CON FIRMA. “Pensar la institución sanitaria bajo un modelo burocrático”, por Miguel Ángel García

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Miguel-Angel-2018

En los últimos días hemos tenido noticia de la publicación por parte del Consejo de Colegios de Médicos de Cataluña, de un documento de posición en torno a los “Principios y deberes en el ejercicio de la dirección médica de los hospitales y centros sanitarios”. Dicha publicación no puede ser menos que felicitada, pues aborda un tema importante de la actividad profesional de los médicos, aquélla más directamente vinculada a la gestión de servicios y actividades sanitarias. Desarrollar este aspecto, ya presente en los códigos deontológicos, es muy necesario para reforzar la dimensión ética de este tipo de actividades, que debe hacer siempre referencia a los valores reconocidos dentro de la práctica sanitaria y no limitarse tan sólo a los valores y, sobre todo intereses, del mundo de la economía y la política, que con frecuencia tratan de influir en exceso en las actuaciones sanitarias.

Me puse a leer con interés el documento, un interés reforzado por la necesidad cada vez más evidente de que se reformule la organización y funcionamiento del sistema sanitario. Y rápidamente me pude dar cuenta de que la perspectiva utilizada mantenía la concepción burocrática que, desde hace años, muchos venimos apreciando y criticando. Rápidamente, porque ya en el primer párrafo se otorga al director médico “la responsabilidad en la asistencia médica en el centro o institución sanitaria”. Si el director médico, en la cúpula de la estructura sanitaria, ostenta esa responsabilidad, ¿cuál es la responsabilidad de los profesionales sanitarios y, más en concreto, de los médicos en esa estructura? ¿Ser meras correas de transmisión de un saber que no es científico, sino administrativo-organizativo y, por consiguiente, capaz de ser volcado en instrumentos administrativos tales como circulares e instrucciones internas?

Es evidente que no es así. Es evidente que la responsabilidad de la asistencia médica la tiene cada médico, cada profesional que atiende a un paciente. Y o somos capaces de entender este protagonismo necesario de los profesionales, de los médicos, en la asistencia sanitaria, o mal podremos concebir estructuras sanitarias que logren prestar una atención adecuada y centrada a los pacientes. La concepción burocrática y vertical de un hospital, por ejemplo, no es la más adecuada para comprender y dar respuesta a las necesidades de salud de los ciudadanos. Ha de serlo más bien su concepción asistencial, cuyo pilar está en la práctica de cada uno de los profesionales que trabajan en el mismo.

Mal comienzo, por tanto, si comenzamos a definir así la responsabilidad del Director Médico. Si partiéramos del reconocimiento del protagonismo y responsabilidad asistenciales de los profesionales, empezaríamos a bucear correctamente en la búsqueda del verdadero cometido de los directores médicos, que no sería otro que el de garantizar, dentro de la estructura sanitaria, la mejor organización posible de los servicios y recursos para que los profesionales puedan realizar adecuadamente la tarea para la que han comprometido su tiempo y su aprendizaje. Esta concepción funcional (y no su responsabilidad “asistencial”) creo que reflejaría mejor la misión del director médico y ayudaría a consolidar su papel en la organización y la actividad asistencial de los profesionales.

Cierto que su responsabilidad final es hacia los ciudadanos y pacientes, pero no puede serlo de ninguna manera si no es a través de su responsabilidad para con los profesionales. Y resulta muy curioso que, entre sus responsabilidades hacia los profesionales, no se incluya la de proporcionar las mejores condiciones posibles para que estos presten unos servicios de calidad, responsabilidad que, sin embargo, se sobreentiende en sus obligaciones hacia los propios pacientes (“procurar y tratar de garantizar una asistencia médica segura, de calidad, eficiente y respetuosa” con los pacientes y sus familiares y allegados) y hacia la institución y su entorno social, entre las que está “promover la mejora de la calidad asistencial que proporciona el centro” [de nuevo, la concepción burocrática e institucionalista es explícita, y no así la profesional], solicitando, por supuesto, los recursos necesarios a las autoridades correspondientes. Curioso, repito, que esto no conlleve una obligación vinculada con respecto a los profesionales y su actividad asistencial, pero sí, entre otras, la capacidad sancionadora cuando estos no alcancen el nivel debido de calidad en dicha actividad.

Estamos, por tanto, ante una reedición más de la visión vertical, burocrática y jerárquica de las estructuras sanitarias, donde el director médico “buscará el apoyo, la colaboración y el compromiso” de los facultativos y otros directivos a o mandos médicos. Es decir, que parece que en la estructura sanitaria que imagina el documento, a pesar de venir de la institución colegial, el médico aparece como mero ayudante y herramienta de la “responsabilidad asistencial” del directivo. No me parece, desde luego, el punto de partida adecuado para la altura de miras y la importancia del documento, lo que, sin embargo, no le quita ni un ápice de importancia, repito, a la publicación del mismo, pues pasa así a ser un importante punto de partida del debate necesario para llegar a una correcta concepción de las estructuras sanitarias.

Ya tan sólo una nota más, también en tono crítico, para cuestionar que el director médico tenga de partida el privilegio de ostentar la confianza de los profesionales, cuando éstos tienen bastante poco que ver en los procesos de designación. Sin que esto menoscabe en absoluto la posibilidad de que muchos directores médicos logren, a pesar de todo, obtener esa confianza con su actuación, porque de lo que no me cabe duda es de que muchos de ellos se afanan en realizar, de la mejor manera posible, la tarea que les es encomendada.

Con todo, bienvenido el documento, bienvenido el intento de fundamentar las obligaciones éticas del director médico desde una perspectiva profesional, y bienvenido cualquier debate subsiguiente al mismo. Pero, con todo, es una muestra de lo necesario que es, incluso dentro de la profesión médica, repensar el enfoque con que deben concebirse las estructuras sanitarias.

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia, Doctor en Medicina y Máster en Bioética y Derecho. Director Médico de la Revista Madrileña de Medicina
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