CON FIRMA. “Provisión de plazas para médicos y titulados superiores de los hospitales del SERMAS”, por Ángela Hernández

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Los lunes nos reunimos para planificar la semana y tomar decisiones en el Comité Ejecutivo de AMYTS. El pasado lunes 13 de enero se produjo de nuevo un encendido debate sobre un tema tan fascinante como controvertido, la selección y clasificación de puestos de los médicos y titulados superiores (TS) que ejercen en el ámbito hospitalario del SERMAS.

Según datos del portal estadístico de personal del propio SERMAS, de finales de noviembre de 2019 (esperamos que la política del gobierno de la Comunidad siga siendo apostar por facilitar esos datos de una forma periódica y frecuente), hablamos de 11.038 profesionales (habría que añadir a los estatutarios del Hospital Central de la Defensa, que no se encuentran en esa tabla), de los que 10.028 tienen una vinculación estatutaria, 981 laboral y 29 funcionarios. Con un 45% de temporalidad, los facultativos del ámbito hospitalario del SERMAS sufren un porcentaje de temporalidad que sigue siendo sencillamente obsceno (porque si, los interinos también son temporales).

Ni la temporalidad ni el sistema de provisión de los médicos en hospitalaria son un debate reciente; desde AMYTS llevamos tratando de visibilizarlo y exigiendo una solución desde hace bastante más de un lustro.

En concreto, el tema surgió a raíz de si los médicos que ejercen en cuidados paliativos tendrían que ser considerados como categoría profesional o no. Y por supuesto, en el debate posterior y exposición de los pros y contras surgió todo lo demás: si una bolsa de empleo temporal asegura que se elige al mejor para el puesto; cómo y quién decide las competencias que hacen a alguien mejor para el puesto; si el porcentaje de entrevista al final solo sirve para dar un barniz de legalidad al antiguo método “de la dedocracia”; si el motivo de que no haya traslados o movilidad dentro de la Comunidad es de resistencia profesional o de incapacidad ante el peligro de desmontar los servicios tras tanto tiempo sin que existan; por qué las OPE de facultativos son procesos tan largos y escasos; a quién corresponde decidir sobre estas cuestiones además de a los profesionales -es decir si su representación en este tema es fundamentalmente profesional (colegios y sociedades científicas) o laboral (sindicatos)-; que sin las plantillas definidas por tipos de hospital no se puede empezar a definir nada; si coexiste la realidad de que hay categorías sin especialidad (urgencias hospitalarias y extrahospitalarias), próximas especialidades sin categoría (genética), y puestos sin especialidad ni categoría (cuidados paliativos); si habría que delimitar puestos perfilados y, en caso afirmativo, cuántos y en qué tipos de hospitales; o si lo mejor sería cambiar por completo el modelo actual por otro, lo que abre otro debate.

Me señalaban después que, en el momento actual, tras el empeño puesto en convencer a la DG de RRHHs del SERMAS para que regule el acceso, hemos llegado a una curiosa situación en la que es posible que “tan solo” hayamos logrado una cosa, el desplazamiento del mayor porcentaje de temporalidad desde el cajón de la eventualidad al de la interinidad. No es un logro menor: no hace tanto, muchos (sobre todo, los que tenían esos contratos) recordarán que durante los años de crisis la DG de RRHH cerró el grifo de las interinidades, avocando al mal uso de los contratos eventuales, llegando a renovaciones cada dos meses en algunos períodos. Al no haber logrado que la Consejería entienda las bondades de un sistema de bolsas como el que existe en otras comunidades para la provisión de los puestos temporales, y haberse quedado en unas convocatorias singulares en las que la Administración impuso un 30% de entrevista, parece que se están produciendo dos fenómenos: por un lado, la frustración de los “de fuera”, que logran enterarse de las convocatorias por vías indirectas (a través de nuestros delegados en AMYTS intentamos publicar todas aquellas de las que tenemos noticia), pues RRHH de Sagasta sigue empecinada en que es suficiente con hacerlos públicos en un tablón o en la intranet del centro, cuando lo mínimo sería su publicación puntual en la página del SERMAS, y se presentan y acaban con la sensación de que el puesto ya estaba dado; y por otro, el temor de los “de dentro”, para los que estaba “destinada” la interinidad, de que con esta publicidad pueda ponerse en peligro su obtención. Viéndolo así, a lo mejor sí que hay motivos para que haya un 100% de descontentos. ¿Qué es esto de “los de fuera” y los “de dentro”? ¿De verdad estamos contratando al mejor?

¿Y quién es el responsable de este descontento, frustración y temor? Pues lo somos todos, cada uno en mayor o menor grado:

  • El Ministerio de Sanidad, probablemente por la complejidad del tema y las transferencias no ha auspiciado el desarrollo de la Ley de Ordenación de Profesiones Sanitarias (LOPS), y asiste de Consejo Interterritorial a Consejo Interterritorial a la diferenciación progresiva de los diferentes sistemas de salud autonómicos que conforman el Sistema Nacional de Salud. Nos alejamos del concepto de equidad, no solo salarial, sino también de provisión de puestos.
  • Las Sociedades Científicas no han querido o no han sabido presionar para el desarrollo de las Áreas de Capacitación Específica (ACE) y Diplomas de Acreditación (DA) y Acreditación Avanzada (DAA) recogidas en la LOPS, que habrían ayudado a clarificar mucho todo este tremendo desbarajuste.
  • La Administración autonómica no termina de definir las plantillas hospitalarias en función del tipo de hospital y especificando necesidades de cobertura de esas plazas específicas.
  • Las jefaturas de servicio se han movido a gusto en un medio que les permitía, y permite de facto, elegir a quién contratan.
  • Los profesionales, puesto que hoy por hoy doy por hecho que todos están en posesión de su título de especialista y, por tanto, en capacidad de desempeñar las funciones requeridas para un puesto de carácter temporal. Depende de dónde ejerzan su actividad y de sus relaciones con las jefaturas, se dividen entre los afines, con la suerte de estar en el lugar y el momento adecuado, que logran esos puestos y están contentos, y los no afines, sin suerte para haber estado en el lugar y momento inadecuados, que demandan un sistema de provisión que se ajuste a la normativa pública.

Desde AMYTS llevamos años denunciando las situaciones de indefensión que todo esto provoca: desde las contrataciones a las decisiones a menudo arbitrarias por cambios de equilibrios de poder en los servicios que truncan carreras profesionales brillantes por motivos muy alejados del mérito y la capacidad. Mientras tanto debatimos, reiteramos la necesidad de un trabajo serio al respecto a nivel de la Consejería de Sanidad, y nos vemos obligados a reconocer que, efectivamente, es posible que la situación actual no satisfaga a casi nadie.

¿Hasta cuándo? Veremos, pues la situación de escasez de médicos y TS dispuestos a seguir tolerando estas condiciones parece estar llegando a límites insostenibles, y nos llegan soluciones “imaginativas” que tan solo van a acelerar la fuga de profesionales, como las dos últimas ocurrencias de esta misma semana: regular apoyos en urgencias por especialidades que no realizan esa atención de forma habitual, y hasta plantear a los residentes sustituir situaciones de carencia de personal debido a diversos motivos.

¿Qué nos queda por oír? Miedo da pensarlo.

Ángela Hernández Puente
Cirujana General y del Aparato Digestivo, Hospital Universitario del Sureste.Vicesecretaria General de AMYTS

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