticos, pero también  a esta sociedad cansada que prefiere no afrontar la realidad. Ha llegado el momento de hacerse visibles ante la sociedad y decirle la verdad sobre la Sanidad que infrafinancian con la esperanza de salir de una crisis que está ya más que instalada, y que hace poco probable, por ejemplo, que los presupuestos para los servicios necesarios en la sociedad puedan crecer en la cantidad que realmente haría falta.

Basta ya de discursos de eficiencia, basta ya de crear individuos del rendimiento (¿para qué?). ¿Realmente es ésta la sociedad que queremos construir? Y, sobre todo, para los profesionales, ¿realmente es éste el ejercicio de la Medicina que queremos realizar? ¿Es el que debemos realizar?

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia, máster en Bioética, director médico de la Revista Madrileña de Medicina

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