Por qué se fomenta el rechazo al sindicalismo?

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El gobierno del PP de la Comunidad de Madrid, coreado por el PP nacional, lleva varios años haciendo una campaña institucional muy fuerte, de desprestigio del sindicalismo. La ex – presidenta de Madrid, lleva mucho tiempo aprovechando cualquier movimiento de rechazo a la política de su Gobierno para atribuir todas las protestas tanto a los “liberados sindicales” como a la oposición.

Se presenta a los liberados sindicales y a los delegados en general como una lacra social, una auténtica peste responsable prácticamente de la ineficiencia de la función pública y del país. Y los sindicatos, no han sabido defender su papel ante la opinión pública, cuando su papel de defensa y representación de los trabajadores es vital para intentar proteger a los trabajadores de abusos y negociar para ellos condiciones laborales y salariales beneficiosas. Cuanto más débiles son los sindicatos, más fácil es el abuso sobre los trabajadores.

La campaña culmina con la implantación de una reducción extraordinaria tanto de los liberados sindicales, como de las horas disponibles por los delegados no liberados, como de las condiciones de aprovechamiento de estas horas, con la desaparición de la antigua “bolsa de horas”. El sindicalismo de calle y técnico, de las Mesas Sectoriales por ejemplo de Sanidad y Educación queda gravemente herido pero no así los grandes sindicatos de clase de ámbito estatal (puesto que el sindicalismo de la mesa central de negociación, correspondiente a los sindicatos de clase estatales, sufre una merma muy inferior de horas).

Son las mesas Sectoriales las que manejan desde el punto de vista técnico y cercano, los problemas específicos del Sector, en las que tienen voz y fuerza los sindicatos profesionales, como AMYTS, y son ellas precisamente las más maltratadas, y quedan supeditadas a decisiones de Mesas Generales.

Poco a poco, se ha conseguido que la opinión pública tenga cierta animadversión hacia el sindicalismo, hasta tal punto que un nuevo movimiento profesional que quiere defender a los facultativos, tiene que decir para conseguir apoyos sin reticencias, que no son un sindicato, aunque estatutariamente lo sea. Ahora nadie se acuerda o quiere acordarse de la negociaciones brillantes que hizo AMYTS: La de Carrera profesional, mejora de guardias –precio y alta continuada en la SS-, pago de los repartos en AP, computo del tiempo MIR en los traslados, y tantas otras. Junto con el desprestigio de los sindicatos, se han ido quitando todas estas mejoras a los trabajadores, o desvirtuándolas para hacerlas parecer como un privilegio.

Los médicos que trabajamos como asalariados para la Sanidad Pública, necesitamos un Sindicato Profesional que nos defienda, atendiendo a las especiales características de responsabilidad y formación de nuestro ejercicio. No podemos consentir que arraigue el desapego contra los sindicatos profesionales, que a su vez necesitan la fuerza de todos para poder defender a los médicos y realizar las negociaciones oportunas específicas. Así está recogido en la Constitución.

Una vez debilitados los sindicatos, comienza el verdadero objetivo que había detrás de la campaña: se realiza también una campaña feroz contra los funcionarios: se los presenta ante la opinión pública, castigada por la crisis, como unos seres también parasitarios, vagos, que no están expuestos al paro como el resto de los mortales. Una vez dejado claro ante la población lo injusto de sus condiciones, se procede a recortarles de forma brutal sus salarios, permisos, beneficios por enfermedad…..¡y dé gracias porque puede trabajar! Han conseguido que la opinión pública se olvide de la función última del funcionariado: mantener la estabilidad de las instituciones públicas al margen de los “bandazos” de la política. Por otro lado, se han encargado muy mucho de hacernos olvidar la vía de acceso a los puestos de funcionarios: igualdad-mérito-capacidad, tan distinta de la “digitalización rápida” que caracteriza a los puestos de confianza que cada vez más infiltran de forma maligna órganos de gestión y dirección y puestos cada vez más técnicos, impregnando así de carácter político decisiones que deberían ser totalmente técnicas y profesionales.

Pero en cuanto a descréditos, al final sin financiación ni estímulo sistemático, la palma se la han llevado los políticos, con su falta de honestidad, actuaciones discrecionales que buscan su propio beneficio olvidando la búsqueda y la defensa del bien público que prometieron cuando accedieron los órganos de gobierno y representación de los ciudadanos…hasta tal punto que hoy la preocupación por los políticos es uno de los temas que la opinión pública considera entre los tres más graves que azotan España.

Y con esta absoluta falta de credibilidad, ¿Cómo pueden tener la desfachatez de insistir una y otra vez en la privatización de la Sanidad, SIN ARGUMENTOS ECONÓMICOS DEMOSTRADOS, CON LA SOMBRA CADA VEZ MÁS TANGIBLE DE SU PROPIO INTERÉS OCULTO TRAS LAS EMPRESAS, Y SIN EL APOYO DE LOS PROFESIONALES, QUE SON AL FINAL LOS RESPONSABLES DE LA SANIDAD. SIN MÉDICOS NO HAY SANIDAD. Y CON ESTA DERIVA POLÍTICA E IDEOLÓGICA, LA SANIDAD SE VOLVERÁ DESHUMANIZADA.

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