MUNDO PROFESIONAL. “El Colegio que queremos, el Colegio que necesitamos”, por Miguel Ángel García Pérez

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Abrimos con esta entrega una serie de artículos que intentan recoger lo que un buen colegio profesional puede ofrecer a los médicos madrileños, facilitando el conocimiento, el diálogo y el entendimiento entre los profesionales y promocionando el bien de la profesión en la sociedad de nuestra Comunidad Autónoma. Entre tanto jaleo mediático y organizacional, no vendrá mal recuperar el aire fresco que, desde siempre, habría debido caracterizar al Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid.


EL TÉRMINO “COLEGIO”

El diccionario de la Real Academia de la Lengua propone, para la palabra colegio, en relación al tema que nos atañe, la siguiente definición: Sociedad o corporación de personas de una misma profesión, a la que generalmente se atribuyen funciones de ordenación y disciplina de la actividad profesional. Dicha definición es meramente descriptiva y funcional, pero tendríamos que ir algo más allá si de verdad queremos conocer lo que dicha institución significa para la profesión médica.

Los vericuetos del origen de las palabras a veces nos ofrecen pistas para un análisis un poco más motivador. El propio diccionario nos ofrece su origen latino: colligĕre, reunir. Y esta palabra, a su vez, parece surgir de la unión de dos vocablos, cum, que hace alusión a la unión, a la coincidencia entre varios sujetos, y lex o lego, que aportarían matices diferentes: ley, elección… De alguna manera, el término hace alusión a la unión de personas, en este caso afectos a una determinada profesión, sometidos a una regulación concreta o derivados de un proceso de elección. Según el matiz semántico que elijamos, tendremos una comprensión diferente del término

El primer matiz, unión de personas sometidas a una misma regulación o ley, haría referencia al hecho de que la Medicina sea una profesión regulada, sometida a una legislación específica. Se trataría, por tanto, de una institución que reuniría a los ejercientes de una determinada profesión sometida a un control y regulación específica, posiblemente con el fin de profundizar el sentido de esa regulación y hacerlo efectivo mediante algún mecanismo de control sobre los miembros, y en la estela de los antiguos gremios medievales. Desde esta perspectiva, la definición citada más arriba cobra pleno sentido.

El segundo matiz, unión de personas que de alguna manera han sido (o se consideran) elegidas, más en el sentido de los antiguos “colegios” romanos, apuntaría más al elitismo profesional, al hecho de que sus miembros se sienten de alguna manera privilegiados por el ejercicio de una actividad que entienden “superior”, con algún valor especial… De alguna manera se haría referencia al concepto profesión como una actividad que requiere/merece un reconocimiento especial.

Este último matiz encuentra poca cabida en la sociedad actual, más tendente a la horizontalidad y a no reconocer privilegios de ningún tipo (excepto, por desgracia, los que derivan de posiciones de poder económico), por lo que su mayor reflejo lo alcanza en la propia conciencia de los profesionales, que se sienten orgullosos (y deseosos de recuperar ese orgullo que muchos sienten perdido) de su quehacer profesional y de su papel en la sociedad. Se está convirtiendo en un leit motiv de las organizaciones profesionales (recordemos el eslogan tradicional de nuestra organización hermana Metges de Catalunya, recuperemos el placer de hacer de médicos) y de las campañas de lucha contra la insatisfacción profesional y el burn-out.

Volviendo al matiz semántico de “quienes están unidos bajo una misma ley”, que parece reflejar adecuadamente el significado actual de la palabra en nuestro contexto, es significativa la superposición conceptual con otra palabra del mismo campo de significado, y con la misma procedencia de los gremios medievales, aunque con una comprensión actual diferente. Se trata de la palabrasindicato, procedente de las raíces griegas syn (con, juntos) y dikein (hacer justicia), que, también haciendo referencia a lo legal en cuanto justo, definiría una institución en la que sus miembros luchan por algo justo, por alcanzar la justicia. Sin embargo, del matiz introducido por la idea de estar “bajo una ley o regulación” (colegio) y de esforzarse por conseguir lo que es justo (sindicato) queda clara la diferencia entre ambas instituciones y sus correspondientes fines, ambos contenidos dentro de los antiguos gremios profesionales.

Esta situación de relación y distinción nos puede ayudar a alcanzar una mayor claridad sobre la realidad actual de los colegios profesionales, que es el tema que aquí nos interesa. Aspectos como su reconocimiento legal, su papel en la regulación de la profesión y la necesidad o no de obligatoriedad de la pertenencia a los mismos irán siendo analizados en esta sección, en un intento de comprender mejor su papel y la mejor configuración posible para cumplirlo. Invitamos a los lectores a participar en el debate a través del apartado de comentarios, siempre desde el respeto que debería caracterizar a cualquier persona y a cualquier profesional. Porque lo que no puede quedar en absoluto amparado bajo el término colegio es lo que se está produciendo a día de hoy en sede colegial, caracterizada por la tensión, la ruptura, la falta de respeto y de confianza mutuas. Ese es, precisamente, el camino que queremos evitar con esta serie de artículos, que pretende una reflexión serena y dialogante en torno al colegio que queremos y necesitamos en Madrid. Todos están invitados a participar.

Miguel Ángel García Pérez,
 médico de familia, doctor en Medicina y director 
médico de la Revista Madrileña de Medicina.
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