CON FIRMA. “Profesionalismo y defensa del ejercicio profesional”, por Ana Escalada

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20191025 AMYTS Ana Escalada_image (copia)

Siendo estudiante, la empatía, la compasión y la curiosidad son los valores que generalmente nos mueven para optar por los estudios de Medicina, sentimientos que se suman en cada caso al largo y duro camino individual que empieza con esta decisión. Todos los médicos tenemos amigos de la carrera que quedaron por el camino, gente para la que estas motivaciones no fueron lo suficientemente determinantes como para superar el día a día de esfuerzo de, en el mejor de los casos, 6 años. Aquellos en los que se despertó primero esta compasión por los demás, aún sabiendo de la dificultad del camino, y que fueron capaces después de superarse a sí mismos durante sus estudios superiores, son los médicos que tenemos hoy en día trabajando por la salud global de nuestro país, y de otros muchos países del mundo.

Hace pocos días nos despertamos con una noticia sobre el síndrome de “burnout” en los profesionales españoles, una psicopatología de desengaño profesional fruto del desgaste que supone el trabajo desempeñado, es decir, un trastorno adaptativo que ya se describe en Psiquiatría como muchos otros que estamos más acostumbrados a manejar, y que ha sido incluido en mayo de 2019 en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) de la OMS y entrará en vigor el 1 de Enero de 2022 en el CIE-11.

Lo que más llamó mi atención es que una de las profesiones con más individuos afectados por este síndrome es la Medicina. Un 47% de los profesionales de Atención Primaria asegura haberse planteado en algún momento dejar la profesión, según un estudio desarrollado por la FIIBAP (Fundación para la Investigación e Innovación Biomédica de Atención Primaria). Muchos compañeros terminan dando este paso hacia puestos de gestión, laboratorios farmacéuticos o áreas de trabajo de Medicina Privada, lo que supone una pérdida de capital humano y médico de nuestro sistema de salud público.

Es sabido que todas las profesiones con desempeño en atención al público y centradas en el cuidado tienen un índice mayor de personas afectadas. Un informe de Harvard declaró este síndrome entre los médicos estadounidenses como una crisis de salud pública y una llamada a la acción. Éste es un caso claro en el que la persona se enfrenta a una enorme discrepancia entre las expectativas como médico (las de empatía y solidaridad) y la realidad del desempeño de nuestra profesión, donde a lo largo de los años nos vemos enfrentados a una carga excesiva de tareas, de responsabilidades, falta de trabajo en equipo, imposibilidad de autogestión del tiempo, de conciliación familiar y, en los últimos años, un especial aumento de la violencia sanitaria. Todo ello agravado aún más por la impotencia que genera la imposibilidad para mejorar esta situación, pues a pesar de ser conscientes de dónde están las mayores trabas de nuestro desempeño diario y cómo podrían implementarse mejoras, no nos sentimos escuchados, ni integrados en sistemas palanca que ayuden a revertir los problemas. Los médicos que trabajamos en el sistema de salud público de gestión privada sufrimos, además, el agravio comparativo de una actividad diaria igual que en los hospitales de gestión pública… pero con sueldos congelados desde hace años, con menores descansos remunerados y sin derechos fundamentales como la Carrera Profesional o la remuneración de trienios trabajados.

Todo esto desemboca en una situación de agotamiento por estrés crónico, con trastornos y ansiedad excesiva, y hasta depresión. Con este cansancio extremo, el médico rinde menos, tiene mayor absentismo, es menos eficiente con los recursos, genera peor ambiente de trabajo e insatisfacción entre los pacientes que visita… Es decir, lo sufren los médicos, los pacientes y la sociedad en su conjunto, pues la inmensa mayoría de bajas médicas no se ven cubiertas por otro profesional, y esto, frente al déficit de médicos de base, genera una sobrecarga asistencial y una asistencia de peor calidad.

Atajar este agotamiento, para evitar el colapso emocional y físico, requiere un enfoque en el que se racionalicen las condiciones y horarios laborales, se entienda la Medicina como una labor de asistencia pública, se fomente el bienestar en el lugar de trabajo, se implique a los departamentos de Recursos Humanos a fomentar entornos laborales positivos y se cuente con los profesionales sanitarios de todos los ámbitos para afrontar los nuevos retos de nuestra labor asistencial. Como abordaje personal, conviene que el trabajador reconozca las señales de alerta de este agotamiento, intente revertir las situaciones buscando apoyo, y encuentre los canales de resiliencia para la salud física y emocional. Es decir, lo que tanto conocemos en todas las áreas de desempeño de actividad médica como “el cuidado del cuidador”.

En un entorno de exponencial especialización técnica en el mundo, y en especial en al área médica, los profesionales de la Medicina no hemos sabido defender unos derechos adquiridos durante años, y nuestro trabajo ha sufrido una precarización progresiva en sus condiciones. Ello nos ha llevado a una mayor concienciación como grupo profesional y a una progresiva implicación en la defensa de nuestras condiciones laborales que nos permita realizar nuestra labor de servicio a los semejantes en un estado real de salud física y emocional. Os invitamos a todos a que os suméis a este despertar.

Ana Escalada Ferrándiz
Especialista en Oftalmología, Hospital Universitario Rey Juan Carlos

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