EXPERIENCIAS COVID. Médicos que atravesaron la infección por coronavirus

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A lo largo de estos dos meses de “crisis COVID” han sido muchos los profesionales sanitarios que han padecido la infección en sus propias carnes. Por desgracia, algunos de ellos se han dejado la vida en el camino, y han pasado a engrosar la cifra de fallecidos. La mayoría, por el contrario, se han recuperado de ella (total o parcialmente), y muchos han regresado a la actividad profesional. Y algunos de ellos han compartido su experiencia por diferentes medios.

Ahora, una vez superado el primer embate de la infección, que ha tenido en jaque a todo el sistema sanitario, es buen momento para echar la mirada atrás y recuperar algunas de esas experiencias. Para que no se nos olvide lo que la enfermedad es, la experiencia que supone, y lo que deja como huella en los profesionales. Y para que no olvidemos, tampoco, que la infección COVID tiene una dimensión personal importante, de sufrimiento primero, pero también de crecimiento personal para muchos de los que se recuperan. Como ya queda dicho más arriba, por desgracia hay quienes no pueden superarla.

Vicente Baos, autor del blog “El supositorio” y muy conocido por su faceta como experto en el uso de fármacos en Atención Primaria, compartía el pasado 1 de abril su experiencia como paciente COVID: Su contagio en los inicios de la infección en España, cuando se negaba (aunque ya existía) su transmisión comunitaria y probablemente a partir de alguno(s) de los pacientes que atendió, su evolución hacia un cuadro grave que le colocó a las puertas de la UCI, lo que se le pasa a uno por la cabeza en momentos como ese (esta semana volvía a refrescarlo en una nueva entrada de su blog, en homenaje a los fallecidos por COVID) y la lenta pero progresiva recuperación a partir de ese momento. Deja pendiente para otra ocasión desarrollar “la dimensión más emocional” de su tránsito por la enfermedad, pero lo que compartido ya deja entrever alguno de los elementos de la misma. Un buen testimonio de que la infección no es banal, que hay casos graves que te colocan en las puertas de la muerte. Puertas que, por desgracia, algunos compañeros y  muchos, muchísimos ciudadanos, abren para no volver.

El 12 de abril, el diario “El Día de Segovia” publicaba la experiencia de Alberto Montarelo, médico de urgencias en el SUMMA 112. También pudo haberlo contraído de un paciente al que tuvo que tratar sin conocer su posible condición de infectado por COVID. Consiguió superar la infección en casa, bien aislado del resto de la familia, para protegerla, pero apurado en cuanto a síntomas respiratorios.  Confiesa que miedo y dolor le conquistaban durante los momentos de mayor intensidad de los síntomas. Cuestiona el desacierto político en la gestión de la crisis, que llevó a retrasos que han sido perjudiciales para todos y que ha gastado esfuerzos necesarios para otras lides en la autojustificación por los errores, en lugar de asumir responsabilidades y centrarse en orientar el futuro. Y se enorgullece de pertenecer a una profesión que ha sabido dar la nota en esta crisis y vivir su compromiso de lucha contra la enfermedad a pesar de los propios miedos y temores. Concluye con los aprendizajes que ha podido sacar de la experiencia: valorar la vida y a quienes se la acompañan, y ser capaz de aceptar la propia muerte, que, afortunadamente, no pudo con él.

Y en nuestras mismas páginas hemos recogido también la experiencia de algunos compañeros. Marina Gómez-Morán nos la contaba el 19 de abril en nuestra e-Revista, destacando la incertidumbre inicial, el dolor por el sufrimiento ajeno, el miedo por el riesgo de contagio, la crudeza de algunas decisiones y la dureza de poner y quitarse continuamente los equipos de protección… Pero también nos habla del estímulo que para ella suponen los aplausos de la calle y, sobre todo, el orgullo de ser compañero de profesionales que han estado dándolo todo junto a los pacientes.

Y Óscar Rodríguez el pasado 3 de mayo, con una forma leve de la enfermedad que no le dejó privarse por ello de algunos de los miedos ya referidos, como el de contagiar a los familiares. Pero sobre todo nos cuenta lo que realmente le motivaba a volver a su trabajo: ni la elevada misión de la institución para la que trabaja, el SERMAS, ni sus superiores, ni siquiera los aplausos sentidos en la calle, sino el esfuerzo continuo de los compañeros que seguían dándolo todo por llegar a responder a tanto sufrimiento, a pesar de las dificultades, y de tanto otro personal que salía a diario para mantener en marcha los circuitos de supervivencia de una sociedad en confinamiento.

Estamos seguros que hay muchas otras experiencias de este tipo, de las que aprender, y mucho. Si conoces alguna de ellas, puedes hacernos llegar la referencia a revista@amyts.es, y trataremos de darles difusión en este mismo medio. Pero ya podemos ir concluyendo algo: haber estado en el frente atendiendo a pacientes COVID y, a la vez, haber sufrido la infección en primera persona, deja poso, y ayuda a dar profundidad a la experiencia que, como sociedad, debería ayudarnos a mejorar nuestro futuro: valorar lo realmente esencial, y apostar por ello. Y si desde luego lo es el hecho de vivir, y también el de convivir con familiares y allegados, también lo son el compromiso profesional vivido en equipo y la apuesta por un sistema sanitario sólido y de calidad que pueda dar respuesta a las necesidades vitales de tantas personas. Ojalá esto no se olvide, ojalá lo asuman de verdad quienes gestionan las decisiones en el seno de nuestra sociedad. Porque tantas veces no les vemos demasiado convencidos…

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