CON FIRMA. “Perplejidad y enfado”, por Ángela Hernández

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Hay que ser de una madera muy especial para levantarse cada día, y acudir a un servicio de urgencias hospitalarias,  por ejemplo, en los pasados meses de marzo y abril de este 2020, y ver morir 4, 5, 10 veces más pacientes de lo habitual y levantarse al día siguiente y volver a acudir. Porque todos conocemos las probabilidades, pero al que le toca es el 100%.

Hubo un momento horroroso en la pandemia, en la que cada nueva notica de sanitario fallecido era un dolor insoportable. Llegó un momento en que cada vez que me notificaban el nombre de un compañero fallecido tenía que cambiarme de habitación, porque no podía evitar llorar de impotencia y de rabia y no quería preocupar a mis hijos. Parece que ahora hay más medios, pero aún tienen que asumirse responsabilidades por marzo, sobre todo políticas.

Aplaudieron a los médicos y al resto de sanitarios, nos llamaron héroes. El hospital de campaña en el que la Comunidad de Madrid centró sus fuegos de artificio electoralistas funcionó gracias a voluntarios. Los llamaron, y acudieron voluntarios y “voluntarios” ¿Cuáles son los segundos? Los que dieron un paso al frente para proteger a los compañeros que estaban aterrados por su edad o por sus patologías de base o, sencillamente, por la pandemia, por la gestión de la pandemia que han hecho ustedes. Porque, y me repito, esto no nunca ha sido una guerra, sino una epidemia muy mal gestionada en un país teóricamente desarrollado.

En marzo se escudaron en el “no lo vio venir nadie”. Pero han pasado 7 meses. Y en Madrid, durante julio y agosto, asistimos a la elevación paulatina de casos, ingresos hospitalarios y ocupación de camas de cuidados intensivos, con una Atención Primaria, al límite desde hace años, que ha hecho lo imposible -y más en este segundo embate- sin recibir el refuerzo y soporte imprescindibles (cosas fáciles como líneas telefónicas y apoyo administrativo o no tan fáciles tal y como están las cosas como refuerzos de personal). No sé a ustedes, a mí me tortura pensar en el sufrimiento, dinero y vidas que  podríamos habernos ahorrado con una inversión valiente en rastreadores, Salud Pública y en el refuerzo de la primera línea de asistencia sanitaria (Atención Primaria, SUMMA112 y Urgencias Hospitalarias). Y no tengo responsabilidades de gestión sanitaria ni poder de gobierno. ¿Cómo pueden dormir por las noches quienes sí las tienen?

Tenemos un consejero de Sanidad educadísimo (me consta) que está surfeando a las mil maravillas un entorno hostil dentro de su propio gobierno. Pasar de Cifuentes a Ayuso y querer seguir formando parte del equipo de gobierno requiere, sin duda, unas aptitudes que harían dimitir a muchos otros. ¿Qué tengo en contra de Enrique Ruiz Escudero? Nada, como dice una compañera de AMYTS: NADA. Ni una mala palabra ni una buena acción. Sobre el gobierno de la Comunidad de Madrid y su presidenta, Isabel Díaz Ayuso, o el gobierno de la nación con Pedro Sánchez Castejón al frente… No les digo más que en esta pandemia he llegado a desear ser gallega, escuchando las declaraciones de Núñez Feijóo, o  castellano-leonesa, con la gestión de la pandemia de Paco Igea, o alemana, visualizando las intervenciones traducidas de Angela Merkel… Así que reitero, no va de colores, va de capacidad y liderazgo, de trasmitir seguridad, de gestionar anteponiendo la vocación de servicio público (también es muy importante la vocación en política) a los intereses partidistas o de mantenimiento del puesto, de empatía… Tantas otras cosas que ya ni hablo de gestión profesional o de “accountability”, transparencia y declaraciones de conflicto de interés: ya me conformaría con tener gobiernos autonómicos y centrales con los que no suba el pan cada vez que hacen una declaración, como en el caso de Ayuso o Sánchez.

Ya pedí educadamente hace meses que lo hicieran mejor o dimitieran. Ahora, y aunque yo también intento ser muy educada, solo me sale pedirles: ¡Vayanse a la m—–! O, si simplemente, si quieren dedicarse a otra cosa o a su familia: D I M I T A N. Gracias.

Aunque la profesión médica y de TS tiene sus propios problemas (algunos egos desproporcionados, pensar que solo hay una forma correcta de hacer las cosas -la de cada uno-, desentendimiento de temas organizativos y de gestión que estamos pagando con la pérdida de control sobre nuestra propia actividad clínica, y un largo etc.), desde muchos frentes llevamos y llevan dando ideas y buenas ideas AÑOS, con un aumento de intensidad durante los últimos meses:

Y claro, no se lleven las manos a la cabeza cuando la única salida que nos queda es acudir a huelgas… Es lo que queda cuando todos los demás cauces de entendimiento fallan. No nos gustan las huelgas, pero si para defender el ejercicio digno de la profesión y la seguridad de los pacientes tenemos que recurrir a ellas, recurrimos y recurriremos. No para afectar la asistencia, sino para lograr que nos escuchen.

Así que ESCUCHEN a los médicos e IDEEN una ESTRATEGIA (temo que no tienen estrategia más allá de su propia supervivencia en las encuestas), o confiesen su estrategia, aunque sea que no tienen otra que que la pandemia pase por encima de nosotros. Explíquenlo. ¿Han renunciado a trazar y tratar de disminuir las cadenas de trasmisión? (es la única explicación que encuentro a la decisión de esta semana de renunciar a hacer PCR a contactos estrechos en colegios o a contactos no convivientes). En cualquier caso, que compartan su estrategia o su falta de ella será mejor que tenernos así, en la incertidumbre y perplejidad ante los bandazos a los que asistimos a través de los medios. Ni la población, ni los médicos ni sus representantes lo merecemos. Y si es posible, mejor háganlo dando buen ejemplo, con argumentos y por las buenas, porque la vía del RDL 19/2020 publicado el pasado miércoles desde luego no es el camino para lograr que los médicos y T.S., sobre todo los que han realizado aquí la residencia (sistema mundialmente reconocido por su prestigio), elijan quedarse en España para trabajar.

Ángela Hernández Puente
Especialista en Cirugía General, Hospital del Sureste. Vicesecretaria General de AMYTS

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