EL FUTURO DE LA PROFESIÓN …y su sensibilidad: La cuna vacía, por Delegación CEEM de Alumnos de Medicina de la Universidad Alfonso X el Sabio

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Hace pocos días una gran amiga pasó por una de las experiencias más duras y menos esperadas en la vida de cualquier persona: perdió a su hijo.

Tras siete meses de gestación, comenzó a sangrar abundantemente, llamaron asustados a la ambulancia y la llevaron al hospital más cercano. De camino sólo podía pensar en su bebé. Al llegar al hospital se sintió aliviada al escuchar el corazón de su pequeño, pero por motivos que ella no pudo entender el niño estaba sufriendo y precisaba una cesárea urgente.

Durante la cirugía ella se sentía muy mareada, debido a la pérdida de sangre y la anestesia, sólo recuerda los gritos del personal de quirófano y las manos de los cirujanos dentro de ella. En todo este tiempo a él no le permitieron acompañarla y aguardó angustiado las noticias en la sala de espera.

Nada les había preparado para esto; Elías nunca llego a respirar.

Fui a visitarles a los pocos días. Cuando le pregunté a mi amiga “¿Cómo estás?”, lo único que pudo responder fue, “vacía”, y acto seguido me preguntó: “¿Qué he hecho mal? , ¿Qué tengo mal dentro de mí?”. Estas palabras me marcaron profundamente y me han movido a escribir este artículo.

¿Cómo afrontan los padres una pérdida de ese calibre?, ¿cómo podemos ayudar los profesionales en ese duelo? , ¿qué hacer con el bebé?, ¿es un cadáver o un desecho quirúrgico?, ¿son justas las leyes que regulan este período? Son muchas las preguntas que se pueden plantear y muy pocas las que ahora mismo puedo responder.

Lo primero que debemos conocer son unas pinceladas legales: según el artículo 30 del Código Civil, la personalidad jurídica (ser humano a efectos civiles) se adquiere en el nacimiento con vida, tras el entero desprendimiento del seno materno; para los casos en los que el niño no tenga ningún signo vital al nacimiento podemos recurrir a la sentencia 53 del 11 de abril de 1985, considerándolos personas a efectos humanitarios. Por lo tanto, los padres tendrán derecho a disponer del cuerpo del pequeño.

A nivel científico debemos manejar tres términos: aborto es la expulsión o extracción de un feto o embrión menor 500 gramos (aproximadamente 22 semanas), muerte fetal es la muerte del feto antes de la separación completa de la madre, es decir sin signos de vida al nacimiento, y, por último, nacido vivo será aquel que presente signos vitales tras la extracción completa del cuerpo de la madre.

Pese a lo que la ley y la ciencia desde un punto de vista objetivo asumen, para los que pierden a un niño en estas condiciones todo cambia. Él ya era una persona desde el momento en que supieron de su existencia, y su aflicción debe ser tratada como cualquier otra.

Tras las consideraciones legales y científicas, quise enfrentarme a esta difícil pregunta: ¿Qué hacer con el bebé? Ellos querían despedirse del niño. Lo consideraban importante para su duelo, y por suerte pudieron hacerlo y después enterrar al pequeño. Pero no siempre es así, hay hospitales donde no permiten o no recomiendan ese espacio, pese a que numerosos estudios demuestran que ver y coger al bebé puede ayudar a superar esa pérdida.

Aunque en este caso no fuera necesario, en otros debemos plantear la posibilidad de realizar una autopsia, especialmente en los casos en los que el resultado pueda ser de utilidad para futuros embarazos, siempre bajo el consentimiento de los padres y permitiéndoles recuperar el cuerpo de su bebé.

Debemos también informar a los padres de sus derechos de baja por maternidad o paternidad. La mujer tendrá derecho a baja por maternidad siempre que la gestación haya durado más de 180 días, mientras que el padre sólo tiene derecho a baja si el bebé se considera nacido vivo. El tomarse este tiempo es una decisión muy personal.

Para finalizar, debemos tener en cuenta que cada padre es diferente, con unas creencias, pensamientos y circunstancias muy variadas, por lo que serán ellos los que deberán tomar las decisiones y el personal sanitario quien deberá aportar la información necesaria para ello.

A partir de aquí lo único que podemos hacer es facilitar a los padres el acceso a psicólogos, grupos de apoyo y asociaciones, por si necesitaran ayuda en este proceso, siendo conscientes de las duras preguntas a la que se enfrentarán al llegar a casa: ¿qué hago con la cosas del bebé?, ¿volvemos a quedarnos embarazados inmediatamente o esperamos?, ¿cómo le explico al resto de mis hijos la muerte de su hermanito?, ¿me recuperaré de este sentimiento de culpa?…

Mi amiga acaba de llegar a casa y se pregunta qué hacer con esta cuna vacía.

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