CON FIRMA. “Testimonio desde una residencia de discapacitados”, por María José Barrera

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Soy médico de familia y trabajo en la AMAS (Agencia Madrileña de Atención Social), organismo de la Consejería de Políticas Sociales, familia, igualdad y natalidad al que pertenecen las residencias de personas mayores y personas con discapacidad intelectual. Yo trabajo para personas con discapacidad intelectual gravemente afectadas.

Lo primero, dar el pésame a las familias de todos nuestros compañeros fallecidos, y mandar un abrazo enorme a los que todavía están enfermos.

Lo segundo, dar las gracias a AMYTS por invitarnos a hacernos visibles. Los médicos de residencias estamos orgullosos de trabajar para las personas más frágiles, pero somos tan invisibles que todavía no nos ha preguntado nadie nuestra opinión sobre lo que ha pasado, ni nos han contestado a una carta que enviamos al gobierno regional el 11 de junio. Ni siquiera nos invitaron a la ceremonia de homenaje a las víctimas de COVID el día 2 de mayo, y no será porque, desgraciadamente, no haya habido víctimas en las residencias. ¿Les daba vergüenza invitarnos, o ni se acordaron de que existíamos?

Señores del gobierno de España y de la CAM, los sanitarios de las residencias, nosotros, no hemos fallado, hemos trabajado como fieras (12 horas al día 7 días a la semana), pero a pesar de esto no hemos podido remediar el desastre por varios motivos.

Las medidas llegaron tarde. Desde el 3 de marzo, día en el que murió la primera persona mayor de una residencia, hasta el día 12, en el que ustedes decidieron que había transmisión comunitaria y que podíamos diagnosticar de posible COVID a todas las personas con síntomas, pasaron 9 días. Aunque los médicos aconsejábamos antes tomar medidas, no en todas las residencias se autorizaron, porque era crear alarma. Decían que usar mascarillas para atender a todos los residentes era crear alarma, en centros en los que la mayoría de los residentes es imposible que la usen.

De todos modos, tampoco teníamos suficientes mascarillas quirúrgicas para todos los trabajadores y, por supuesto, tampoco teníamos suficientes EPIs para protegernos al atender a los casos posibles y confirmados, en residencias donde es imposible que la mayoría de los residentes usen mascarilla. Casos confirmados cuando llegaba la confirmación, porque el 17/03 yo pude solicitar las primeras PCR a 6 de los 12 casos posibles, y me regañaron porque “¡¿cómo era posible que se hubieran mandado 6 PCR a la vez desde una residencia?!” Los resultados llegaban una semana después. No sé si alguien sabe lo que es tener en aislamiento a algunas personas con discapacidad intelectual, o a pacientes mayores con deterioro cognitivo.

Así pasó, que empezamos a enfermar residentes y trabajadores, uno tras otro y en pocos días, ya saben todos lo que ocurrió.

Pero lo peor, señores, es que no teníamos recursos para atender a todos los residentes que iban enfermando. ¿Saben que en las habitaciones de enfermería no hay tomas de oxígeno?

El 061 y las urgencias hospitalarias estaban colapsadas, y nosotros sin recursos.

No consultaron con nosotros cuando hicieron los protocolos, y somos nosotros los que conocemos a nuestros pacientes y los recursos que tenemos.

¿Saben por qué ha pasado? Porque las residencias y sus trabajadores sanitarios no pertenecen al Sistema Nacional de Salud, no pertenecen a la Consejería de Sanidad. Los médicos llevamos diciendo que esto era un desastre desde hace más de 20 años, cuando separaron las Consejerías. Pasa que nos han tenido trabajando sin recursos y con unas condiciones laborables lamentables, y por eso nos ha tocado llorar a miles de personas que para nosotros tienen nombres y apellidos. Las familias, que no lo duden: además de ellos, los hemos llorado nosotros.

Para terminar, agradecer a los médicos de centros base y mutuas que hayan tenido la valentía de venir a ayudarnos. Gracias.

Mª José Barrera Gómez
Médico especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. 
CADP Getafe

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1 comentario

  1. Totalmente de acuerdo con su crítica, y reivindicación, basta yá de organismos públicos que mantenemos entre unos muchos, y gestionan de pena unos pocos. Gracias Doctora.

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