ENTORNO COVID. En pleno descenso de la tercera ola, pensemos ya cómo evitar la siguiente

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Parece que entramos decididamente en la fase descendente de la tercera ola, con una reducción casi a la mitad en cuanto a la incidencia acumulada a nivel nacional. El descenso se ha producido en todas las CCAA, siendo particulamente intenso en Extremadura y la Región de Murcia. La Comunidad Valenciana, que también experimenta un descenso muy importante, sigue liderando la “clasificación”, pero ya con una incidencia acumulada inferior a los 800 casos por cien mil habitantes. En este contexto, el descenso que experimenta Madrid es más moderado, y le deja con una IA14 de casi 670. Las tasas de positividad en las pruebas diagnósticas siguen reduciéndose, pero la ocupación hospitalaria y, sobre todo, de UCI, sigue siendo muy elevada.

El análisis comparado de la evolución de las diferentes CCAA a lo largo de la tercera ola arroja tres perfiles diferenciados:

  1. Un perfil prácticamente plano, que es el que está ofreciendo Canarias desde el verano pasado
  2. En el extremo contrario, un perfil que podríamos llamar “de respuesta rápida”, tanto en la subida como en la bajada, que ha caracterizado la evolución de la tercera ola en la Comunidad Valenciana, las dos Castillas, Murcia y La Rioja, y con un cierto adelanto respecto al resto, Extremadura.
  3. Y entre medias, un perfil “de respuesta lenta”, que se ha producido en el resto de CCAA, aunque bastante aplanado en el caso de Cantabria. En este grupo se encuentra Madrid, que junto con Melilla y Andalucía podrían liderar la incidencia acumulada la próxima semana, dada la rápida caída que se está produciendo en las CCAA del perfil “rápido”.

No es fácil saber los factores que influyen en estos diferentes perfiles, pero es bastante probable que en ello influyen tanto la intensidad de las respuestas de las diferentes CCAA a la evolución de la pandemia como la afectación en oleadas previas. Sería importante extraer las lecciones necesarias de todo ello para poder alcanzar una situación de “reposo” con un bajo nivel de incidencia y reducir las posibilidades de nuevos rebrotes, que por lo que se está apuntando a partir de la aparición de variantes del coronavirus, podrían ser de gran intensidad y someter de nuevo a toda la sociedad y, sobre todo, al sistema sanitario, a un nivel de estrés difícil de soportar de nuevo.

A nivel europeo, seguimos en la zona de cabeza de los últimos retazos de la tercera ola, por detrás de Portugal y la República Checa, y seguido a cierto distancia por los países bálticos. Destaca el contraste que se produce en la península escandinava, en la que Noruega se encuentra con una incidencia acumulada a 14 días bastante inferior a 100, mientras Suecia, casi alcanza la de 400 casos por cien mil habitantes.

En esta ocasión analizamos el contraste entre ambos países: mientras Noruega presenta un perfil de reactividad institucional moderada ante la pandemia, consiguiendo con ello mantener niveles muy bajos de infección, Suecia continúa en su tradición de baja reactividad, con una evolución COVID en la que no ha habido separación entre segunda y tercera ola.

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