CON FIRMA. “¿Por qué no reconocen el estatus de trabajador nocturno en el SUMMA?”, por Rafael de la Guerra

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Es increíble que, con toda la evidencia científica que existe acerca del factor de riesgo para la salud que supone la mala calidad y/o cantidad de sueño, en el SUMMA 112 (Servicio de Urgencias Médicas de Madrid) no se nos reconozca el estatus de trabajador nocturno, con las medidas horarias, laborales, salariales, de edad de jubilación, etc., que ello implica. ¿Dónde están los jueces, los fiscales, los sindicatos, el colegio de médicos, la gerencia, los partidos políticos?

Con el tiempo -como ya ha pasado en otras ocasiones a lo largo de la historia- lo que están haciendo con nosotros -unos por acción y otros por omisión- se estudiará como ejemplo de lo que es la explotación laboral de principios del siglo XXI. Se verá con el mismo espanto y perplejidad con la que ahora vemos las condiciones laborales que se daban en el siglo XIX -y anteriores-. Pero, claro, las hipotéticas medidas que se tomen para ese lejano futuro a nosotros ya no nos servirán para nada, porque la actual falta de higiene del sueño nos habrá llevado a la tumba para entonces.

¡Qué poco ha avanzado la sociedad! La esclavitud -sí, la esclavitud… ¿pero eso todavía existe?- tan sólo se ha disfrazado, le han dado una mano de pintura y cambiado de nombre. Pero, no nos engañemos, esa esclavitud -que hoy nos parece cosa del pasado- sigue viva, sigue en vigor, y es utilizada sin empacho por unas clases políticas que han tomado el poder absoluto, que se lo han arrebatado al pueblo -al que dicen representar… ¡falso!- para ponerlo a disposición de su propio enriquecimiento y del de los minoritarios grupos de poder y de riqueza, con los que mantienen una endemoniada relación simbiótica. Se trata de ese mínimo porcentaje de “personas” que acaparan casi la totalidad de la riqueza, dejándonos al resto -o sea, al 90%- las migajas; y para más INRI, nos las venden como un privilegio por el que les debemos estar agradecidos, sí, agradecidos porque nos “permiten” trabajar y ganar algo de dinero para poder vivir -y muchos ni eso- nosotros y nuestras familias.

Nada ha cambiado, todo sigue igual -incluso, yo diría que peor-. El hombre sigue siendo el mayor explotador y depredador de sus semejantes y de su propio hábitat.

¡Qué espectáculo tan desolador! ¿Alguien va a hacer algo por nosotros? Esos “pseudociudadanos”del mal llamado “primer mundo” -que yo sepa, desde hace 4500 millones de años, sólo existe un mundo, un planeta, llamado Tierra- los cuales, comparados con muchos miles de millones de seres humanos, todavía nos podemos sentir afortunados, porque lo suyo es aún peor, infinitamente peor… Ya lo dijo Plauto -unos 200 años antes de Cristo- en su obra “Asinaria”: “Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit”, es decir: “Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro”). Pocos siglos después, “un tal Jesús” -ese “loco” que le plantó cara, de forma pacífica, usando como armas únicamente sus palabras y su ejemplo, al poder político y religioso de su época- denunció esta misma situación, y ya sabemos todos cómo acabó: crucificado. La muerte humillante que se daba a los delincuentes y asesinos más peligrosos del momento.

Y es que antes, como hoy, enfrentarse a quien vive a costa de sus semejantes, a quien detenta el poder de forma abusiva y despótica, es una actividad de riesgo, de alto riesgo, que suele terminar con la eliminación del “elemento subversivo”.

Hoy en día -aunque parezca mentira- seguimos actuando como lo hacían los personajes del cuento de Hans Christian Andersen “El traje nuevo del emperador”; todos simulamos -por diversos tipos de miedo e interés- ver en el poderoso lo que no existe: honradez y espíritu de servicio. Porque ese es el ropaje que dicen vestir nuestros próceres y gobernantes, aunque todos sabemos que van completamente desnudos. ¿Surgirá de entre nosotros -que somos un grupo de cobardes, pelotas y conformistas- una persona, una especie de niño inocente, que grite ingenuamente y sin miedo, que el emperador no lleva ninguna vestimenta?

Yo, personalmente y por desgracia, lo dudo. Es triste, pero es así. Cada uno se dedica a defender ese mísero mendrugo de pan duro que los “poderosos” le tiran, como si fuese un cerdo en la pocilga, para que no se muera de hambre y pueda seguir generando riqueza para ellos; y así hasta que muera por falta de alimento, esperanza o descanso; ese descanso que le proporciona el sueño, motivo por el que empecé a escribir estas líneas. ¡Qué barbaridad!

En fin, se empieza leyendo un artículo médico sobre la importancia del sueño en la salud del ser humano, y se acaba reflexionando sobre el mal endémico de ese mismo hombre: el egoísmo en estado puro y duro.

Precisamente, hoy, la noticia del día es la revelación, por parte de los periodistas, de los nombres de personas ricas y famosas que esconden y escamotean su dinero en Panamá y otros paraísos fiscales. Todos ellos son personas “respetables” y conocidas por su probidad y honradez. Pretenden ser ejemplo de lo que todos deberíamos llegar a ser, y no unos fracasados, que es lo que nos quieren hacer sentir que somos.

Todos y cada uno de ellos nos han dado -o siguen dando- lecciones de moral y de vida… ¡Qué asco me dan! Son como urracas que se llevan al nido todo lo que brille. Son como ese detestable personaje de J. R. R. Tolkien: Gollum y su conocida frase “Mi tesoro, mi precioso”…

Todos y cada uno de ellos son unos miserables que han matado a su Sméagol -su ser humano auténtico- para convertirse en su Gollum -su ego más devastador- esclavo del Anillo Único: el tener, el poder y el aparentar.

En fin, antes de que me enrolle un segundo más, termino por donde empecé: ¿por qué no se nos reconoce a los empleados del SUMMA 112 el estatus de trabajadores nocturnos? Pero que se nos reconozca ya, ahora, ahora que todavía estamos vivos y -más o menos, según cada uno- sanos”.

Rafael de la Guerra Gallego
Médico de Familia. Doctor en Medicina

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