CON FIRMA. “La sostenibilidad del sistema sanitario (1): sostenibilidad humana”, por Miguel Ángel García

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267 Miguel Angel Garcia 3x3 cm

La sostenibilidad de nuestro sistema sanitario, y de cualquier otro sistema sanitario del mundo, es un tema que viene siendo objeto de reflexión de forma recurrente en multitud de medios. En general, es un tema analizado en perspectiva económica, lo que supone convertir a la herramienta (la economía, la organización del intercambio y el mercado, el “funcionamiento de la casa”) en criterio de análisis. Y no es que esté mal analizar desde la herramienta, pero la herramienta siempre está en función de lo que se pretende. Y cuando no se habla de lo que se pretende, del fin que se quiere conseguir, y se utilizan los criterios de la herramienta como criterios válidos supuestamente aceptados por todos, puede estarse introduciendo un pre-supuesto oculto sobre el que, probablemente, no se ha alcanzado un acuerdo verdaderamente democrático.

Sin restar un ápice de validez técnica a los análisis de sostenibilidad económica, hechos por expertos de renombre y, por tanto, merecedores del mayor respeto y crédito, lo que me gustaría hacer es atender a otras dimensiones que me parecen más fundamentales, más “fundantes” de lo que sería una sostenibilidad más humana, más social y más integrada en nuestro entorno natural. Al fin y al cabo, son las personas, en sociedad e integradas en el medio natural, quienes tienen necesidad de atención, quienes pueden prestarla, quienes puden definirla y organizarla, y quienes pueden hacer que, de verdad, el sistema sanitario sea sostenible. Para nosotros y para las generaciones futuras.

Y en esta entrega, totalmente abierta al diálogo y al aprendizaje, como las que le sigan, me gustaría centrarme en el primer foco, el de la sostenibilidad humana, personal. La percepción que mira a la capacidad de los seres humanos para sostener el sistema. Y en concreto, dejando la parte social de esa sostenibilidad para la siguiente entrega, quisiera centrar esta reflexión en la capacidad de los profesionales para sostener este sistema, tanto en su dimensión personal como en la más cuantitativa del número de profesionales disponibles. Probablemente, por cierto, no se trata de dimensiones independientes.

La sostenibilidad personal está cada vez más en entredicho. Cada vez hay mayor evidencia del desgaste de los profesionales, desgaste al que las Administraciones españolas son especialmente ciegas. Desgaste de médicos de familia y pediatras trabajando en Atención Primaria, o de especialistas de muchas especialidades en los servicios de Urgencia y otras unidades, “contra” (por desgracia, cuando su trabajo es tan “a favor”) una demanda asistencial en muchos casos opresora, tanto por su cantidad como por su imposición y la falta de medidas eficaces para controlarla… Por supuesto que existen médicos-Superman (seguramente a contar con los dedos de una mano), médicos-House (muchos más, probablemente, que se defienden creando una barrera infranqueable para con el paciente), pero… ¿y qué pasa con los que, simple y llanamente, tratan de dar respuesta a las necesidades (“desesidades” he leído hoy en algún lugar) en salud de los ciudadanos y cuentan con los recursos normales de una persona media (con un excelente curriculum académico, por cierto) que, además de su trabajo, tiene otras realidades en su vida que también requieren su atención? Ahí se quedan, abandonados por la Administración y tratando no sólo de sobrevivir, sino de hacer un esfuerzo adicional -cuando pueden hacerlo- para denunciar su situación, esfuerzo que tratamos de acompañar y estimular para poder hacer efectiva su denuncia…

Es un problema que nuestros gestores no quieren ver porque no pueden afrontarlo, ya que tampoco les dejan solucionarlo desde más altas instancias, que prefieren vender maravillas de un sistema sanitario que, en realidad, está desbordado. ¿Cómo entender, si no, la cantinela de la humo-humanización que caracterizó al Consejero de Sanidad madrileño que le tocó lidiar con lo más duro de la crisis, negando la evidencia del deterioro del sistema y creando aún una mayor tensión para los profesionales, derivada de una mayor expectativa por parte de los ciudadanos? ¡Qué listos nuestros políticos, desplazando la responsabilidad a hombros ajenos! Otras administraciones se están tomando muy en serio el desgaste profesional y la desmotivación, incluso en entornos sanitarios menos opresores para el profesional.

Con este panorama, no es de extrañar que estemos viviendo una “¿crisis?” cuantitativa en cuanto al número de profesionales disponibles. Profesionales muy condicionados por el clima que ya se vive en nuestros centros sanitarios, y abiertos a buscar, en otros lares, lo que por aquí parece escasear: una oportunidad laboral estable, motivadora, atractiva y bien remunerada, después de tantos años de esfuerzo… Es el resultado de no considerar humanos” a los “recursos” que dicen gestionar en cada institución sanitaria, de no entender que tienen necesidades, expectativas, capacidades… como los de cualquier “hijo de vecino”, o de haber expropiado esta dimensión tan humana de la médula de las teorías económicas y de gestión al uso (en un mal que afecta, por lo que se ve, al conjunto de ámbitos laborales de la sociedad). Los médicos que hay, y que podrían ser suficientes en condiciones adecuadas, no se quedan, o no aceptan contratos o expectativas de miseria, o los aceptan sin la más mínima motivación.

Menos mal que, con todo, muchos profesonales hacen lo posible (y tantas veces, y hasta de forma arriesgada para ellos mismos, hasta lo imposible) para llegar a dar respuesta, de una u otra forma, a lo que precisan sus conciudadanos, y así vamos sosteniendo, como podemos, el sistema… Pero, desde luego, no parece que éste deba ser el planteamiento, porque no sabemos cuánto puede durar aún activo.

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia, máster en Bioética y Derecho, director médico de la Revista Madrileña de Medicina.

 

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