PROFESIÓN. Las repercusiones profesionales de los procedimientos de malpraxis

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En los últimos meses, la página Medscape ha publicado los resultados de una encuesta realizada entre médicos norteamericanos para conocer las repercusiones que sobre ellos están teniendo los juicios por mala praxis. Coincidiendo con resultados previos publicados para el mismo entorno profesional por la Asociación Médica Americana unos años antes, un 59% de los 3,985 médicos encuestados en el último trimestre del año pasado reconocían haber estado implicados en al menos un proceso judicial por malpraxis, en una quinta parte de los casos como único profesional implicado; en el grupo de edad más elevada, a partir de los 60 años, el porcentaje alcanzaba el 80%. En el caso de los varones (que constituían el 71% de la muestra), la proporción de afectados era algo más alta que entre las mujeres. Tan sólo un 30% preveían que podrían ser implicados en un proceso cuando fueron notificados del mismo, mientras que al resto la citación les llegó por sorpresa.

Las especialidades más frecuentemente afectadas fueron Obstetricia y Ginecología, Cirugía General, Traumatología, Radiología y Anestesiología, en todas las cuales más del 50% de los profesionales entrevistados habían estado implicados en alguna ocasión. Las causas más frecuentes eran errores de diagnóstico (sobre neoplasias o emergencias cardiológicas) o tratamiento (errores de medicación) y daños desproporcionados sufridos por los pacientes (muerte fetal o durante cirugía, infecciones nosocomiales, caídas…).

Aunque los procedimientos suelen tener resultados favorables a los médicos afectados (no llegan a culminarse en más del 80% de los casos, alcanzándose un acuerdo previo en torno a un 37%, y sólo tienen resolución mediante sentencia desfavorable en un 3%), y de que la mitad de ellos no hubieran cambiado su actuación por considerarla correcta, más de la mitad de los profesionales decían estar preocupados por la posibilidad de nuevos problemas siempre o casi siempre, lo que supone una elevada repercusión de esta realidad sobre la práctica profesional. Y se sienten poco protegidos por las organizaciones profesionales, percibidas como pasivas en este tema por el 42% de los profesionales. Entre las propuestas para la reducción de procesos contra los profesionales, se sugieren valoraciones previas de las denuncias por comités de expertos antes de llegar a instancia judicial, la limitación del importe de las indemnizaciones o la imposición de costas judiciales a la parte perdedora del juicio, en caso de que llegara a haberlo. Por el contrario, un tercio de los profesionales creen que la iniciativa “Choosing Wisely”, cuyo objetivo es la reducción de intervenciones de eficacia no demostrada, ha incrementado el número de procedimientos judiciales, lo que llevaría, por el contrario, a incrementar la petición de pruebas complementarias. La mayoría de los afectados (81%) piensan que pedir perdón no hubiera ayudado en su caso, y los pocos que lo hicieron piensan que no influyó en el curso de los acontecimientos.

Los profesionales afectados dedicaron, en más de un tercio de los casos, más de cuarenta horas a la preparación del proceso, y recomiendan encarecidamente al resto de profesionales que cuiden esa preparación en caso de verse implicados. A eso habrá que añadir el tiempo dedicado a las declaraciones y vistas del proceso (mas de cuarenta horas para la mitad de los implicados) y las repercusiones físicas y psicológicas de todo ello. Para casi el 70% de los profesionales, el proceso duró entre 1 y 5 años, y para un 12% más de cinco años, tiempo vivido con la preocupación de las consecuencias que una resolución desfavorable pudiera tener sobre las perspectivas profesionales del afectado. Poco más del 50% de los profesionales vivieron de forma vitalmente muy negativa esta situación, y en más de un tercio de los casos supuso un cambio en la relación con los pacientes o incluso el abandono del ejercicio profesional, mientras que un 45% refieren no haber tenido repercusiones emocionales importantes a posteriori.

Por parte de los propios profesionales, la comisión de errores es percibida empáticamente al considerar que ello es posible debido a la limitación del ser humano, siendo percibida en mucho menor grado como una negligencia/incompetencia profesional. En general, menos del 25% de los médicos denunciarían a un compañero por la comisión de un error profesional que hubiera perjudicado su salud.

Aunque la medicina norteamericana se desarrolla en un ambiente muy diferente al que nosotros estamos acostumbrados, en un entorno con una mentalidad muy litigante, el informe refleja no sólo la dimensión del problema, sino también su honda repercusión en los profesionales afectados. Teniendo en cuenta que “errar es humano”, y que en la mayoría de los casos no se puede detectar ni incompetencia ni negligencia consciente, se hace necesario desarrollar un manejo humano de este tipo de situaciones, tanto de cara a los pacientes como a los profesionales implicados, dado que la inmensa mayoría de ellos seguirán pudiendo ejercer su profesión y cuidando a nuevos pacientes. Nos interesa a todos, como sociedad, desarrollar una mentalidad proactiva y constructiva en este sentido, consciente de la limitación y vulnerabilidad de la existencia humana, y de la capacidad de mejora de toda actividad, tanto profesional como de otro tipo. Sean bienvenidas, por tanto, las políticas de reducción de riesgos, con las que todos debemos colaborar, pero también habrá que promover una conciencia social menos inclinada a ver culpas ajenas en cualquier contratiempo que pueda surgir.

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