CON FIRMA. ” Muy bien, Alfonso, muy bien”, por Rafael de la Guerra

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(Publicamos aquí, por su interés, el comentario que el autor hace en relación al artículo de esta misma sección de nuestra revista titulado “Señor Consejero, pida usted disculpas a la Mesa de AP del Colegio de Médicos de Madrid”, de nuestro delegado Alfonso López)

No puedo estar más de acuerdo con todo lo que Alfonso López le dice al Consejero. Mucho gesto, mucha foto, mucho blablabla… pero a la hora de la verdad, de coger al toro por los cuernos, nada de nada.

Los médicos de Primaria, esos tipos que tragan y tragan y tragan, que trabajan sin rechistar y solucionan lo posible y lo imposible, que mantienen intacta su integridad profesional y su responsabilidad ética, que luchan contra viento y marea puteados por los de “arriba” y también por los pacientes (muchísimos, es verdad, son excelentes, pero hay que lidiar con mucho maleducado, agresivo, demandante, faltón, etc), sobrepasados de trabajo e infravalorados, habiendo perdido un 30% -como mínimo- de su poder adquisitivo, formándose en los pocos ratos libres que esta maldita desorganización les permite… En fin, podría rellenar folios y folios de quejas, de lamentos, de rabia por ver cómo se quema una generación de excelentes profesionales, de cómo la burocracia, el politiqueo, los intereses espurios y partidistas, la política entendida como un feudo, el desvío de dinero hacia lugares muy poco importantes -cuando no nocivos- nos van dejando extenuados, muertos de cansancio, de desencanto, de desilusión, de desesperanza.

Yo, al principio -ingenuo de mí- creí que el nuevo Consejero iba a poner las cosas en su sitio, e iba a enderezar todo este caos: un médico que seguro que iba a luchar por sus compañeros y devolverles todo lo que estás décadas pasadas nos han arrebatado -incluida la salud física y mental-. Pero no ha sido así. El tiempo quita y da la razón, pone a cada uno en su sitio y desenmascara al mentiroso. Al final, al árbol se le reconoce por sus frutos, y, en el caso de la situación de la Atención Primaria de Madrid, el fruto es una manzana pequeña, seca y con gusanos. Nada ha cambiado -para bien-, sino que sigue -en el mejor de los casos- igual, o peor.

Conozco bien la Atención Primaria y, muy especialmente, el SUMMA. Por desgracia -ojalá pudiese decir lo contrario- nada, absolutamente nada ha mejorado: seguimos sobrecargados de horas, escasos de medios; qué Centros tan cutres tenemos, qué material obsoleto manejamos (tabletas, EKGs…), qué carrera profesional abortada, qué nocturnidad no reconocida, cuánta falta de personal fijo y de suplentes, cuánto desprecio desde las Gerencias, Consejerías, etc.

Lo he dicho miles de veces. La razón de ser del sistema sanitario sólo tiene dos patas: los enfermos -los de verdad, no los hoy denominados “usuarios”- y los médicos que les atienden (por supuesto que incluyo al resto del personal sanitario, faltaría más, pero como médico, lógicamente, defiendo y quiero más lo mío, lo que tanto esfuerzo y sacrificio me ha costado conseguir). El resto son personal al servicio del óptimo funcionamiento de la relación médico-paciente. Eso es sagrado, es intocable, no puede usarse como moneda de cambio. Quien lo haga, cargará con una culpa y una responsabilidad inmensa: está jugando con la vida y la muerte de inocentes. Amén de asesinar moralmente a unos médicos que lo han dado -y siguen haciéndolo por pura responsabilidad y amor a los enfermos- todo, y más… Nadie se hace médico porque sí; la Medicina sigue teniendo -por mucho que se empeñen en tumbarla, degradarla y humillarla- algo que roza lo sagrado, lo espiritual. Acompañamos a las personas en sus peores momentos, cuando son -y se sienten- más vulnerables. En nosotros ven su única esperanza, no en los políticos.

En fin, todavía tengo -aunque cada vez menos- alguna esperanza de que volvamos a ser lo que fuimos hace no tanto tiempo: profesionales respetados, valorados, admirados, queridos… Porque yo, cuando era niño, conocí esa maravillosa sensación de estar ante un ser maravilloso, cariñoso, entrañable: mi médico.

¿Creéis que lo conseguiremos? ¿Todavía tendremos fuerzas para levantarnos y dejar de vivir de rodillas? ¿Pondremos a cada uno en su sitio? ¡Ojalá pueda llegar a verlo, aunque sólo sea por un día, antes de jubilarme o morir de un infarto!

Rafael de la Guerra Gallego
Médico del SUMMA

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