CON FIRMA. “Se hace necesario cambiar de perspectiva”, por Miguel Ángel García

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Hay ocasiones en las que un acontecimiento o serie de acontecimientos hacen ver que lo necesario no es sólo responder a ellos, sino cambiar la percepción de una determinada realidad para que dichos acontecimientos no vuelvan a repetirse, o sean cada vez menos dañinos. Y quisiera comentar hoy dos de ellos, que han destacado en la actualidad de los últimos quince días.

Por un lado, el caso de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, una enfermedad que se ha presentado en seres humanos por primera vez (al menos que se sepa) en Europa Occidental y, por supuesto, en España. La gestión de dicha inesperada enfermedad parece estar siendo mucho más razonable y adecuada que la tristemente realizada hace meses con el ébola, lo cual es de reconocer para todos. Pero la solución no puede quedar, creo yo, en darle respuesta con un protocolo específico de actuación (siendo esto, desde luego, deseable).

No se trata de un acontecimiento aislado. Desde hace meses está siendo motivo de preocupación la enfermedad por virus Zika, sobre todo por los problemas que origina en recién nacidos de madres afectadas por la enfermedad durante su embarazo. La enfermedad, que hasta hace unos años se encontraba confinada a África y Asia en casos esporádicos, comenzó a difundirse el año pasado por multitud de países de América Latina, lo que ha multiplicado su posibilidad de aparecer en regiones remotas, de momento en personas que han viajado desde las zonas afectadas. Sin embargo, hay evidencia de que el mosquito trasmisor de la enfermedad, el Aedes albopictus, está presente en la costa mediterránea española, incluidas las islas Baleares. Situación similar, como sabemos desde 2011 y se ha hecho más patente en los últimos días, a la ya conocida presencia en tierras peninsulares del parásito transmisor de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, las garrapatas del género Hyalomma sobre todo, portando ya entonces el virus causal de la enfermedad.

Pero no se trata de casos aislados. Una situación similar se da en relación a la enfermedad por virus Chikungunya, que hace tres años se extendió fuera de las zonas en que se venía transmitiendo (países asiáticos y africanos) para llegar a transmitirse de forma sostenida en América Latina y producir brotes en EEUU, Italia y Francia; aunque en España no se conocen casos de transmisión autóctona, uno de los mosquitos implicados en su transmisión, el Aedes albopictus, sí  se encuentra presente en la costa mediterránea europea, incluyendo la española. La enfermedad por virus del Nilo también fue una sorpresa, hace casi veinte años, en los EEUU, pero ha acabado afincándose en su territorio y es un claro ejemplo de la posibilidad de que las enfermedades traspasen límites que, anteriormente, parecían infranqueables. Y no podemos olvidar la posibilidad abierta por la globalización de la movilidad tanto de mercancías como de las personas de que aparezcan casos importados (como fue el caso del ébola hace dos años) o nuevos vectores de enfermedad (como los casos ya citados ejemplifican) en nuestro país.

No parece prudente seguir expectantes ante la posible aparición de enfermedades nuevas y, por tanto, no esperadas, en nuestro entorno. Se hace necesario pasar a una actitud proactiva y previsora de un evento que está demostrándose en curso, posiblemente en relación con el auge de los transportes y con el proceso de alteración del clima que parece estar en marcha. Activada nuevamente la vigilancia epidemiológica por los recientes casos de fiebre hemorrágica, deberíamos mantener la guardia un poco más elevada y comenzar a plantear líneas de acción institucionales que contribuyan a incrementar la atención a las posibles emergentes por parte de todos los agentes implicados, con formación e información adecuada y específicamente dirigida a los clínicos asistenciales; no podemos pensar en limitarnos a mantener una base documental de informes de situación y protocolos de actuación que no se operativiza para su adecuado conocimiento por parte de todos. La precocidad en la detección de nuevos casos es vital no sólo en la seguridad de la población, sino sobre todo, y en un primer momento, en la seguridad de los profesionales sanitarios.

Otro tema, diría yo que de la misma transcendencia social, aunque de un ámbito muy diferente, es el que se ha puesto en evidencia con la propuesta, por parte del gobierno español, de un ex-ministro dimisionario por sospecha de manejo irregular de sus intereses privados, y responsable de una de las leyes a las que más se ha cuestionado que realmente se haya promulgado para beneficio de la ciudadanía (la del llamado “impuesto al sol”), para la representación de nuestro país en el Banco Mundial y la dirección ejecutiva de dicho organismo. La ley quizás pueda permitir este tipo de cosas, pero la ética necesaria para una vida social y política digna no puede ser indiferente a la falta de compromiso por el bien común de quien quiere alcanzar tan alta representación y responsabilidades. Ni España ni el resto de naciones nos lo merecemos.

Creo que ha llegado el momento de que en los ámbitos políticos y en los de magna influencia financiera comience a colgarse del cartel de “Absténganse quienes no puedan aportar en su curriculum altas dosis de interés por el bien común”, independientemente del color político de quien se trate. Puede resultar un tanto ingenuo decir esto, pero es de las cosas que, o se comienzan a decir, o no llegarán nunca a producirse.

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia, doctor en Medicina, máster en Bioética y Derecho. Director médico de la Revista Madrileña de Medicina
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