ENTORNO COVID. Mejora la situación, pero hay que pensar seriamente en el futuro

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Se afianza la mejoría de la situación en España, con una disminución generalizada de la tasa de incidencia acumulada a 14 días, cuyo valor máximo, en Castilla y León, se queda muy por debajo del umbral de 600 casos por cien mil habitantes. La caída es incluso superior a la esperada a partir de los datos de la semana pasada. La mayoría de curvas de incidencia de las CCAA se encuentran en «caída libre», indicando la clara tendencia descendente. Y los indicadores de ocupación hospitalaria y de tasa de positividad de las pruebas diagnósticas siguen la misma tendencia. Todo parece indicar que la segunda ola está comenzando a ser superada, aunque queda la duda, ante la evolución que sigue Madrid desde hace varias semanas, de que se pueda producir un estancamiento en torno a los 200-250 casos por cien mil habitantes, muy lejos del valor 25 que se considera de bajo riesgo. Con todo, Madrid es la comunidad de ámbito peninsular con menor tasa de incidencia en este momento, a punto de bajar por debajo del umbral de muy alto riesgo, definido por el Consejo Interterritorial en una IA14 de 250 casos por cien mil habitantes.

Aunque podemos estar de enhorabuena por la mejora de los datos, que aún tardarán en producir una mejora consolidada de la ocupación del sistema sanitario, es hora de irse preguntando sobre el futuro. La posibilidad de estancarnos en una tasa de incidencia acumulada de en torno a 200 no es una buena noticia, ya que, además de continuar limitando nuestra vida y produciendo demasiados casos de enfermedad y muerte, supone un riesgo muy elevado de repunte ante cualquier hecho que pueda facilitar la transmisión de la enfermedad. Hay, por ello, que continuar trabajando para reducir la incidencia de COVID en nuestro país, convivir con la continuidad de las medidas de protección y no hacer demasiado caso a las voces que, con un estilo de «padres de la patria» de otros tiempos o lugares, invitan a vivir una Navidad «normalizada». Tenemos ya suficiente experiencia de lo que supone una excesivamente rápida «normalización» de la vida durante el verano, y hemos vivido nítidamente el repunte que se ha producido al regreso de semejante situación. No volvamos a repetir errores del pasado, y si queremos de verdad cuidar no sólo nuestra salud sino también nuestra economía, continuemos activamente armados contra la expansión de la enfermedad y desarrollemos fórmulas creativas y responsables de hacer agradable la vida en estas circunstancias.

La situación europea no es mucho mejor, y el gráfico adjunto muestra cómo España se ha movido en un nivel medio de incidencia durante el último mes, por encima de países «tranquilos» como los nórdicos (excepto Suecia), Alemania, Grecia y Chipre, y muy por debajo de los que han sido los países calientes de esta segunda ola (Bélgica, República Checa, Luxemburgo o Austria, entre otros). Es de destacar el rápido descenso en la tasa de incidencia acumulada de los dos primeros, desde los niveles-pico que ambos alcanzaron a finales de octubre y principios de este mes de noviembre. Italia, Portugal y Francia, referentes cercanos a nuestro país que se resistieron al inicio de la segunda ola, han tenido tasas de incidencia superiores a las nuestras durante todo el mes de noviembre.

Estamos mejorando, pero el panorama no es halagüeño, ni mucho menos. Hemos de seguir «armados» en la lucha contra COVID, y atentos a sus posibles evoluciones. Y no podemos bajar la guardia, por mucho que parezcan ofrecer unas vacunas que, aún, no están preparadas para el combate.

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