CON FIRMA. “Señor Consejero, pida usted disculpas a la Mesa de AP del Colegio de Médicos de Madrid”, por Alfonso López

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Efectivamente, señor Consejero, debe usted pedir disculpas, y no sólo eso, debe comprometerse además a fijar una fecha para celebrar una reunión con la Mesa de AP. Parece mentira que lleve usted en su cargo casi un año y no haya sido capaz de acudir a la reunión de la Mesa del Colegio a pesar de haber sido invitado en 3 ocasiones -sí, ha leído usted bien, en 3 ocasiones, y además no solo no acude sino que justifica sus ausencias tarde y mal, a última hora, con unos motivos que me dejan con mal sabor de boca-. Y en esta ultima ocasión, superándose a sí mismo, pues tiene la poca delicadeza de mandar en su lugar a un compañero muy querido por mí, que pertenece a la Mesa como vocal, pero cuyo cargo actual no tiene nada que ver con la Mesa ni con el contenido del orden del día, y al que, por cierto, no ha tenido el detalle de comunicarle su asistencia… Desde luego, esta vez se ha superado.

Señor Consejero, observo que está siempre ocupado acudiendo a otros sitios o reuniones. Se ha reunido usted con todo el que se lo ha pedido, e incluso con los que no se lo han pedido: ¡¡¡¡¡es impresionante lo que usted trabaja !!!!! (cuídese, que la edad no perdona). Pero desgraciadamente nunca saca tiempo para acudir a nuestras reuniones, lo que me parece una falta de respeto absoluto e intolerable hacia los componentes de la Mesa que, por si no lo sabe -seguro que no se ha molestado en saberlo-, somos todos médicos y somos los representantes de la Atención Primaria en el Colegio de Médicos de Madrid, en la Mesa de AP, habiendo sido elegidos democráticamente mediante votación por nuestros compañeros de las diferentes áreas sanitarias, por lo que la falta de respeto se extiende a todos los médicos de Atención Primaria de la Comunidad de Madrid, 5.350 para ser exactos contando los 4.000 médicos de familia, 800 pediatras y 550 médicos del SUMMA… ¡Igual le parecen pocos!

Debe ser que no le parece que tengamos la suficiente categoría como para que nos dedique usted unas horas, pocas, de verdad, no se agobie, a diferencia de otros colectivos a los que suele usted acudir sin pestañear, así como a la cantidad de eventos en los que suele aparecer -¡¡¡¡¡porque mira que aparece usted en sitios!!!!!, sobre todo en sitios con repercusión mediática-: que si en la tele, en la prensa, visitando hospitales, firmando acuerdos con la farmacias, apareciendo en plena calle en los simulacros del SUMMA, etc, etc, etc. ¡Como debe ser, sí señor, que para eso es el Consejero!

La pena, ya le digo, es que no saque usted tiempo para nosotros. Se le ha atragantado la mesa, dígalo claramente, sin tapujos, sin excusas: es más honrado, más ético y, desde luego, más “humano”, esa palabra que tanto le gusta emplear y que aparece en primera línea cada vez que lanza algún mensaje a la ciudadanía, pero que todavía no la ha practicado con los profesionales médicos en general, y con los de la mesa de AP del Colegio en particular. Me es difícil entender el porqué de sus ausencias repetidas a nuestras reuniones, a veces pienso que es por ser médicos, si fuésemos enfermeros (dicho con todo el respeto a este maravilloso colectivo) habría usted acudido encantado, faltaría más….. Nos ha demostrado infinidad de veces su amor por la enfermería, su predilección por la enfermería, su debilidad por la enfermería, su constante alusión a la profesión de enfermería cada vez que tiene la palabra recordando a todo el que le escucha que es usted médico … ¡y enfermero! Me parece algo obsesivo.

Pero otras veces pienso que además debe haber otra razón para no acudir, y no es otra que ésta, nos tiene miedo, sí, sí, miedo: miedo a tener que dar la cara y responder a las preguntas que desde la Mesa le formularíamos, miedo a tener que responder de los incumplimientos y promesas de la Consejería en temas de candente actualidad (las agresiones a profesionales, la reactivación de la carrera profesional, el incumplimiento de la sentencia judicial en relación con las enfermeras directores de centro, la excesiva presión asistencial, la falta continuada de suplentes, el vergonzoso estado de muchos centros de salud -pequeños, sin ventilación, con humedades, sin la limpieza mínima exigible-, lo que parece que no le preocupa dado que está usted enfrascado en algo tan interesante y útil para los médicos como es el instaurar tratamientos de quimioterapia en los centros de salud o instalar cocinas en los centros de salud… Pero ¿de dónde quiere que saquemos el tiempo para dar satisfacción a sus sueños ? Si va a llegar el día que tengamos que ver a los pacientes de dos en dos, o de tres en tres… para poder atender a los pacientes citados, a los no citados, a los urgentes, a los casi urgentes, a los exigentes, a los maleducados, a los agresivos… En fin a todo aquel que que quiera ser atendido, porque tiene el derecho, que para eso paga, y porque entre otras cosas, entre usted y el ministro de Sanidad se han encargado de alimentar esa forma de actuar gracias a los múltiples mensajes que han trasmitido en el sentido de que no acudan a urgencias, que no colapsen los hospitales, que acudan a los centros de salud, que esos si se pueden colapsar, que para eso somos la entrada del sistema público de salud…

Enorme, señor Consejero, estará usted contento de cómo calan sus mensajes y cómo la población le obedece. Y respecto a las cocinas, qué quiere que le diga, ahí usted ha estado sembrado, de verdad, todavía no me creo que lo pueda usted decir en serio… Me quita usted el sueño, señor Consejero: ¿pero donde piensa usted instalar las cocinas? Si hay centros de salud que comparten sala médicos y enfermeros, centros de salud que comparten sala dos médicos, centros de salud sin sala de reuniones, sin biblioteca, sin salas de descanso para los profesionales, etc. Y si al final es capaz de instalarlas, ¿ha pensado usted quien las va a hacer funcionar? ¿Contratará a cocineros profesionales? ¿Organizará Master- Chef con los pacientes? ¿O nos lo encargará a nosotros? Que ya ha visto usted que poder, podemos con todo, bueno… Hasta que el globo, de tanto cargarlo, se hinche y acabe explotando.

