Jubilaciones forzosas y falta de planificación

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Nº 6. Octubre 2013.

Mundo Profesional

JUBILACIONES FORZOSAS Y FALTA DE PLANIFICACIÓN

Miguel Ángel García Pérez*

En este año 2013 hemos vivido, entre otros muchos acontecimientos del mundo sanitario, la jubilación forzosa de un número importante de profesionales médicos madrileños. La aplicación del Plan de Ordenación ad-hoc de Recursos Humanos de la Consejería de Sanidad no sólo mareó a los profesionales afectados por la edad de jubilación “obligatoria” (65 años) del Estatuto Marco que deseaban prorrogar su actividad con la confección de una memoria, sino que permitió la aplicación estricta de dicho Estatuto en la mayoría de los casos. Más de 400 profesionales se vieron expulsados del sistema mediante la no concesión de la prórroga solicitada. Además, la dimensión humana no fue cuidada en absoluto, pues la mayoría se enteraron mediante respuesta meramente administrativa que les colocaba en situación de jubilación inmediata. Ni una palabra de reconocimiento o agradecimiento acompañó a dicha respuesta.

Si bien se aduce, desde la administración sanitaria, que dicha decisión fue tomada con el máximo respecto a la legalidad vigente, la decisión está sometida a revisión judicial, y fue tomada más desde una lógica puramente económica que de gestión de recursos humanos. Decisiones similares fueron suspendidas por diferentes motivos en Cataluña y Andalucía, y más recientemente en Castilla La Mancha, Comunidad Valenciana… Ya veremos qué pasa con la madrileña.

Pero lo que sorprende más es que este tipo de decisiones puedan tomarse mientras se promueve el retraso de la edad de jubilación general, y mientras existe una modalidad de jubilación flexible que no es de aplicación al personal estatutario. ¿Alguien entiende la razón?

Hay quien piensa que la principal razón para que los médicos quieran prolongar su actividad más allá de los 65 años es la pérdida de ingresos que para ellos supone la jubilación. Ciertamente, la pérdida es considerable, y puede rondar el 40% de los emolumentos anuales, algo a todas luces inadecuado. Pero limitar las razones a la meramente económica probablemente no hace justicia a otras razones, de índole más humano y profesional, que subyacen en ese deseo de prolongar la actividad profesional.

Por un lado, es bastante cuestionable que exista una edad a partir de la cual se produzca una incapacidad para el ejercicio de una profesión, como vienen defendiendo las organizaciones de personas mayores. Eso no implica que no deba existir una edad para poder disfrutar de la jubilación, pero sí que pueda aplicarse con flexibilidad, de forma que cada persona pueda decidir, desde su propia situación, si continuar o no, dentro de un margen prudencial y de un procedimiento que pueda permitir, por ejemplo, el abandono progresivo de la actividad, permitiendo la incorporación progresiva de un nuevo profesional.

Y, de hecho, ésta parece ser la práctica habitual de otros países, tal y como refleja el reciente documento de trabajo de la OCDE en torno a la planificación de recursos humanos santiarios, que recomienda expresamente que se tomen en consideración los hábitos de jubilación de los médicos, mucho más complejos que en el resto de profesiones sanitarias, debido a que tienden a prolongar su actividad. Probablemente, hay algo en el ejercicio de la Medicina que facilita esa tendencia a la ampliación del período activo. Y, además, dicha ampliación puede ser muy útil a la hora de planificar los recursos humanos sanitarios: según refiere el documento citado, experiencias en varios países muestran que la prolongación de la vida activa de los profesionales es la medida con mayor impacto a la hora de prevenir futuros déficits. Esto es importante en un momento en que el número de profesionales próximos a la jubilación es muy importante, encontrándose casi la mitad de ellos a menos de 15 años de su edad de jubilación actualmente “obligatoria”.

Pero ¡claro!, hemos dado con el núcleo de la cuestión: el tema de la planificación de recursos humanos, tan poco consolidado en España. Seguimos planificando a impulsos o, lo que es peor, a intereses. De otra forma, es difícil comprender cómo no se asume claramente el cambio de tendencia que supone la crisis económica, que ha repercutido en las expectativas de crecimiento tanto demográfico como de gasto sanitario. Todo ello va a influir, a la baja, en nuestra necesidad de profesionales, y, sin embargo, seguimos manteniendo un numerus clausus próximo a las 7.000 nuevas plazas anuales (que se estimaban necesarias antes del impacto de la crisis) y pensando en la apertura de aún más nuevas facultades de Medicina, mientras que ya se ha comenzado a reducir el número de plazas de formación especializada y las expectativas de vacantes en nuestro sistema sanitario. Debería rectificarse con rapidez, porque, de lo contrario, estaremos formando profesionales que no necesitaremos en el futuro.

Y volviendo al tema por el que comenzamos, esto tendrá también repercusiones en la política de jubilación. La presión que ejercerán los nuevos profesionales en paro y con dificultades para acceder al mercado de trabajo hará que siga pensándose, como alternativa fácil, en mantener la rigidez en la edad de jubilación para generar, a modo de migajas, algunas vacantes. ¿No habrá ninguna forma de conciliar los derechos de los jóvenes profesionales y de aquéllos que, hoy jóvenes, se encuentren más tarde en edad de jubilación?

Sí, la hay, y ya va siendo hora de tomársela en serio: planificar adecuadamente en relación a los recursos humanos. Lo tenemos claro las organizaciones profesionales, pero también los organismos internacionales que entienden del tema. Es una lástima que nos los tomemos tan poco en serio; de hecho, no hay datos españoles en el documento de trabajo de la OCDE que hemos citado. Es una verdadera lástima. ¿Por qué no nos ponemos ya, de una vez, a tomarnos en serio la planificación sanitaria?

*Miguel Ángel García Pérez es médico de familia, doctor en Medicina
y director médico de la Revista Madrileña de Medicina

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