PROFESIÓN. Hablando sobre desarrollo profesional

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Recientemente ha aparecido publicada una revisión de la situación de los modelos de desarrollo profesional existentes en Europa. Su elaboración ha estado a cargo de un consorcio de organizaciones profesionales europeas de médicos, farmacéuticos, enfermeras y matronas y una organización europea de salud pública, liderado todo él por el Comité Permanente de Médicos de Europa (CPME). El proyecto ha sido financiado por la Comisión Europea a través del Programa Sanitario de la Unión, y su objetivo ha sido el de elaborar un mapa de los modelos europeos de desarrollo profesional de las diferentes profesiones sanitarias y estimular el debate y el intercambio de ideas en torno al mismo. Parece un buen momento para traer el tema a las páginas de la Revista Madrileña de Medicina.

El documento comienza definiendo el desarrollo profesional continuo (DPC) como “el mantenimiento sistemático, mejora y adquisición/refuerzo continuos del conocimiento, habilidades y competencias de los profesionales sanitarios a lo largo de la vida”, considerando además que se trata de una obligación ética de los profesionales para asegurar una práctica actualizada que pueda mejorar los resultados en salud y la calidad de la atención prestada. Ofrece también un glosario en el que se definen otros conceptos relacionados con el DPC, como el aprendizaje permanente o la formación continuada. Sutilmente, sin embargo, parece que en el desarrollo del documento se consideran como actividades de DPC casi en exclusivo a las actividades de formación continuada, dejando un poco de lado otras actividades menos regladas pero muy importantes en la actividad profesional, y reconocidas en diferentes sistemas de DPC, como la evaluación por pares o la práctica reflexiva.

Se distingue la presencia en Europa de dos tipos de DPC:

  • obligatorio, establecido por ley o por norma impuesta por las organizaciones reguladoras profesionales, aunque en muchos casos sin que su incumplimiento tenga ningún tipo de repercusión entre los profesionales
  • voluntario, no exigido por la regulación legal o profesional del país, pero que puede ser estimulado mediante diferentes sistemas de incentivación.

Las entidades proveedoras de actividades de DPC suelen ser, con mayor frecuencia, las organizaciones profesionales y las sociedades científicas, con una importante participación del sector privado en el caso de los médicos y farmaceúticos. Las principales barreras que se alegan para el acceso a la formación son la falta de tiempo y el coste de las actividades, que en la mayor parte de los casos recae sobre los propios profesionales; también se aducen dificultades de accesibilidad geográfica y falta de incentivación. En lo relativo al coste, algunos países apoyan a sus profesionales mediante, por ejemplo, beneficios fiscales o incrementos retributivos relacionados con las actividades de DPC realizadas.

La acreditación de las actividades (más frecuente que la de proveedores) corre a cargo sobre todo de las organizaciones profesionales y reguladoras, basándose sobre todo en la duración, la fundamentación en guías de actuación establecidas y la consecución de objetivos docentes. La validez internacional de la acreditación es muy limitada a casos concretos, aunque hay experiencias en marcha en este sentido, como el sistema EAACME de la Unión Europea de Médicos Especialistas (UEMS) o, en ámbitos externos al sanitario, como el educativo, el sistema de transferencia de créditos universitarios ECTS.

Aunque se entiende que las actividades de DPC deben incidir en una mejora de la calidad y de los resultados sanitarios, y hacer más hincapié en la seguridad del paciente, no existe suficiente soporte en la evidencia científica disponible que demuestre su eficacia en estos aspectos.

Estudio financiado por la Unión Europea

El documento concluye con las siguientes recomendaciones:

  • facilitar y apoyar el acceso de los profesionales a las actividades de DPC, teniéndolas en cuenta dentro del horario laboral y en la planificación de los recursos humanos necesarios, así como ayudando a soportar el coste de las mismas a los profesionales.
  • asegurar que las actividades tienen un contenido relevante para la práctica profesional real, flexibilizando su diseño para una mejor adecuación a los intereses de los profesionales, y valorando la especial accesibilidad de la formación on-line.
  • implicar a los profesionales en el desarrollo de sistemas de DP, incluyendo el proceso de acreditación, que debería pivotar sobre la consecución de objetivos de aprendizaje.
  • fortalecer los mecanismos para la validez inter-europea de las actividades de DPC.

Regulación del DP

A nivel europeo, la Directiva de reconocimiento de cualificaciones profesionales obliga a los países miembros a promover el DPC de sus profesionales y a comunicar a la Comisión las medidas tomadas en esta dirección.

