Las dificultades de la gestión clínica. Jornada FACME

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Volumen 2, nº 14. Junio 2014.

La clínica y la gestión

LAS DIFICULTADES DE LA GESTIÓN CLÍNICA (1): JORNADA FACME

Miguel Ángel García Pérez*

(Artículo relacionado: Por una gestión clínica de base profesional)

El pasado martes 10 de junio tuvo lugar, en el Colegio de Médicos de Madrid, la Jornada FACME sobre “Gestión Clínica: Los Médicos y la Gestión Clínica”. Y entre otros aspectos que posteriormente pasaremos a resumir, dos quedaron meridianamente claros: por un lado, la apuesta (explícitamente afirmada por Carlos Macaya, presidente de FACME -la Federación de Asociaciones Científico-Médicas de España- en su intervención inaugural) de FACME por liderar la implantación y desarrollo de la Gestión Clínica, y, por otro, la lejanía, cuando no desconfianza y oposición, con que ésta es contemplada por los profesionales de a pie. No es extraño, por tanto, que Fernando Carballo, vicepresidente (y futuro presidente) de FACME comenzara expresando este propósito, al que la Jornada quería contribuir: “Que la Gestión Clínica llegue a todos los médicos”. A juzgar por el auditorio y los ponentes, aún queda mucho camino por recorrer para alcanzar ese objetivo.

JornadaFACMEGCLa primera parte de la Jornada se dedicó al papel que las Sociedades Científicas pueden jugar en el desarrollo de la Gestión Clínica. Presidentes y otros cargos de las sociedades de Medicina de Familia SEMFYC, Oncología Médica SEOM, Radiodiagnóstico SERAM y Calidad Asistencial SECA fueron desgranando algunas de las aportaciones a realizar (o ya en ejecución): propuestas organizativas (como la definición de dos niveles de autonomía de gestión en AP por parte de SEMFYC), definición de indicadores y estándares (como la SEOM ha contribuido a definir en su  ámbito), participación en la evaluación y publicación de resultados, promoción del liderazgo profesional, motivación de sus asociados hacia la Gestión Clínica (GC), valoración de carteras de servicios y la correspondiente carga asistencial que generan, etc. Se habla de GC como transferencia de poder y de responsabilidad a los profesionales, de los documentos de los Foros profesionales de médicos, tanto del Foro de la Profesión Médica como del Foro de Médicos de Atención Primaria (que son valorados positivamente), de resistencias por parte de profesionales y de gestores, de la necesidad de definir objetivos alcanzables, de mecanismos de incentivación…, pero también se destaca la elevada fragmentación de iniciativas y de decisiones, en las que con gran frecuencia no se cuenta con los profesionales ni con sus instituciones. La GC se da como un hecho necesario, que se va a imponer, por lo que los profesionales debemos entrar a ello, aunque no se ofrece ninguna razón que justifique estas afirmaciones.

La escasa convicción de los profesionales de a pie va siendo puesta de manifiesta por distintos ponentes (y así seguirá el resto de la Jornada), y las dos ponencias que cierran esta primera parte contribuyen a señalar cuál puede ser la causa de todo esto: la posible desconexión entre las propuestas de GC y la realidad cotidiana de la clínica. Ahora bien, lo hacen por la vía de la negatividad, afirmando lo contrario: que la gestión clínica tiene que tener un fundamento clínico y desarrollarse con herramientas que tengan una lógica clínica, pues acaba condicionando la clínica y sus resultados (Javier Elola, Instituto para la Mejora de la Asistencia Sanitaria), y que la formación en GC no puede tener como objetivo formar gestores, sino médicos que quieran gestionar servicios a la vez que siguen enganchados a la clínica (Vicente Bertomeu, Máster en Dirección de Unidades Clínicas, Universidad de Murcia). Dificultades como la desconfianza de los gestores hacia los profesionales y la rigidez de la estructura sanitaria también fueron mencionadas en estas ponencias.

El acto institucional de inauguración, además de dejar claro el interés de FACME por protagonizar la GC, como ya ha quedado reseñado, sirvió para mostrar también el elevado interés del Ministerio en el desarrollo de la misma, así como la gran resistencia de los profesionales (defendida tanto por el presidente de la OMC, Juan J. Rodríguez Sendín, como por el secretario general de CESM, Francisco Miralles) a que la GC se entienda desde la idea del mero ahorro, concepto que debería ser desterrado de los discursos en torno a ella.