De verdad, señor Consejero, ¿usted piensa lo que dice? ¿Usted se cree lo que dice? Parece que lo único que le interesa es aparecer en los medios de comunicación maquillando la realidad de nuestro día a día realizando manifestaciones de proyectos grandilocuentes y alejados de los verdaderos problemas de la sanidad… De verdad, me deja preocupado.

Señor Consejero: su cargo es público, se retribuye con dinero público. Tiene usted una responsabilidad para con los profesionales de la Sanidad, entre los que nos encontramos los médicos, y entre ellos los representantes de la AP en la Mesa del colegio, y si usted no es capaz de atendernos, de escucharnos ni de cumplir con sus obligaciones, lo mejor que puede hacer es dimitir y dejar el paso a otra persona. Dimitir además de un acto de responsabilidad, también es humano.

Reciba un saludo.

Alfonso López García de Viedma
Vocal en la Mesa de AP del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid

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1 comentario

  1. Rafael de la Guerra Gallego en

    No puedo estar más de acuerdo con todo lo que Alfonso López le dice al Consejero. Mucho gesto, mucha foto, mucho blablabla… pero a la hora de la verdad, de coger al toro por los cuernos, nada de nada. Los médicos de Primaria, esos tipos que tragan y tragan y tragan; que trabajan sin rechistar y solucionan lo posible y lo imposible; que mantienen intacta su integridad profesional y su responsabilidad ética; que luchan contra viento y marea: puteados por los de “arriba” y también por los pacientes (muchísimos, es verdad, son excelentes, pero hay que lidiar con mucho maleducado, agresivo, demandante, faltón, etc.); sobrepasados de trabajo e infravalorados; habiendo perdido un 30% -como mínimo- de su poder adquisitivo; formándose en los pocos ratos libres que esta maldita desorganización les permite; En fin, podría rellenar folios y folios de quejas, de lamentos, de rabia por ver cómo se quema una generación de excelentes profesionales, de cómo la burocracia, el politiqueo, los intereses espurios y partidistas, la política entendida como un feudo, el desvío de dinero hacia lugares muy poco importantes -cuando no nocivos-, nos van dejando extenuados, muertos de cansancio, de desencanto, de desilusión, de desesperanza.
    Yo, al principio -ingenuo de mí- creí que el nuevo Consejero iba a poner las cosas en su sitio, e iba a enderezar todo este caos. Un médico que seguro que iba a luchar por sus compañeros y devolverles todo lo que estás décadas pasadas nos han arrebatado -incluida la salud física y mental-. Pero no ha sido así. El tiempo quita y da la razón, pone a cada uno en su sitio y desenmascara al mentiroso. Al final, al árbol se le reconoce por sus frutos, y, en el caso de la situación de la Atención Primaria de Madrid, el fruto es una manzana pequeña, seca y con gusanos. Nada ha cambiado -para bien- sino que sigue -en el mejor de los casos- igual, o peor.
    Conozco bien la Atención Primaria, y muy especialmente el SUMMA. Por desgracia -ojalá pudiese decir lo contrario- nada, absolutamente nada ha mejorado: seguimos sobrecargados de horas, escasos de medios -qué Centros tan cutres tenemos, qué material obsoleto manejamos (tabletas, EKGs…), qué carrera profesional abortada, qué nocturnidad no reconocida, cuánta falta de personal fijo y de suplentes, cuánto desprecio desde las Gerencias, Consejerías, etc.
    Lo he dicho miles de veces, la razón de ser del sistema sanitario sólo tiene dos patas: los enfermos -los de verdad, no los hoy denominados “usuarios”- y los médicos que les atienden (por supuesto que incluyo al resto del personal sanitario, faltaría más, pero como médico, lógicamente, defiendo y quiero más lo mío, lo que tanto esfuerzo y sacrificio me ha costado conseguir). El resto, son personal al servicio del óptimo funcionamiento de la relación médico-paciente. Eso es sagrado, es intocable, no puede usarse como moneda de cambio. Quien lo haga, cargará con una culpa y una responsabilidad inmensa: está jugando con la vida y la muerte de inocentes. Amén de asesinar moralmente a unos médicos que lo han dado -y siguen haciéndolo por pura responsabilidad y amor a los enfermos- todo, y más… Nadie se hace médico porque sí; la medicina sigue teniendo -por mucho que se empeñen en tumbarla, degradarla y humillarla- algo que roza lo sagrado, lo espiritual. Acompañamos a las personas en sus peores momentos, cuando son -y se sienten- más vulnerables. En nosotros ven su única esperanza, no en los políticos.
    En fin, todavía tengo -aunque cada vez menos- alguna esperanza de que volvamos a ser lo que fuimos hace no tanto tiempo: profesionales respetados, valorados, admirados, queridos… Porque yo, cuando era niño, conocí esa maravillosa sensación de estar ante un ser maravilloso, cariñoso, entrañable: mi médico.
    ¿Creéis que lo conseguiremos? ¿Todavía tendremos fuerzas para levantarnos y dejar de vivir de rodillas? ¿Pondremos a cada uno en su sitio? ¡Ojalá pueda llegar a verlo, aunque sólo sea por un día, antes de jubilarme o morir de un infarto!

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