CON FIRMA. “El sindicalismo ya no es sólo cosa de hombres”, por Mónica Alloza

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El sindicalismo ya no es cosa de hombres, y la representación de los médicos tampoco. O al menos yo no quiero que sea así y tampoco lo quieren las mujeres con las que comparto mis labores sindicales y profesionales.

Esta semana tuve la oportunidad de asistir a un foro de debate sobre los derechos de los médicos, organizado por ASPROMEL (Asociación Profesional de Médicos en Ejercicio Libre) y la OMC (Organización Médica Colegial). Me acompañaban dos representantes de la vocalía de ejercicio privado de AMYTS, mujeres como yo. Cuando llegamos, nos encontramos una sala ocupada por hombres mayores de 50 y tantos de media. Entre todos los ponentes, sólo hubo una mujer.

Esta semana también estoy preparando mi ponencia en el Congreso Confederal de CESM, que se celebrará a finales de este mes en Galicia. Reviso el programa y compruebo que sólo 7 de las 16 ponencias están defendidas por mujeres. Por lo que me han contado, en La Coruña me voy a encontrar un panorama similar al de la OMC.

Esta semana, cuando asistí al comité ejecutivo de mi casa, las mujeres que ocupamos una plaza en este comité somos 6, todas responsables de un sector clave  del sindicato, pero ninguna es parte del núcleo central del comité ejecutivo, son todos hombres. Sin embargo, cuando vemos el listado de delegados sindicales con liberación total o casi total, es  decir, los delegados que participan más activamente en AMYTS, la proporción de mujeres es aplastante. Y si miro los delegados de la vocalía de ejercicio privado, la presencia de hombres es testimonial.

Cuando vuelvo a mi hospital, de apenas 5 años de antigüedad, con una población profesional de menos de 45 años de edad media, repaso el listado de jefaturas de servicio y compruebo que 15 de 31 están ocupadas por mujeres.

¿Qué significa esto? Que las mujeres por fin estamos tomando las riendas de la Medicina en todos sus ámbitos. Que no sólo ocupamos ya la mayoría de asientos en las facultades y aproximadamente constituimos el 50% de la masa médica en activo, sino que estamos alcanzando los puestos de responsabilidad.

La Medicina ha sufrido una importante feminización, y las mujeres nos hemos incorporado al ejercicio activo y completo de esta profesión. Sin embargo, los puestos de responsabilidad, de representación profesional y de representación sindical siguen siendo todavía cosa de hombres, en su mayoría.

¿Es una cuestión de mérito o capacidad? Yo creo que no. Creo que es una cuestión de implicación y de tiempo. Tiempo que muchas consideramos no tener o no querer dedicar, pues priorizamos la conciliación de nuestra vida profesional con la familiar. ¿Es este un argumento machista? No lo creo. Nunca me he sentido discriminada por ser mujer en el ejercicio de mi profesión. Pero han pasado determinados trenes por delante de mí que no he querido tomar, pues en su momento yo era una joven madre de dos cachorros, y mi mayor atención se la llevaba mi familia. Es mi experiencia personal, y me ha costado mucho alcanzar un equilibrio mental entre ser profesional y madre (lo de esposa no lo pongo, porque he tenido siempre la gran suerte de contar a mi lado con buenos compañeros de viaje, que nunca han puesto cortapisas a mi carrera profesional).

Ahora, sin embargo, que mis hijos, por su edad, me necesitan menos, me siento más libre para dedicarme a otras actividades que requieren mucho tiempo y atención, como la representación sindical a tiempo casi total.

Pero mi caso es sólo mi caso y es una percepción personal. Compruebo que varias compañeras mías compatibilizan ser madres de niños pequeños con cargos de representación o de responsabilidad. Es decir, su salto es más alto que el mío. Y me alegro por ello.

No es fácil. Pero estamos cambiando. Nos estamos creyendo, de una vez, que las mujeres podemos incorporarnos a las cuotas de poder y de representación. Y podemos hacerlo con nuestro propio estilo, sin renunciar a nada, compatibilizando los muchos aspectos de nuestras vidas. Hace unas semanas acudí a la Asamblea de Madrid en dos ocasiones y me reuní, junto con otros compañeros de AMYTS, con los representantes de varios partidos políticos. En las dos ocasiones, alrededor de las 5 de la tarde nos despedimos porque teníamos que recoger a nuestros hijos o llevarles a actividades. Nosotras, las delegadas, y ellas, las diputadas. ¿Y fue por eso menos fructífera nuestra reunión? Por supuesto que no. Este es sólo un ejemplo de que las cosas pueden hacerse de otra manera, que ya las estamos haciendo de otra manera.

Yo no quiero renunciar a ser mujer o a ser madre por ser profesional y subir peldaños en mi carrera. No quiero seguir el “estilo oficial” de los hombres que llegan alto, todo el día fuera de casa, desentendidos de la familia y de la vida personal. Yo, como muchas, tengo mi propio concepto de la vida y quiero hacer las cosas de otra forma. Porque no es una cuestión de horas la dedicación, sino de organizarse y de parcelar y acotar los distintos aspectos de nuestra vida. Por eso yo, como mujer, pido, casi me atrevo a decir que exijo, que se respete mi estilo de hacer y organizar, y yo cumpliré con mi parte y estaré a la altura de lo que se espera de mí, contribuiré a cambiar esta sociedad de hombres, y llegaré tan lejos y tan alto como ellos, si así decido hacerlo.

Me siento muy orgullosa de ser Mujer, Médico y Madre.

Mónica Alloza Planet
Especialista en Radiodiagnóstico, Hospital de Torrejón. Vocal de Clínicas Privadas de AMYTS

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