EDITORIAL. Gestión profesional frente a gestión política. Una cuestión de supervivencia, por Cristóbal López-Cortijo

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Cuando aún no se han apagado los ecos de la Privatización Sanitaria en la Comunidad de Madrid, y se mantiene como mar de fondo la Marea Blanca con convocatorias residuales y ocasionales que aún llenan las calles y encuentran cierto eco en los medios de comunicación, nos encontramos abocados en menos de 6 meses a unas nuevas elecciones autonómicas.

Y en buena lógica , esto tendría que ser un hecho sin mayor trascendencia en la sanidad. La asistencia sanitaria debería ser un mecanismo autónomo, de funcionamiento independiente del avatar político. ¿Acaso la incidencia de la enfermedad cardiovascular, o los mecanismos de biología molecular de los tumores, o el virus Ébola entienden de colores políticos o prefieren éste o aquel partido para variar su incidencia o su mortalidad?
Evidentemente no es así, la enfermedad sigue unos patrones que no dependen de quien nos gobierna en cada momento, pero sí depende de esto la respuesta que el sistema sanitario da a la enfermedad ynuestra capacidad de atender a las necesidades de nuestros pacientes, ya que la gestión de la asistencia sanitaria depende de las directrices de los gestores de la sanidad, que actúan de forma ciegamente fiel a los políticos, de quienes depende de forma absoluta su futuro.
Con la máxima de que la demanda sanitaria crece de forma exponencial y ha de ser atendida con unos recursos que son contados y no crecen al mismo ritmo, los dirigentes políticos modulan y restringen los presupuestos de forma cada vez más opresiva.
Además los criterios de adecuación de los presupuestos a las posibilidades del país no se toman atendiendo a la lógica, consensuando con los profesionales sanitarios dónde incidir en el ahorro y dónde es peligroso hacerlo; las decisiones se toman atendiendo a criterios puramente electorales, para los que importa no tanto el bienestar y la salud del ciudadano, sino a quién va a asignar su voto en la próxima cita electoral, cada vez más cercana.
Dentro de 6 meses en Madrid puede gobernar cualquiera, y esto, que es la esencia de la Democracia, se convierte en una incertidumbre peligrosa en los centros de salud y hospitales por circunstancias ajenas a lo sanitario, que intento explicar a continuación.

Hace años, sólo los cargos directivos eran puestos en cuestión con cada cambio de tercio político: con cada nuevo Gobierno y, por tanto, Consejero de Sanidad, todos los cargos de la Consejería cambiaban como hileras de fichas de dominó derribadas de forma paulatina, y sumían a toda la sanidad madrileña en un marasmo durante meses, hasta que las nuevas fichas eran levantadas ocupando su lugar. Pero el paso de los años no ha hecho sino empeorar el problema, pues ya no solo los cargos políticos y de alta dirección se ven amenazados con el cambio, sino que actualmente los llamados cargos de confianza se han extendido a todos los niveles del escalafón sanitario: jefes de servicio y de sección, supervisoras de enfermería, incluso los facultativos especialistas y muchos otros profesionales han sido promovidos a sus cargos mediante OPEs y otras formulas de contratación dirigidas desde los escaños del Parlamento Autonómico.
A esto hay que añadir que en periodo preelectoral las inversiones se redirigen para obtener determinados resultados de última hora, buscando el rédito electoral y en detrimento de planes de mayor beneficio hacia el propio paciente.

Los límites de la sinrazón y del dirigismo político han llegado a tal extremo que podría darse el caso de que un alto porcentaje de los profesionales de un centro sanitario podrían verse relevados en caso de alternancia. Así no se puede planificar el trabajo, ni se pueden conseguir resultados mínimamente aceptables.
Si no acabamos con esta dependencia del poder político, la sanidad pública nunca será gestionada de forma razonable , no sobrevivirá a los altibajos económicos, y, cuando sus exigencias presupuestarias superen a su capacidad de conseguir votos, se convertirá en la oveja negra de los presupuestos y perderá su rango de derecho fundamental, siendo solo accesible a aquel que se la pueda sufragar. Y no será necesaria más de una generación para ello.
En la primavera próxima hay elecciones en la Comunidad de Madrid: afortunadamente la democracia sigue su camino, y es de desear que el futuro de la sanidad pública, como todos la conocemos, siga asegurado, sea cual sea el resultado de la contienda electoral.

Cristóbal López Cortijo
Vicepresidente de AMYTS

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