EDITORIAL. “Horizontalidad y diálogo”, por David Laguna Ortega

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Desde la anterior legislatura, la Consejería de Salud de la Comunidad de Madrid ha venido imponiendo la verticalidad en la relación con los médicos y la asociación que mayoritariamente les representa, AMYTS. Con verticalidad me refiero a una forma arcaica de entender la política en relación con los profesionales sanitarios. Es el clásico “Yo mando. Tú obedeces” amparándose en el “Yo he sido elegido por los ciudadanos, luego tengo su respaldo para hacer lo que quiera”.

Esta relación de verticalidad se ha visto incrementada con el comienzo de la crisis. La aparente necesidad de reducir el gasto sanitario ha provocado un aumento de la arbitrariedad en las decisiones políticas que ha llevado a jubilaciones forzosas, reducción de plantillas, recortes en prestaciones para los pacientes, eliminación de “moscosos”, congelaciones salariales, contratos basura al 25-75%, intento de privatizaciones hospitalarias y un largo etcétera que me da pena recordar. Estas decisiones se han llevado a cabo en dos vertientes verticales: directamente desde la consejería e indirectamente por los cargos intermedios (jefes de unidad y servicio) a los que se les ha dado más o menos libertad para reducir costes en cada servicio. Todo esto ha llevado al médico a una situación de indefensión con respecto a la Administración y sus cargos intermedios, cada vez más alejados de la clínica y los pacientes y más centrados en la gestión de recortes.

El profesional médico ha sido desprovisto hasta de un 30% de su salario real desde el comienzo de la crisis y está completamente ninguneado a la hora de gestionar sus pacientes. Además, se perpetúa la falta de estabilidad laboral y al médico se le niega la promoción y carrera profesional, tan necesaria hoy en día para una medicina moderna. La imprescindible formación continua corre a cargo del bolsillo del médico y no hay ayudas para cursos y congresos. Los residentes que terminan su periodo formativo acaban engrosando las listas del paro, o en el mejor de los casos con contratos miserables al 25-75%. Y lo peor, el médico sigue sin una Administración que le escuche.

La creciente desilusión de la ciudadanía general, y de los profesionales sanitarios en particular, ha llevado últimamente (probablemente por la proximidad de las elecciones) a cambiar discretamente el discurso. No es suficiente. Un ejemplo de ello ha sido la convocatoria de interinidades en atención hospitalaria. Desde la administración se propone que será ella quien decida dónde y cuántas plazas ofertadas salgan por especialidad y centro de trabajo. Se ha terminado de baremar (por cierto, sin uniformidad dentro de cada centro y entre centros), pero no se sabe cuántas plazas saldrán ni cómo estarán distribuidas. Se va a dar el caso que especialistas eventuales con un montón de años de experiencia y curriculum a sus espaldas no obtengan una merecida plaza de interino porque a la Administración no le convenga que salgan plazas de esa especialidad en ese centro u hospital y, en cambio, que otros especialistas recién terminada su formación y sin apenas curriculum obtengan la interinidad.

Desde AMYTS propusimos que se aplicaran los pactos del 2007, en los que a todo profesional con más de dos años de trabajo se le reconoce una plaza de interinidad. Queremos que todo el proceso se haga de forma objetiva y centralizada como única manera de garantizar los criterios de igualdad, mérito y capacidad. Por eso no firmamos el acuerdo y lo hemos impugnado, y estamos pendientes de llevarlo a los tribunales. Mientras la Administración no se siente a negociar algo tan evidente como la igualdad entre todos los profesionales, nos tendrá enfrente.

Todo esto sin sentarse a negociar con los médicos, que somos los profesionales sanitarios más capacitados intelectual y profesionalmente (tenemos la carrera sanitaria más larga y difícil) y conocemos lo que es superfluo e importante dentro de nuestro ámbito de trabajo.

Es cierto que toda organización necesita, para que funcione, cierto grado de verticalidad. Resultaría inviable que “todo” debiera ser votado, porque haría inoperativa cualquier forma de gobierno. Pero las estructuras de las organizaciones sanitarias son compleja,s porque así lo exige la sociedad del progreso. Nadie es experto en todo y sabe de cualquier cosa.

En resumen, que con los recortes, a la Sanidad madrileña no se ha quitado solo grasa sobrante, sino que se ha cortado carne magra. El profesional médico ha sido desprovisto hasta de un 30% de su salario real desde el comienzo de la crisis y está completamente ninguneado a la hora de gestionar sus pacientes. Además se perpetúa la falta de estabilidad laboral y al médico se le niega la promoción y carrera profesional, tan necesaria hoy en día para una medicina moderna. Las interinidades salen con cuentagotas y con la sensación de distribuirlas a dedo sin criterios objetivos, La formación continua corre a cargo del bolsillo del médico y no hay ayudas para cursos y congresos. Los residentes que terminan su periodo formativo acaban engrosando las listas del paro, o en el mejor de los casos con contratos miserables al 25-75%. Y lo peor, el médico sigue sin una Administración que le escuche.

David Laguna Ortega, tesorero del Comité Ejecutivo de AMYTS

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