Profesionales afectados por COVID: graves limitaciones en el artículo que lo atribuye a transmisión comunitaria

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Hace unos días tuvimos noticia de la publicación, en una plataforma abierta sin revisión de pares (medRXiv), del estudio realizado en el Servicio de Prevención de Riesgos Laborales del Hospital Doce de Octubre (SARS-CoV-2 infection in Health Care Workers in a large public hospital in Madrid, Spain, during March 2020), un estudio con importantes limitaciones a las que luego nos referiremos. A pesar de ello, es utilizado en el informe del Ministerio de Sanidad del pasado 17 de Abril, titulado “INFORMACIÓN CIENTÍFICA-TÉCNICA, Enfermedad por coronavirus, COVID-19”, para sugerir que la elevada tasa de contagio de los profesionales sanitarios en nuestro país puede ser debida a la propia transmisión comunitaria de la infección, y no a riesgos específicos del entorno laboral sanitario.

Queríamos destacar, en primer lugar, que:

  1. Según indica el propio informe, la falta de medios de protección es responsable de esa elevada tasa de infección: “Según las conclusiones de la misión de la OMS en China, una vez se tomaron medidas de protección individual adecuadas, la transmisión a sanitarios descendió drásticamente”, En el inicio de la epidemia, se publicó una alta transmisión intrahospitalaria a trabajadores sanitarios de los hospitales de Wuhan (29%), que luego fue descendiendo (3,5% en la serie de Guan) en la medida en que se les dotó de la necesaria protección.
  2. El alto contagio entre el personal sanitario podría atribuirse a diferentes factores: efectivamente existe un alto contagio de los profesionales sanitarios no sólo debido a la falta de EPIs adecuadas por defectuosas (mascarillas recientemente desechadas) o no adaptadas a la alta carga viral (uso de mascarilla autofiltrante en la exploración de pacientes sospechosos) sino también por no diagnóstico preciso de aquella población asintomática o paucisintomática con PCR o test adecuados y que son claramente vectores de contagio (página 7 del citado informe : la carga viral detectada en un caso asintomático fue similar a la de otros casos sintomáticos).

Resumen esquemático del estudio del Servicio de PRL Doce de Octubre (referencia en el texto)- Elaboración propia.

Con más detalle, querríamos ahora referirnos al estudio que citábamos al inicio de este artículo (SARS-CoV-2 infection in Health Care Workers in a large public hospital in Madrid, Spain, during March 2020), que merece un análisis específico. En dicho estudio se afirma “no haber encontrado diferencias significativas en las tasas de infección de los profesionales sanitarios y otros trabajadores del hospital que puedan ser relacionadas con el hecho de trabajar en áreas de alto riesgo de exposición”, sugiriendo por ello que la infección en personal sanitario seguiría la misma dinámica que explicaría la transmisión comunitaria en la población general [aproximada a partir de las consultas en la Urgencia hospitalaria], lo que supondría un claro argumento contra la existencia de un factor de riesgo ocupacional específico. Sin embargo, el estudio, en la versión publicada que conocemos (sin revisión por pares y, por tanto, “sin poder utilizarse para guiar la práctica clínica ni los comportamientos relacionados con la salud, ni poder publicarse referencias al mismo como información establecida”, como indica la propia plataforma en la que aparece), tiene importantes limitaciones a nuestro juicio:

  1. El estudio no analiza una muestra aleatoria del conjunto de los trabajadores del hospital, sino la que proviene de aquéllos trabajadores con sintomatología respiratoria o documentados como contactos con pacientes COVID. No es, por tanto, representativa de la población teórica de referencia, los trabajadores del hospital, y mucho menos aún, como se sugiere en las conclusiones del estudio, de la población general.
  2. La estratificación que realiza entre áreas de alto, medio y bajo riesgo de exposición tiene un valor muy limitado, pues parte de inicio de una selección previa de los participantes que origina una muestra ya homogeneizada dentro de los tres ámbitos, el hecho de tener síntomas respiratorios o o haber tenido contacto con pacientes COVID (aspecto este último que es contradictorio con la definición del entorno de bajo riesgo), por lo que no representa realmente a los tres ámbitos que pretende diferenciar
  3. Tampoco la variable principal elegida, tasa de resultados positivos de la prueba PCR en personal con síntomas o contacto de riesgo documentado, responde a la pregunta que se plantea en estudio, el riesgo de contagio en los distintos ámbitos del hospital. Hubiera sido más apropiado para ello comparar tasas de sintomáticos en esos mismos ámbitos
  4. No explica cuál es la causa de que casi un tercio de los trabajadores estudiados no es clasificado dentro de los grupos de riesgo, ni facilita los resultados de los mismos, aunque se intuye que son significativamente diferentes de los de los trabajadores sí clasificados, pues hacen reducir la media de la tasa de contagiados que se puede deducir de estos últimos (41,79%, frente al 38% de resultados positivos que se mencionan en los resultados globales)
  5. Utiliza la comparación de la evolución de los casos positivos detectados en profesionales con la de la población que consulta en la Urgencia del hospital como indicador de la evolución de la infección en la comunidad, pero no hay que olvidar que a la vez es un buen indicador de la evolución de la exposición a la infección dentro del hospital.

Con todo ello, entendemos que las conclusiones que extraen los autores a partir de los datos no están fundamentadas en una correcta interpretación de los mismos y son, cuando menos, aventuradas. Pero lo más llamativo es que este artículo pueda ser utilizado como evidencia en un informe de la importancia del documento ministerial Información científico-técnica, enfermedad por coronavirus, COVID-19, que pretende recoger la referencia de conocimiento en torno a la infección por COVID a partir de la cual elaborar los protocolos de actuación. Desde luego, no tiene ningún fundamento concluir en su página 10, a partir del estudio citado, que “Estos resultados apoyan el que también entre los trabajadores sanitarios, el peso de la transmisión intrafamiliar y comunitaria, además de la intrahospitalaria, pudiera ser importante”, afirmación que no deja de ser una perogrullada (por el subjuntivo utilizado) fundamentada en un estudio sin validez para apoyarla. En un sentido parecido se expresaba ayer CESM-Comunidad Valenciana.

El estudio, a nuestro juicio, tan sólo muestra que la infección por COVID se demuestra en torno al 40% de los sanitarios con sospecha, que la prevalencia de infección entre el personal sanitario es alta (en torno al 11% del personal de un gran centro sanitario, o probablemente un porcentaje muy superior, ya que el marco temporal del estudio sólo permite recoger a los expuestos a la infección con anterioridad a la última semana de marzo, y como de hecho han demostrado los datos facilitados recientemente por la Consejería), y que la evolución de la misma parece estar relacionada con la exposición de ese centro sanitario a la infección en la población que atiende.

De todo ello concluimos que los centros sanitarios españoles son claras localizaciones de alto de riego de contagio del virus SARS-coV-2 (tanto por contacto directo con pacientes infectados como por la exposición a fómites contaminadas), por lo que es imperativo dotar a nuestros profesionales de EPIs , así como test de diagnóstico de infección e inmunidad, y proceder a la adecuada limpieza de todos los centros, para evitar la masiva transmisión de virus que vivimos en esta pandemia.

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