PROFESIÓN. Modernizar el baremo de formación continuada

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Hay asuntos por los que parece que no pasa el tiempo… O sobre los que sí pasa el tiempo, pero sin ocurrir nada, o casi nada. Y uno de esos asuntos es el de la formación continuada. A pesar de que se necesitan avances, seguimos estancados en las prácticas de finales del siglo XX como tarde. Un aspecto en el que esto es muy elocuente es el de la baremación de la formación continuada en los procesos selectivos, en el que me voy a centrar. Y no tanto desde la idoneidad de su estructura y peso dentro del proceso (que dependerá las características concretas del mismo y requiere su propio diálogo), sino de la forma de aplicación.

Veamos como referencia el baremo de formación continuada de la pasada OPE madrileña de especialidades hospitalarias. En ella, los puntos de formación continuada podían alcanzar un máximo de 15 puntos sobre el total de 100 del proceso. La asignación de puntos a los cursos, en función de su duración / acreditación, era la siguiente:

  • Menos de 1 crédito: 0,04 puntos.
  • De 1 a 2 créditos: 0,12 puntos.
  • De 2,1 a 6 créditos: 0,24 puntos.
  • De 6,1 a 10 créditos: 0,36 puntos.
  • De 10,1 a 40 créditos: 0,6 puntos.
  • Más de 40 créditos: 0,8 puntos.

Este formato facilita la puntuación a otorgar a cada curso en los procesos manuales de baremación que se realizan habitualmente, en los que el Comité de Baremación, formado por profesionales del mismo nivel académico, debe revisar los certificados entregados por los opositores, confirmar su validez y localizar su duración o acreditación para poder otorgar, sin tener que realizar operaciones matemáticas continuas, la puntuación correspondiente. Sin embargo, genera una situación poco equitativa, pues un incremento de tan sólo 0,1 crédito (por ejemplo, de 6 a 6,1 créditos), supone un incremento importante en la valoración del curso, mientras que un descenso diez veces mayor, de 6 a 5 créditos, no supone ninguna variación. Gráficamente:

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Se aprecia un claro formato en escalera, con una valoración proporcional progresivamente menor según se incrementa el número de horas/créditos, hecho que parece fundamentarse en la evidencia existente sobre eficacia de la formación, mayor cuanto más concreta y dirigida a un tema específico. De ahí que se haya retirado, en buena parte de los procesos selectivos, el límite inferior de duración de los cursos para ser recogidos en el baremo.

Hoy, en la era de la informática, es anacrónico mantener este proceso de baremación. Por un lado, por la injusticia del mismo y, por otro, por el tiempo necesaria para realizarlo, que se convierte en una de las cargas más importantes de los procesos selectivos y constituye, de esta manera, la mayor dificultad para mantener procesos selectivos con una periodicidad suficiente, sobre todo en los entornos con gran número de profesionales.

La solución, sin embargo, no parece muy complicada. El mismo programa utilizado para generir el gráfico anterior, Excel, ofrece la posibilidad de dibujar una “línea de tendencia” a la que, además, asigna su correspondiente función generatriz. En este caso concreto hemos de seleccionar la opción de que dicha función sea exponencial (ya que si el exponente es menor que 1, tenderá a otorgar crecimientos progresivamente menores, adaptándose a nuestro baremo). En concreto, la función que nos ofrece es la siguiente:

f(x) = 0,1283x0,4742

Y es una función que ofrece una buenísima aproximación a la asignación actual de puntos, ya que el índice R2 es de 0,8764. Por si asusta el elevado número de decimales (que para un programa informático no sería ningún problema), se aproxima mucho a dicha curva la siguiente:

f(x) = x0,5/8,8

Gráficamente, se puede apreciar el ajuste de dichas curvas (la primera en azul y la segunda en naranja) a la baremación original:

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Las curvas ofrecen, indudablemente, una baremación más continua y progresiva de los méritos de formación continuada, sin perder la posibilidad de atenuar el crecimiento de la valoración de los cursos de mayor duración o carga crediticia. No parece, pues, muy complicado modernizar la asignación de puntos mediante la definición de una función matemática, en lugar de intervalos de puntuación fija. En la era de la informática, como decíamos, no lo parece.

Pero es que esto tendría, además, dos ventajas encadenadas. La primera, que permitiría que el Comité de Baremación se limitara a valorar los certificados de los cursos para comprobar que se adecúan a la convocatoria, y el personal administrativo de apoyo podría encargarse del registro de los diplomas, con su correspondiente acreditación/duración, y el propio registro otorgaría, mediante la aplicación de la fórmula elegida, la puntuación correspondiente. Esto supondría una importante reducción del tiempo necesario para los procesos de baremación, y, consiguientemente, la posibilidad de agilizar su realización y acortar su periodicidad.

Pero es que además la Administración está obligada a retener la información que solicita a los ciudadanos, y, por tanto, a almacenarla adecuadamente, asegurando, eso sí, los derechos reconocidos por la ley. Esta introducción de datos en registros informáticos permitiría a la Administración cumplir con su obligación legal, de forma que los sucesivos procesos selectivos a los que tuviera que enfrentarse el mismo profesional no precisaran ni de tanta entrega de documentación ni de tanto tiempo dedicado a tareas de baremación.

Todavía algunas medidas incrementarían aún más la eficiencia y validez del proceso. Medidas como la definición de un estándar para la impresión de códigos de barras en los certificados de los cursos que se desarrollen en el futuro que recogieran toda la información necesaria (nombre del curso, programa docente, duración/acreditación, institución que lo facilita…), y que incluso ofrecieran la dirección del enlace que permitiera asegurar la validez de dicho certificado. Medidas que tenemos a nuestro alcance, pero que aún no se están desarrollando.

En fin, queda mucho por hacer. Pero al menos queda claro que hay mejoras que podemos, y debemos, introducir de inmediato. No hay excusa válida para no hacerlo.

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia, Doctor en Medicina. Responsable AMYTS de Formación y Desarrollo Profesional
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