Prevención y responsabilidad para que COVID 19 no nos pille “des-prevenidos”

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Estamos viendo venir, de nuevo, el embate de la pandemia de coronavirus que, a diferencia del anterior, al menos esta vez no nos debería pillar “des-prevenidos”. Sin embargo, no estamos logrando contener su crecimiento de las últimas semanas. Es cierto que la mayoría de los diagnosticados en esta ocasión son personas más jóvenes, y que los cuadros clínicos, por tanto, tienden a ser más leves; pero ya comienzan a incrementarse los ingresos y los fallecimientos, y tenemos que esforzarnos en contener, con todo lo que tengamos a nuestro alcance, el ascenso de la infección. De ahí que pueda resultar positivo repasar las medidas de contención y analizar en manos de quién está su cumplimiento, porque hemos de ser conscientes de que todos estamos implicados en ello.

Se está insistiendo mucho en estos días en la necesidad de extremar las medidas de protección: uso de mascarillas, mantenimiento de la distancia social, lavado de manos… Y es que es cierto, este conjunto de medidas, que corresponderían a lo que se conoce como prevención primaria (aquélla que evita la aparición de la enfermedad), serían las más eficaces a la hora de reducir el impacto de la enfermedad: conseguir que ésta, simplemente, no se produzca. Al menos mientras la otra gran medida de prevención primaria, la vacunación, pueda estar disponible con garantías.

Y hay que decir que el protagonismo absoluto en este conjunto de medidas de prevención primaria nos corresponde a la ciudadanía. Somos las personas concretas quienes podemos colocarnos la mascarilla siempre que salgamos a espacios públicos, somos quienes podemos mantener la suficiente distancia con el resto de ciudadanos que no sean de nuestro ámbito de convivencia íntima, somos quienes podemos lavarnos las manos… Por desgracia, a veces se observa una cierta despreocupación por estas medidas, originando focos de extensión de la enfermedad que estaría en nuestra mano prevenir.

Como decimos, éste de los comportamientos de prevención primaria es un ámbito de actuación en que el protagonismo nos corresponde a los ciudadanos, y no a los políticos, aunque ciertamente estos sean responsables de otorgar el necesario respaldo y apoyo a ese tipo de medidas. Y dado el interés público de las mismas, de intervenir punitivamente cuando estas no se cumplen y ponen en riesgo la salud de la colectividad, o acabar imponiendo un indeseable confinamiento colectivo si la pandemia vuelve a escaparse de control.

Dado el protagonismo que el ciudadano tiene en ese tipo de medidas, por tanto, y el papel secundario que en ello tienen las autoridades, no es entendible que algunas organizaciones sociales hayan desarrollado campañas sin ningún tipo de fundamento en contra de su cumplimiento, tildándolo de seguidismo político o de alguna forma de borreguismo, cuando el auténtico borreguismo sería asentir con ese tipo de campañas basadas tan sólo en el iluminado criterio personal de sus correspondientes líderes.

Dentro de este ámbito de la prevención primaria, donde los poderes públicos sí que tienen una mayor responsabilidad es en lo relativo a la obtención de una posible vacuna, liderando directamente o apoyando firmemente proyectos de investigación que traten de desarrollarlas y, posteriormente, garantizando su accesibilidad para toda la población.

La estrategia de diagnóstico precoz, que se situaría en lo que se conoce como prevención secundaria para tratar de evitar, en lo posible, el desarrollo de la enfermedad, no tiene en este caso, aún al menos, una gran utilidad para la persona que acaba de contagiarse. Pero sí se está mostrando como un puntal clave en la estrategia de control de la enfermedad, mediante el estudio de contactos y el aislamiento de quienes puedan transmitirla a terceros, solapándose así con las medidas anteriormente citadas dentro del ámbito de la prevención primaria. Se trata de una estrategia de Salud Pública en la que las Administraciones sí que tienen una gran responsabilidad, y se hace necesario un importante refuerzo de la misma. De hecho, se está produciendo un gran déficit en este área, como se puede ver en el caso de la Comunidad de Madrid, que no hace sino complicar el posible control de la extensión de COVID.

La prevención terciaria tiene por objeto reducir el impacto de la enfermedad en la persona que la sufre, mediante el tratamiento, el cuidado y la rehabilitación del paciente, un proceso claramente en manos de las organizaciones sanitarias y sus principales activos, los profesionales sanitarios. Del compromiso y saber hacer de estos últimos queda poca duda tras su intervención en el primer embate de la enfermedad. Lo único que queda de la mano de los poderes públicos en este caso es la correcta organización del sistema para que los profesionales puedan prestar todo su servicio y de una manera adecuada, y aquí se está produciendo un fallo importante, dado el abandono que sufren la Atención Primaria y de Urgencias y la poca atención que se presta al protagonismo y bienestar de los profesionales, que son quienes realmente están al pie del cañón.

Y, finalmente, la prevención cuaternaria, la dirigida a evitar que cualquiera de las medidas anteriores cause mayor daño que beneficio. En esto tienen gran responsabilidad las instituciones científicas y sanitarias, evaluando la idoneidad de cada una de ellas, y afinando las indicaciones en la medida en que el conocimiento se va consolidando, en una enfermedad de la que aún hay mucho por saber. Pero también aquí tienen mucha responsabilidad los medios de información y comunicación, evitando la intoxicación informativa tantas veces interesada que se produce desde determinados ámbitos, y contribuyendo a fortalecer la colaboración de todos y no la confrontación, en un momento en que es necesario el esfuerzo de todos para minimizar el impacto (en salud, vidas, bienestar y prosperidad económica) de la infección por coronavirus.

Todos somos responsables, y todos tenemos nuestra responsabilidad. Se trata de un esfuerzo colectivo en el que todos debemos dar la talla. Y no sólo parecerlo mediáticamente, que, por desgracia, parece que es lo que realmente preocupa a muchos de nuestros líderes políticos.

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