CON FIRMA. “Precariedad en Atención Primaria, algo más que falta de oposiciones”, por Ana Giménez

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El pasado jueves 23 tuve la suerte de poder asistir en directo a la celebración de un nuevo Circulo Sanitario de AMYTS, en el que excelentes ponentes presentaban su preocupación ante la alta tasa de precariedad de los médicos y facultativos en general de la sanidad madrileña: no sólo es que el porcentaje de personal no fijo cuadriplica como mínimo la deseable tasa del 5%, sino que además se trata de un problema que afecta a todo el Estado español. Problema difícil, por lo que su solución no parece sencilla:

  • Muchas las posibles explicaciones de las situaciones creadas.
  • Muchos los puntos de vista. Distintas aspiraciones. Distintos temores.
  • Muchas las soluciones propuestas. Algunas de ellas se antojan tan difíciles…

Cada actor analiza la situación desde su propio punto de vista y trayectoria. Hay miedo al cambio, rechazo a la situación actual, búsqueda de soluciones que se adapten a la trayectoria de cada uno… Y, probablemente, todos tengan razón, porque la falta de un sistema estable de selección y provisión de plazas, y que por tanto los sistemas de selección cambien como la dirección del viento en función de los distintos gobiernos, Administraciones, épocas de bonanza o crisis o factores astronómicos de difícil compresión para los humanos, hacen que los médicos y facultativos aspirantes a un empleo estable no tengan “unas reglas del juego “ válidas que les permita prepararse para su objetivo.

En el marco de un sistema estatutario público, a imagen y semejanza del funcionarial, aunque con sus peculiariedades, no se puede consentir la discrecionalidad en el acceso. Deben prevalecer los sistemas que garanticen la igualdad en el acceso, el reconocimiento del mérito y la capacidad para el puesto. Y asumir los deberes, derechos y obligaciones que se adquieren como personal público.

Pero una vez dicho todo esto, de lo que ya hay ríos de tinta escritos, yo quisiera abordar la precariedad que no se basa en la falta de oposiciones o en la falta de sistemas continuados de acceso a la condición de personal fijo. Y es la precariedad estructural. Y es la que cada día vivimos con espanto en Atención Primaria.

La Atención Primaria tiene a gala la accesibilidad en el servicio y la continuidad de los servicios. A diferencia de la Atención Hospitalaria, las consultas no se anulan y se posponen. Se atiende todos los días. Por lo tanto, el trabajo realizado se reparte entre compañeros -si es asumible- o debe realizarse por suplentes. Y dada la terrible situación de saturación de las consultas, pues tenemos el dudoso honor de ser la segunda comunidad autónoma de España en cuanto a número de pacientes por médico de Atención Primaria, los suplentes no sólo son necesarios, sino que son imprescindibles.

Y esto supone que, para su correcto funcionamiento, la Atención Primaria precisa de un elevado número de profesionales obligados a trabajar no sólo en precario, sino en un auténtico subempleo: contratos por días, por medias o tercios de jornada; con fines de semana impagados con altas y bajas diarias en la seguridad social. Y gracias porque hay trabajo.

Inhumano (¿humanización de la asistencia?). Indignante e intolerable.

Necesitamos una plantilla SUFICIENTE para que el subempleo no sea una NECESIDAD para el funcionamiento de la Atención Primaria. Necesitamos que las reducciones de jornada supongan una reducción real de cargas de trabajo para evitar la injusta situación que sufren los profesionales que se acogen a este derecho, pero que al final solo reducen tiempo y retribuciones y siguen realizando el mismo trabajo. Necesitamos un justo pago del exceso de trabajo que se asume cada día en las consultas (el pago de los repartos) y que se anuló con motivo de la crisis.

O cuidamos la Atención Primaria o la perdemos.

Ana Giménez Vázquez
Médico de familia, presidenta del sector AMYTS de Atención Primaria
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