CON FIRMA. “Un día cualquiera de la nueva normalidad”, por Ángela Hernández

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No puedo más.

Con gestos mecánicos colgó el teléfono, pasó paño con solución desinfectante, se desinfectó las manos y recogió sus cosas… hasta mañana. El problema es que no quería que llegara mañana. ¿Qué podía haber sucedido para que el sueño por el que tanto luchó se convirtiera en su pesadilla diaria?

Recordó la mirada de angustia y desolación de Juan*. Eso no podía evitarse, ni con la consulta presencial y la media hora dedicada a dar la noticia lo mejor posible. Pero lo demás, lo demás no solo debía evitarse, debía resolverse de una vez, porque… ¿y si no hubiera estado atenta? Lo peor es que, aunque sentía hervir la indignación contra el hospital, sabía que ni siquiera era la culpa del otro especialista. Es que él estaba tan indignado como ella.

La historia de Juan empezó con aquel bulto en el cuello en mitad de la peor pandemia que hemos afrontado. El infierno burocrático para lograr que le vieran en plena crisis. Pero recordó con orgullo cómo no se  rindió, cómo tras cursar la cita preferente y varias llamadas para asegurarse, le hicieron la ecografía y la punción, y tenía la consulta para Hematología. A partir de ahí todo debería haber rodado…

Entre las treinta y pico llamadas, los pacientes citados y varios domicilios pendientes, un administrativo le había insistido en atender a un chico que llamaba “de forma insistente”.

-Hola Juan, buenas tardes. ¿Qué querías contarme que no podía esperar a que te llamara?

-Me ha llegado un SMS del hospital…  Me han anulado la consulta.

-Espera un momento, Juan, pero… ¿te han llamado para el resultado?

-No, nadie ha llamado.

-Veré que puedo hacer. Te llamo con lo que averigüe…

Seguramente la punción ha sido normal y anulan la cita para que revalore yo la evolución del ganglio y si sigue siendo necesaria o no. Como no tengo nada que hacer… ¿Qué les costaría llamar desde el hospital? -parlotea indignada con el ordenador mientras hace la consulta, es una costumbre que empezó no sabe muy bien cuándo, porque precisamente lo que a ella le gustaba de verdad era hablar con sus pacientes, es más, lo que más disfrutaba era prevenir cosas para que ni llegaran a serlo (a ser posible). Con un cupo de 1500 ciudadanos en teoría debería ser posible, habría tantas cosas que se podrían hacer… Pero se estaba despistando, mejor concentrarse en consultar el informe…”

– ¡La madre del cordero!

Varias llamadas, unas en espera, otras que no pueden ayudarme, pero por fin logra hablar con el hematólogo del hospital.

-¡Me c… en tó lo que se menea! No puede ser. Esto es un p… desastre -la doctora se ve reflejada en la indignación que escucha al otro lado de la línea. Por fin, tras el desahogo, un suspiro- Le veo mañana a primera hora… Ya veré cómo lo hago, pero que venga, claro, y disculpa.

 

-La biopsia es positiva para linfoma de Hodgkin**. Cogido a tiempo las posibilidades son buenas, mañana te verán en el hospital… A primera hora, te ha hecho un hueco en su agenda el hematólogo. Tranquilos, estáis en buenas manos.

Juan la mira por última vez, logra vencer al miedo que reflejan sus ojos justo antes de salir de la consulta, tras su madre que ha roto a llorar conteniendo los sollozos para decir tímidamente:

-Gracias, doctora.

Cerró la puerta de la consulta y se dirigió al coche, pero el caso de Juan y otros parecidos no dejaban de darle vueltas a la cabeza. ¿Y si…  y si el paciente no hubiera insistido…? ¿Y si el administrativo no hubiera insistido…? ¿Y si ella no hubiera insistido…?

Los profesionales de la sanidad estamos cansándonos de insistir. Y lo acabamos pagando todos. Insiste para que la sanidad se gestione con eficacia, con cabeza y con corazón, y no a golpe de numeritis y ocurrencias. Ayúdanos para que no se pierdan Juanes, biopsias ni diagnósticos.

#InsistePorLaSanidad

Ángela Hernández Puente
Cirujana General y del Aparato Digestivo, Hospital del Sureste. Vicesecretaria general de AMYTS

 

*Caso inventado a raíz de una conversación, que puede representar muchos otros casos y situaciones reales en las que el sistema debería estar al servicio de médicos y pacientes, y no convertirse en una carrera de obstáculos para ambos, ni de acusaciones arrojadizas entre niveles asistenciales.

**La tasa de supervivencia a 5 años para las personas con linfoma de Hodgkin en estadio II es del 93 %. Aproximadamente el 40 % de las personas recibe el diagnóstico en este estadio. Para el estadio III, la tasa de supervivencia a 5 años es del 83 %, y para el estadio IV es casi del 73 %.

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