En España, la regulación del desarrollo profesional (DP) se realizó en la triada legislativa formada por la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias, la Ley de Cohesión y Calidad y la Ley del Estatuto Marco del Personal Estatutario al Servicio de las Instituciones Sanitarias, en las que se configura un “sistema de DP”, de acceso voluntario, formado por los siguientes componentes:

  1. la formación continuada, entendida “como el proceso de enseñanza y aprendizaje activo y permanente al que tienen derecho y obligación los profesionales sanitarios, que se inicia al finalizar los estudios de pregrado o de especialización y que está destinado a actualizar y mejorar los conocimientos, habilidades y actitudes de los profesionales sanitarios ante la evolución científica y tecnológica y las demandas y necesidades, tanto sociales como del propio sistema sanitario”.
  2. la carrera profesional, como “reconocimiento público, expreso y de forma individualizada“del DP en cuanto a conocimientos, experiencia asistencial, investigación y cumplimiento de objetivos asistenciales, recogiendo el derecho de los profesionales a progresar individualmente
  3. la evaluación de la competencia, entendiendo ésta como la aptitud del profesional sanitario para integrar y aplicar conocimientos, habilidades y actitudes asociados a la buena práctica clínica en respuesta a los problemas específicos que se le planteen.

A todo ello hay que añadir que la propia norma establece que se deben desarrollar los criterios comunes de desarrollo profesional en todo el territorio español para facilitar el reconocimiento mutuo de los mismos.

La visión del DP ha de ser, necesariamente, más rica que la ofrecida por la norma citada. En primer lugar, porque la promoción del DP es un objetivo compartido tanto por profesionales como por la institución sanitaria y el conjunto de la sociedad, y, por tanto, una realidad en la que todos deben estar firmemente comprometidos. No se puede abusar del compromiso ético de los profesionales sin ofertarles el consiguiente apoyo y estímulo, y en esa línea debe observarse un claro compromiso de la institución sanitaria en la promoción y facilitación del DP de sus profesionales.

Por otro lado, la mejora de las capacidades del médico no se limitan sólo a las meramente cognitivas o de adquisición de nuevas habilidades o consolidación de las ya existentes, y existen una serie de actividades de mejora de la competencia que pueden partir de un análisis crítico de las propias capacidades y de la propia actividad asistencial. Actividades ligadas a la actividad profesional, como la práctica reflexiva y la evaluación por pares, debidamente facilitadas y orientadas, ayudarían a cada profesional a ser más consciente de sus propias necesidades de actualización, orientando así las actividades de formación a realizar. Y permitiendo una cierta dosis de creatividad y personalización en los procesos de DP.

Finalmente, el DP no puede ser otra actividad más a cargar sobre las espaldas de los facultativos, que ya vienen asumiendo voluntariamente compromisos en este sentido, como el de la formación continuada. No se puede basar el desarrollo profesional en la duda, sino en el reconocimiento del esfuerzo que ya se viene realizando. En esta línea, es un elemento fundamental la voluntariedad de la inclusión en el sistema de DP y de su reconocimiento, pero sería también básico que el mismo se base en procedimientos sencillos y fácilmente asequibles a los profesionales, sin, por ejemplo, crear la necesidad de nuevos registros diferentes a los que ya se vienen haciendo en la actividad clínica o formativa de los médicos.

La exigencia no puede ser infinita, y no podemos hacer que la actividad profesional médica acabe siendo insoportable para quienes deben llevarla adelante. En esta perspectiva, se puede entender el papel de las organizaciones sindicales profesionales, como AMYTS, en el sistema de desarrollo profesional, como garantes del respeto a las personas que son todos y cada uno de los profesionales, junto a las instituciones que, también con completa legitimidad, deben garantizar el compromiso profesional, la adquisición y adecuación de conocimientos y habilidades y la prestación de los servicios sanitarios necesarios.

Los procesos de desarrollo profesional y su evaluación no pueden ser, por todo lo analizado hasta ahora:

  • obligatorios, sino más bien incentivados, de forma que el esfuerzo adicional que puedan suponer quede suficientemente recompensado;
  • complejos, dificultando su implementación, sino simplificados al máximo y unificando los procesos de recogida de información con los que ya se realicen actualmente;
  • disuasorios/elitistas, desmotivando al profesional medio, que no acabaría implicándose en los mismos, sino incentivadores del desarrollo profesional y del esfuerzo que ya, de hecho, llevan a efecto los profesionales.

Entendemos que sólo desde estas consideraciones que, por otro lado, están en perfecta consonancia con el documento que ha dado origen a esta exposición, puede comenzar a hablarse de desarrollo profesional en España. Aunque se admiten comentarios y sugerencias, como en todo debate abierto.

Miguel Ángel García Pérez
Responsable de Formación y Desarrollo Profesional AMYTS. Director de la Revista Madrileña de Medicina
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