CON FIRMA. “Falta de seriedad en temas serios”, por Miguel Ángel García

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Me ha tocado, durante los últimos meses, acompañar la preparación de la OPE en marcha a muchos compañeros de especialidades hospitalarios, y volver a experimentar la incertidumbre, la duda, el esfuerzo, la esperanza. La mayoría de ellos son profesionales en ejercicio activo, y muchos lo son en las mismas plazas que se ofrecen a concurso (aunque éstas aún no estén definidas). Continúan viendo a nuestros pacientes, a nuestros conciudadanos, prestándoles servicios sanitarios de calidad, y, a la vez, se encuentran sometidos a la incertidumbre de un proceso selectivo que tiene grandes posibilidades de dejarles fuera…

La sensación, desde luego, no es agradable. Pero lo es mucho menos aún cuando uno palpa la desconfianza añadida con que se mira a este proceso selectivo, como huella de las situaciones vividas o conocidas de procesos previos. Es cierto que ha cambiado la modalidad de examen, lo que hace más difícil la selección “a dedo”, pero no excluye en absoluto que se puedan producir filtraciones u otras situaciones irregulares que, esperemos, no lleguen a producirse. El papel de los miembros de los Tribunales es aquí fundamental, y la conciencia de su papel en ellos debe ser clara: no están allí para seleccionar a los que ellos crean que son los mejores profesionales (poder que no se le da a nadie en este tipo de procesos), sino para perfilar y desarrollar un proceso objetivo de selección que ya viene definido en la convocatoria, en base a la legalidad vigente. Y dado que es importante respetar los principios constitucionales de igualdad, mérito y capacidad en el acceso a los puestos públicos, han de ser conscientes de las responsabilidades éticas, deontológicas, civiles y/o penales en que incurrirían (y que todos les pediríamos) si generan, cooperan o colaboran en cualquier irregularidad de forma consciente.

El tema, como se ve, es serio, y la preocupación también. A las dudas vividas por tantos y tantos profesionales, confirmadas en la encuesta realizada por AMYTS (tan sonora que llamó la atención del propio Consejero, quien al parecer habitaba en las nubes en relación a todo esto), hemos querido dar respuesta, al menos parcial y hasta donde sea posible, presionando a la Administración para que tome las medidas necesarias de cara a minimizar riesgos. Por hacer de portavoces de algo tan claro y nítido, se nos ha acusado casi de agitadores. Y, a la vez, se ha tomado buena nota de nuestras propuestas y se han aireado a viento y marea, sin entrar a dialogarlas y profundizarlas en absoluto, como ideas de la propia Consejería, que va a “revolucionar” el sistema de realización de las OPE. Ninguna de esas medidas salieron a la luz por iniciativa de la propia Consejería, sino de AMYTS en las diferentes mesas en que se ha hablado del tema. Y vuelvo a recordar que por el simple hecho de haber sacado a la luz una realidad que no era evidente para la Administración, aunque sí para la inmensa mayoría de profesionales.

Este tipo de comportamientos, en los que se prima la publicidad y un falso protagonismo en las medidas en lugar de un serio y profundo diálogo en las mesas de negociación, parecen más bien una traición a la seriedad de los temas que nos traemos entre manos. El diálogo suele ofrecer una oportunidad para matizar, orientar, mejorar… las propuestas, y hacerlas más acordes con la realidad profesional a la que pretenden dar respuesta. Esa es la gran invitación que, desde AMYTS, hacemos a la Consejería, para llegar a un proceso verdaderamente profesional y transparente en la selección de los facultativos que han de prestar la asistencia sanitaria a nuestros conciudadanos. Más lejos de los titulares, y más cerca del verdadero compromiso con la calidad.

Pero bueno, las grandes propuestas “revolucionarias” planteadas por el Consejero quedan para otras convocatorias. De cara al futuro, sí, hay que negociar nuevos baremos (por la injusticia que supone el baremo desequilibrado que impuso la anterior Administración sanitaria para esta OPE, con el apoyo de algunos sindicatos no médicos) y procesos más justos y adecuados, pero de cara a este proceso selectivo hay que esforzarse al máximo con las reglas que tenemos; y aunque hemos aquilatado en lo posible con la Consejería los procedimientos, queda aún el temor de muchos compañeros. Ya me gustaría a mí que dicho temor fuera totalmente infundado, y que todos pudierámos apostar (y yo lo hago) por el compromiso ético y profesional y la altura de miras de los miembros de los tribunales selectivos, pues pueden convertirse en abanderados de un nuevo clima en los hospitales madrileños: un clima más coherente con el respeto a los derechos humanos y laborales de los profesionales y con la atención sanitaria de calidad que en ellos se presta.

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia, máster en Bioética y Derecho. Responsable AMYTS de Formación y Desarrollo Profesional. Director médico de la Revista Madrileña de Medicina
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