GESTIÓN HUMANA. Contrastes

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Mientras se presentan planes de humanización de la asistencia que no se pueden consultar, al menos en el momento de redactar este artículo, a nosotros nos preocupa que el trabajo de los profesionales sanitarios, los verdaderos humanizadores de la asistencia, sea adecuadamente promovido y reconocido. Esta es la manera en que nos parece que realmente se puede potenciar la humanización asistencial, ya que el elemento “humano” es aquí imprescindible. De ahí que pongamos atención a las buenas y a las malas prácticas que se dan en este ámbito, para difundir las primeras y para crear la necesaria conciencia para eliminar las segundas. Y es que, sí, la gestión sanitaria es un mundo de contrastes.

De lo primero, las buenas prácticas, es un ejemplo el informe presentado este año por la Chief Medical Officer (Oficial Jefe Médico) de Escocia y especialista en Obstetricia y Ginecología, Catherine Calderwood, con el sugerente título de “Medicina realista”. Porque, ciertamente, hay que ser realista (y partir de la realidad) para poder introducir mejoras en el complicado mundo sanitario. Y por eso es muy sugerente que plantee su propuesta como una pregunta abierta a los profesionales, cuyo liderazgo reconoce, y a cuyas aportaciones se abre:

Grafico EscociaPor contraste, en su misma especialidad y también en el Reino Unido, un estudio viene a demostrar la existencia e importancia del problema del bullying, la humillación y el abuso en entornos de trabajo profesional médico. Una encuesta realizada por el Real Colegio de Obstetricia y Ginecología, a la que respondieron 664 especialistas (un 28% del total) muestra que la prevalencia de ese tipo de problemas se encuentra entre el 12 y el 44% de los consultants (figura británica asimilable a la de facultativo especialista adjunto de nuestro sistema sanitario). Actitudes como el desprecio de la dignidad personal o las capacidades profesionales, la crítica injustificada o la exclusión intencionada de los ambientes de relación o trabajo, mantenidos durante largo tiempo (más de tres años en los dos tercios de los afectados) y con importantes consecuencias en su vida personal y familiar y/o su salud, muestran como nuestras organizaciones sanitarias necesitan, valga la paradoja, un buen examen de salud y la puesta en marcha de medidas correctoras, que no pueden limitarse a la palmadita en el hombro o la recomendación de autoprotección. Se trata de conductas degradantes que no deberían ser toleradas ni por los compañeros, ni por los superiores ni, por supuesto, por los gestores sanitarias, y que deberían poner en riesgo la continuidad profesional de los que perpetran dichos actos, y no de quienes se ven obligados a sufrirlos.

He aquí un buen objetivo de cualquier programa de humanización: humanizar el trato a los verdaderos humanizadores. A ver si algo de esto se recoge en el hasta ahora desconocido Plan de Humanización.

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia, máster en Bioética. Director médico de la Revista Madrileña de Medicina

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