Las dificultades de la gestión clínica. Fundamento profesional

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Volumen 2, nº 14. Junio 2014.

La clínica y la gestión

LAS DIFICULTADES DE LA GESTIÓN CLÍNICA (2): POR UNA GESTIÓN CLÍNICA DE BASE PROFESIONAL

Miguel Ángel García Pérez*

Ya se ha mencionado en estas páginas, y también lo ratificó Javier Elola en la Jornada que FACME organizó en torno a la Gestión Clínica (GC): si queremos que la GC cale en los profesionales, si queremos contar con su apoyo para la implantación de la misma, habrá que hacerse conscientes de que la GC debe partir de una base claramente profesional y clínica. Además de los miedos existentes a que la GC esté, en realidad, ocultando nuevos intentos privatizadores (miedos claramente justificados en actitudes políticas claramente manifiestas), existe otro aún más arraigado en el espíritu del profesional: el miedo a que se pretenda imponer una lógica externa, la de la gestión sanitaria, a la lógica clínica con la que está comprometido el profesional.

Es curioso que el término GC, incluyendo la palabra clínica, no haya salido de ámbitos profesionales, médicos, sino de ámbitos de la gestión. Y que en dicho término, la palabra “clínica” aparezca como adjetivo, sólo matizando el significado del sustantivo, gestión, no hace sino acentuar esa perspectiva. Lo que surge de todo ello es la idea de una imposición de la gestión sanitaria sobre la práctica de la clínica. Y eso no puede ser, de ninguna manera, atractivo para un profesional de a pie. Tendremos que darle alguna vuelta al asunto.

Es verdad que los clínicos gestionamos día a día en nuestra práctica asistencial: gestionamos información, gestionamos conocimientos científicos, gestionamos recursos disponibles en cada caso concreto, gestionamos incertidumbre, gestionamos expectativas… Gestionar no es un término nuevo para nosotros; lo que nos parece nuevo, y de ahí lo peligroso, es que se nos presente como nuevo dicho término, y esto nos hace temer que, realmente, no se nos esté ofreciendo una ampliación de lo que ya hacemos, sino una imposición de algo diferente.

En realidad, lo que se nos ofrece como GC no es más que una reformulación de la interfase entre lo que venimos llamando gestión sanitaria y lo que también podríamos llamar gestión de lo clínico. Por gestión sanitaria entenderíamos todo lo referente a la gestión de la estructura sanitaria, un gestión necesaria pero, a la vez, con limitaciones, dado que los servicios que presta no son “estructurales”, sino personales, y aquí encuentra el límite natural de su actuación. Por gestión de lo clínico entenderíamos, por el contrario, la gestión de ese servicio personal que es la asistencia sanitaria, que se presta directamente por profesionales a pacientes, y que, por lo mismo, no es el modelo de gestión que se puede aplicar al conjunto de la estructura sanitaria. El problema de la gestión clínica es, precisamente, dar respuesta adecuada a esa interfase.

Si utilizamos el lenguaje clásico de la gestión sanitaria, nos encontramos con diferentes niveles organizativos: macro, meso y micro. Es precisamente en la parte inferior de esta escala donde los mecanismos de gestión sanitaria se encuentran con aspectos no estructurales, sino de relación personal y clínica, donde no pueden ejercer bien su función. Por el contrario, la gestión de lo clínico, adecuada para el nivel micro, comenzaría a perder adecuación a partir del nivel meso hacia arriba, más allá de la organización de los servicios sanitarios concretos que permiten la prestación adecuada de dichos servicios. Gráficamente, podríamos entenderlo así:

RMM014 grafico GC

No existiría, pues, una sóla Gestión Clínica, sino que existiríran dos formas diferentes de vivir la gestión en la estructura sanitaria. El problema es cómo se relacionan ambas, si se relacionan en pie de igualdad y dónde se produce el encuentro entre una y otra.

Podemos decir que no sólo hasta ahora, sino que lo que sigue ocurriendo en este momento, es que la Gestión Sanitaria pretende imponerse sobre la Gestión de lo Clinico, incluso al nivel de lo micro, de la propia relación clínica. No es extraño, por tanto, que el profesional de a pie viva la Gestión en general como algo extraño, superpuesto, incluso opresor y nada respetuoso de su ámbito de actuación. Sin embargo, lo que parece pretenderse con la Gestión Clínica, o lo que debería pretenderse, es precisamente el respeto de la gestión de lo clínico, del nivel micro y su gestión profesional, y el reconocimiento de ambos niveles de gestión, que, desde luego, en algún punto deberían encontrarse.

Pasamos, por tanto, al segundo punto: ¿cuál es el lugar idóneo para que se produzca ese encuentro? ¿Y qué formato es el ideal para regularlo? Si hasta ahora era el nivel de lo micro, y con una sensación de que, bajo la forma de Contratos de Gestión, lo que se hacía era imponer criterios de gestión sanitaria a lo clínico, parece llegado el momento de trazar un nuevo nivel y un nuevo formato para esa interacción. El nivel probablemente se encuentre en algún lugar de lo meso, que reconozca no sólo la capacidad, sino también la idoneidad de que sean los propios clínicos los que controlen las circunstancias organizativas que más intensamente influyen y condicionan su actividad profesional; no es más que esto lo que demandan las propuestas profesionales en marcha en el ámbito de la Gestión Clínica. Y el formato debería ser absolutamente respetuoso con cada uno de los niveles de gestión, a través de un verdadero contrato en el que exista capacidad de negociación, un contrato firmado en condiciones de igualdad y un contrato que reconozca esferas propias de decisión.

Aún hay mucho que caminar en esta dirección, hay mucho que pensar y dialogar. Acelerar el proceso no significará sino continuar con la actual vivencia de que se pretende perpetuar el predominio de lo sanitario sobre lo clínico, y seguir moviéndonos lejos de los intereses y las expectativas de los profesionales. Y probablemente no es esto lo que se quiere.

 

Miguel Ángel García Pérez es médico de familia, doctor en Medicina y director médico de la Revista Madrileña de Medicina

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