CON FIRMA. “¿Qué nos espera?”, por Joaquín Pérez Argüelles

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Hoy, transcurridos más de cincuenta días desde las elecciones del 20-D, la situación política de nuestro país sigue siendo un puzzle de muy difícil solución, aunque también es posible que la solución esté ya pactada. Todo el mundo -prensa radio, tv…- siguen o seguimos haciendo cábalas desde el punto de vista de la aritmética, y las cuentas no salen, aunque es posible que esas cuentas ya les cuadren a algún grupo político. Pero desde la óptica que nos vienen refiriendo los líderes, verdaderamente no hay cuadratura posible:

  • Uno no deja de repetir que jamás apoyara a quien se ha quedado con noventa diputados
  • Otro insiste en que jamás apoyará al candidato “ganador” del proceso con ciento veintitrés diputados, pues en cuatro años sólo ha gobernado por decreto, jamás se ha dignado dialogar con las demás fuerzas políticas y, para colmo, su partido arrastra tantos casos de corrupción que debe pasar, al menos, cuatro años en la oposición
  • Un emergente aparece, tras su reunión con el monarca, con la solución mágica de proponer un gobierno de progreso y cambio para el que exige su vicepresidencia y cinco ministerios no de segunda categoría. Y generosamente ofrece la presidencia al candidato que ha obtenido noventa diputados, advirtiendo que “debería agradecer la sonrisa del destino”.
  • El cuarto, también emergente, manifiesta su intención de trabajar en lo que se ha dado en llamar “gran coalición”. Es de agradecer su ofrecimiento, pero a la vista de lo que vienen manifestando los otros dos, no deja de ser una oferte inocente.Tras dos rondas en Zarzuela, en la que en la primera el candidato “ganador insuficiente” declino optar a la investidura, nos encontramos que el Jefe del Estado, en la segunda, propone para la investidura al candidato que tiene noventa diputados y que se compromete a intentarlo negociando con Podemos, C´s, Unidad Popular y PNV, dejando al margen a PP, ERC y DyL.

La respuesta de uno de ellos es que, si negocia con otro, el no participará en la negociación, quiere la exclusiva, aunque la aritmética de esos dos grupos no da para forma gobierno; pero responde que él se encargara de que los grupos que van adelante con la “desconexión” puedan bien votar a favor, bien abstenerse, con lo que se podría garantizar SOLO la investidura del candidato, que sería una figura de paja en el gobierno que se formaría y que han dado en llamar “gobierno de progreso y cambio”, que es lo que los españoles han pedido.

Yo también voté por un cambio, como han votado la mayoría de los españoles. Pero la interpretación que muchos hacemos de ese “cambio” es totalmente diferente a la que hacen los partidos radicales, pues el cambio propuesto debería basarse en el diálogo de los grupos políticos, diálogo que se había perdido en los últimos cuatro años, y tratar así de dar salida a los problemas que tiene la sociedad española; es decir, pensar más en el pueblo y menos en los intereses personales o de partido. Desgraciadamente, nuestros representantes piensan más en sus egos y en los interese partidistas que en lo que precisan los españoles.

Hoy, ante las propuestas que ofrecen, hay que descartar una, la de una coalición PSOE, Ciudadanos, Podemos y Unidad Popular, ya que el tercero de los citados se opone a ella. Así pues, quedan dos opciones, o elecciones anticipadas o un gobierno de coalición de PSOE, Podemos, Unidad Popular y PNV, con la abstención de ERC y Democracia y Libertad. Da la sensación de que el proceso que se está desarrollando de consultas pudiera ser una maniobra de distracción y de que las verdaderas negociaciones, esas que nos dijeron que se iban a realizar con luz y taquígrafos, con retransmisión en directo por radio y TV, pudieran estar desarrollándose en el mayor de los secretos, pues como decía Miguel Angel Aguilar, las negociaciones necesitan “zonas de penumbra”, aunque en este caso la zona de penumbra pudiera ser de total oscuridad. Esto que digo no deja de ser una suposición, pero si transcurridos unos días nos dicen que hay obstáculos insalvables en la mesa con Ciudadanos, puede ser que llegue a ser una certeza. Si esto sucediera ya podemos decir que la investidura está asegurada, pero lo grave viene a continuación: ¿el gobierno que se forme será el propuesto por Podemos?

Y en todas estas incertidumbres, ¿qué pasa con la Sanidad? Ya son muchas las voces que se han alzado a favor del diálogo y del pacto en este ambito, dada su centralidad en la vida de nuestro país. Ya veremos si todo eso finalmente es posible, sea cual sea el gobierno que salga adelante.

Nos esperan unos meses difíciles, para que al poco tiempo nos veamos abocados a un nuevo proceso electoral que permita constituir un gobierno acorde con las necesidades de los españoles y de cara a Europa. Y que se tome nuestra sanidad en serio.

Dr. Joaquín Pérez Argüelles

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