COVID-19. Ni alarmar ni trivializar

2

Comenzamos con esta entrada una sección (esperamos que temporal) en la web AMYTS, dedicada expresamente a la marcha de la infección por coronavirus. Queremos así hacernos eco de la preocupación  social, pero sobre todo profesional, generada por este nuevo problema infeccioso, que amenaza con alcanzar dimensiones de pandemia según la OMS. Y queremos hacerlo desde dos opciones que tenemos muy claras: la opción de la tranquilidad (estamos, en principio, ante un problema que parece ser no mucho más grave que una epidemia de gripe por lo que se va pudiendo poner en claro) y la opción de la seriedad (es conveniente prepararse adecuadamente y desarrollar las medidas necesarias para reducir su impacto en la sociedad y maximizar la capacidad de atención de nuestro sistema sanitario, comenzando por la protección adecuada de los profesionales).

Ante la infección por coronavirus, nos parece que se está desarrollando una dinámica social muy compleja. Por un lado, se insiste en su levedad, en el elevado número de personas que, una vez contagiadas, no desarrollan más que un cuadro de sintomatología catarral o febril leve, como puede ocurrir en cualquier otra infección respiratoria. Por otro, se declara la emergencia sanitaria internacional, que supone un mensaje claro y conciso a los gobiernos de todo el mundo para que se preparen adecuadamente ante el impacto que esta infección puede alcanzar si afecta a un número elevado de personas. Y en esta conjunción, lo que se produce en la sociedad es una especie de “todo revuelto” en el que se desarrolla una gran alarma social a pesar de la levedad y, quizás como reacción, una gestión de la alerta sanitaria que no alcanza la seriedad y profundidad que debiera tener que desarrollar.

Venimos insistiendo, desde hace unos días, en que debemos separar ambas dimensiones de la posible epidemia: por un lado, la dimensión social; y por otro, la dimensión sanitaria. Porque ambas deben ser atendidas con su discurso propio, evitando cualquier mezcla indebida entre ambos ingredientes.

En lo referente a la dimensión social, lo que debe quedar claro es que no se trata de una epidemia de la gravedad de, por ejemplo, el ébola o el SARS (síndrome respiratorio agudo grave) y que, por el contrario, se parece mucho más a un brote anual de la gripe, aunque quizás con un número mayor de afectados. Esto no significa trivializar la infección por coronavirus, porque, por desgracia, y al igual que pasa todos los años con la gripe, producirá un número determinado de muertes entre nosotros. Y no nos tranquiliza en absoluto que la mayoría de fallecimientos puedan producirse en enfermos crónicos o personas muy mayores, porque son tan miembros de nuestra sociedad como cualquiera de nosotros. Tendremos que hacer todo lo necesario para reducir al máximo el número de defunciones, pertenezcan al grupo que pertenezcan. Y esto sí que es importante.

Y en lo referente a la dimensión sanitaria, lo que tendría que estarse ya desarrollando, desde hace días / semanas, es la adecuada activación de todo el sistema sanitario para poder dar respuesta a la necesidad incrementada de atención que, a buen seguro, demandará la infección por coronavirus, garantizando además que quienes tendrán que prestarla podrán disfrutar de las máximas medidas de seguridad para no verse afectados/as por la infección de una forma desproporcionada y para no servir, a su vez, de vectores de contagio a otras personas que deban atender por sus diferentes patologías, que se seguirán produciendo. Que el sistema sanitario se prepare, y lo haga de forma anticipada (cosa que, como sabemos, no está ocurriendo suficientemente) no debe ser motivo de alarma para la sociedad, sino más bien elemento moderador del impacto social que la epidemia pueda tener y, por tanto, factor de tranquilidad social. No se debe confundir, por tanto, alerta sanitaria con alarma social.

Desde esta idea, que conjuga la alerta sanitaria con la tranquilidad social, iremos desgranando los diferentes aspectos de esta “crisis”, con la intención de denunciar aquéllas situaciones que afectan negativamente a su adecuada gestión. Siempre con un tono de respeto, de colaboración con las autoridades sanitarias, de compromiso con los pacientes y con el conjunto de la sociedad, pero siempre también desde la crítica allí donde sea necesaria, y desde la opción inequívoca por el cuidado de los profesionales, que son quienes harán frente a cada caso concreto de infección que precise tratamiento.

Ojalá consigamos que éste sea un espacio de reflexión, de profundización, de diálogo, que nos ayude a todos a superar, con los mejores resultados, este problema que tenemos, ya, entre las manos. Y que este espacio no sea necesario durante mucho tiempo.

Compartir:

2 comentarios

Deja una respuesta

¡Usamos cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia en esta web! Si sigues navegando, consientes y aceptas estas cookies en tu ordenador, móvil o tablet. Más información sobre las cookies y cómo cambiar su configuración en tu navegador aquí.

x