Una segunda mesa desarrolló aún con más amplitud la visión de las diferentes instituciones profesionales. Desde la perspectiva de autoridad sanitaria, el Consejero de Sanidad de Castilla y León, Antonio María Sáez Aguado, desgranó el desarrollo que esta comunidad autónoma está realizando del tema, desde cuatro principios básicos: gestión pública directa del sistema, voluntariedad del profesional, ausencia de cambio en la relación contractual y ausencia de personalidad jurídica propia de las unidades de GC. En su discurso fue analizando las diferentes dificultades que atraviesa la GC para su implantación (la burocratización y rigidez del sistema sanitario, el fondo de sospecha frente a la privatización, las resistencias de los profesionales, los conflictos de interés entre diferentes profesiones, la regulación laboral y el papel de los sindicatos, que, a su juicio, “quieren tener controlado todo lo que pasa en el día a día de los servicios sanitarios” -sin distinguir, claro, entre sindicatos profesionales y no profesionales, y en un intento que cada vez se percibe más orquestado de transformar la gestión del personal en una especie de juicio sumarísimo sin abogado en el que los profesionales no tengan más remedio que acatar las órdenes de la superioridad, que ya, de hecho, actúa de esta manera-). Finalmente, destacar que no tuvo dificultad en pronunciarse en favor de la dirección de las unidades clínicas por parte de profesionales médicos.A continuación, Serafín Romero (secretario general de la OMC) y Tomás Toranzo (vicesecretario general de CESM) hablaron de la GC como obligación y exigencia del médico, que ya en su propia práctica clínica tiene que gestionar recursos, y que tiene que recuperar el protagonismo que le corresponde en la organización de la atención sanitaria; asimismo, mencionaron las limitaciones de una GC que se quiera introducir sin asumir una serie de requisitos mínimos y sin la suficiente transparencia y participación de las organizaciones profesionales, lo que facilita todo tipo de miedos, rumores e interpretaciones. Castro Beiras, de la Alianza para la Gestión Clínica del SNS, integrada en FACME, acabó destacando la necesidad de un menor intervencionismo y una mayor flexibilidad en la gestión de la atención sanitaria, siendo necesaria una nueva arquitectura organizativa y una mayor participación y responsabilización de los profesionales.

La tercera mesa, a primera hora de la tarde, trajo a la Jornada diversas experiencias de GC que ya están en marcha en todo el territorio nacional: pero las limitaciones fueron muchas, ya que a los ponentes se les asignó un tiempo muy reducido y un esquema  de presentación similar al que ajustarse:

  • el Dr. Villacastín, del Instituto Cardiovascular de Madrid, habló de excelencias de resultados y de formación (89 residentes y 247 becarios hasta el momento actual), y de la existencia de dos salas satélites en el Severo Ochoa y en el Htal Ppe de Asturias, habiéndose constituido con ello una red asistencial en la que no se desplazan los pacientes, sino lo profesionales.
  • el Dr. Casán, del Área del Pulmón del Hospital Universitario Central de Asturias, insistió en el excesivo intervencionismo político, ejercido desde el desconocimiento de lo clínico, como un elemento perturbador, y recalcó la necesidad de incrementar la confianza en los profesionales, así como de permitir una auténtica gestión del capítulo presupuestario de personal.
  • el Dr Fraile, de la Empresa Pública Anillo Radiológico de Madrid, apunta que es la única Empresa pública que ha generado beneficios, lo que ha supuesto una bajada de tarifa
  • el Dr. Andrade, de la UCG Aparato Digestivo del Hospital Virgen de la Victoria (Málaga), inicia su presentación señalando que la GC en Andalucía no es una opción, sino una OBLIGACIÓN de todos los servicios hospitalarios y centros de salud desde Enero de 2012: los objetivos son impuestos sin negociación alguna, aunque últimamente se ha conseguido la inclusión de algunos objetivos clínico/asistenciales de la sociedad científica de digestivo (detección del cáncer colorrectal, colonoscopia con sedación, resultados del tto de la Hepatitis C); no existe planificación asistencial, no existe auto-gestión de recursos, no hay ninguna capacidad de selección de RRHH…
  • el Dr. Sellarés, de la EBA EAP Sardenya, presenta su experiencias desde una UGC constituida como sociedad profesional limitada, de la que solamente dice cosas buenas: capacidad real de gestión del presupuesto, máximo riesgo para los profesionales, mínimo riesgo para la Administración, propiedad ligada al ejercicio profesional. Son concursos públicos por periodos de 10 años, con cobro de mensualidades del 85%, y un 15% variable anual. Tienen unidades de investigación y unidad docente propias. Existe un alto grado de satisfacción de los profesionales, lo que, según él, produce que muchos más estén dispuestos a asumir proyectos como el suyo pero que están paralizados.

En general, se mencionaron las siguientes dificultades:

  • la existencia de déficits de planificación sanitaria, de cultura de evaluación y comparación, de confianza en los profesionales, de liderazgo y de espíritu crítico;
  • ausencia de una verdadera autonomía de funcionamiento, con un excesivo intervencionismo político y una visión muy economicista de la organización sanitaria;
  • dificultades surgidas de la existencia de una legislación laboral rígida, de las reivindicaciones sindicales, y de la resistencia al cambio de los profesionales;
  • entorno de crisis económica, incremento de expectativas por parte de la población y falta de regulación específica de la GC;
  • carencia de datos comparables, de un sistema de información sólido y consistente que permita comparaciones válidas.

Entre las oportunidades para el desarrollo de la GC, destacaron la conciencia de necesidad de cambio en el sistema para garantizar su sostenibilidad, la importancia de la definición de estándares en la mejora de la calidad, y un mayor control de la actividad asistencial y, a la vez, una mayor eficiencia económica y satisfacción de los profesionales. La cronicidadad y la continuidad y coordinación entre AP y AH se presentan como retos esperanzadores a la hora de renovar la estructura sanitaria.

No quedaron claros algunos aspectos, como el acceso de los profesionales a estas UGC y la determinación  de las “jefaturas” dentro de las mismas. Una vez constituídas dichas jefaturas, tienen mucho poder que pueden ejercer sobre otros profesionales; quizás de ahí que se vuelva a mencionar negativamente el contrapeso sindical. Pero nada garantiza que, de motu propio, la GC conlleve de suyo el buen trato a los profesionales de a pie.

 

Miguel Ángel García Pérez es médico de familia, doctor en Medicina y director médico de la Revista Madrileña de Medicina

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