PROFESIÓN. Primera Jornada Española de Mujeres y Medicina

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El pasado 19 de Octubre asistí en Zaragoza a la “Primera jornada sobre mujeres y medicina”, organizada por la Asociación de mujeres investigadoras y tecnólogas (AMIT) y el grupo español de mujeres hepatólogas, (GEMHEP) con un programa más que interesante, invitada por Magdalena Salcedo, vocal del grupo español de mujeres hepatólogas

Me piden en AMYTS que os haga un resumen de la jornada, y aquí os lo traigo, junto con algunas reflexiones personales

Durante la jornada se puso reiteradamente de manifiesto el sesgo de género existente, en nuestra profesión en concreto y en la sociedad en general, y los múltiples techos de cristal con los que las mujeres convivimos a diario

No se comprende que si el 74% de los estudiantes de medicina son mujeres, la representación femenina en colegios profesionales, en la OMC, en los cargos directivos de los centros sanitarios, sea tan escasa; ni que si somos algo más de la mitad de la población, haya tan pocas mujeres investigadoras, tan pocas decanas en las universidades, (apenas un 15%, cuando el porcentaje de graduados universitarios es similar entre hombres y mujeres); ni que en las jornadas científicas, la mayoría de ponencias y moderaciones sean realizadas por varones. La representación femenina va disminuyendo según se avanza en el escalafón universitario/investigador/de representación

Las mujeres suelen anteponer sus “obligaciones familiares” a las profesionales, frecuentemente priorizan el cuidado de los hijos, o de padres ancianos u otros familiares, y son las que mayoritariamente solicitan reducciones de jornada para atenderlos

Esta mayor dedicación a la familia nos aboca a una proyección profesional menor que la de los varones, y favorece la existencia de una brecha de género en la organización asistencial, en la universidad, en las tareas de investigación. Esta brecha en el desarrollo profesional aparece desde el momento en que las designaciones para cargos “representativos” dejan de tener carácter objetivo, como lo fue el paso por la universidad o el MIR, y están asociados a criterios más “subjetivos”

Existe una brecha salarial que se debe no solo a que quizá para poder dedicarnos a los menesteres de la conciliación, las mujeres trabajamos menos horas, sino también a que la menor proyección profesional en aras de la conciliación, reduce los “pluses” asociados a cargos más altos; se da por supuesto que en la treintena las mujeres antepondrán la conciliación, lo cual nos lastra

Pero es que además, también sufrimos un sesgo en el diagnóstico y el manejo de las enfermedades; por ejemplo en la enfermedad coronaria, la interpretación equivocada y el diagnóstico erróneo de los síntomas, son más frecuentes en pacientes femeninas, lo cual deriva en mujeres infra tratadas, en la realización de menos tratamientos de reperfusión o mas tardíos, que pueden abocar a un peor pronóstico; la percepción de que la enfermedad coronaria es más frecuente en hombres, es un factor de riesgo para las mujeres que la padecen. Eso sin olvidar que en muchas ocasiones, las propias mujeres demoran acudir al médico cuando se sienten mal porque antes de ir siguen atendiendo “sus tareas”

Hay sesgos en la recogida de datos en las historias clínicas (más completas las de los varones) e incluso en los certificados de defunción de las mujeres aparece más el diagnóstico “parada cardio respiratoria” en lugar de diagnósticos específicos

Respecto a los ensayos clínicos de fármacos, estos se realizan por lo general en animales machos, y ya hay trabajos que indican que los efectos de muchos fármacos, una vez introducidos en la clínica, no son iguales en hombres que en mujeres; la absorción y metabolismo de los fármacos son diferentes, y la mayoría de fármacos que son retirados, lo son por haber producido efectos indeseables en mujeres

Las mujeres somos cuidadoras invisibles, no remuneradas, “vocacionales”; se da por supuesto que es la hija la que debe cuidar a los padres ancianos, o a los familiares dependientes, se asocia por defecto a “su condición de mujer”; según las fuentes que se consulten, el 75%, o hasta el 88% de estos cuidados los prestan mujeres, y España es uno de los países de la OCDE con mayor frecuencia e intensidad de este tipo de cuidado “informal”, al que dedicamos muchas horas, durante muchos días al mes y durante muchos años, y la dedicación a esta tarea pasa factura a nuestra salud, física y mental, ya que un elevado porcentaje de cuidadoras declara no tener tiempo para sí mismas por tener que cuidar de un dependiente, y muchas perciben que hay un deterioro de su propia salud por el hecho del cuidado, percepción que es mucho mayor en mujeres que en hombres cuidadores

Las mujeres asumen el tener que realizar los cuidados como una obligación, y no hacerlo así, incluso se “penaliza”, o está “mal visto”, mientras que los hombres lo ven como algo que pueden “elegir” hacer o no, y si lo hacen se les “premia” desde el punto de vista social, revistiéndolo de un carácter “altruista”

Según palabras de uno de los ponentes, (varón por cierto…) “todos ganamos con la igualdad, también los hombres; ganan en supervivencia, se reencuentran consigo mismos, con su parte más humana. El feminismo es una forma de regular la relación hombre mujer, pero además, es una visión completa de las relaciones que construyen la sociedad, y la convierten en más plural, diversa y rica; todos los cambios planteados por el feminismo, han supuesto avances sociales.

Los hombres no son víctimas del machismo, sino su resultado, y no están dispuestos a abandonarlo porque creen que pierden privilegios y ganan críticas, pero en realidad muchos preferirían abandonar una forma de vida basada en la fuerza y en la competitividad”

Los asistentes a la jornada fuimos unos 200; de ellos solo 10 varones. Sería fantástico que en la siguiente edición la proporción fuese más homogénea

Queda mucho trabajo por delante para llegar a la igualdad completa en derechos y obligaciones; la educación en igualdad empieza en la casa, hijos e hijas deben ser educados en la igualdad en el reparto de tareas; en la escuela, misma educación, sin sesgos; es hora de acabar con la publicidad sexista, con los anuncios de disfraces de enfermera con minifalda y médico serio con fonendo y bigote; solo así construiremos una sociedad igualitaria donde todos valgamos lo mismo, donde se termine la explotación sexual, las diferencias de salario a igualdad de trabajo, donde las niñas sepan y tengan el convencimiento de que pueden llegar a los mismos cargos de responsabilidad que sus compañeros varones si deciden hacerlo, y dejen de dar por hecho, como históricamente hemos venido haciendo, que hay que priorizar la familia frente a la proyección profesional, sino que esto sea una elección personal.

La lucha de décadas que tiene por objetivo conseguir la igualdad entre los dos sexos no es un “lerele” ni una cantinela de feministas chifladas, sino una mejora social que nos beneficia a todos.

Por eso todos debemos implicarnos.

Vamos a ello.

Yolanda Cabrero Rodriguez
Especialista en Anestesia y Reanimación. Delegada de AMYTS en el Hospital Universitario de Getafe

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