ENTORNO COVID. Comenzamos un frágil descenso de casos

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Concluimos una semana en la que se ha mantenido la reducción de la incidencia de COVID-19 en nuestro país que se había iniciado la semana anterior. Dicha tendencia ha sido prácticamente generalizado en todas las CCAA, a excepción de Asturias, el País Vasco y la Ciudad Autónoma de Ceuta.

La tendencia es aún muy frágil, con una caída lenta y con mucho riesgo de que pueda revertirse en caso de que el panorama epidemiológico presente algún cambio importante, si es que no lo está reflejando ya la lenta reducción de cifras, en cuanto a la distribución de variantes con una mayor transmisibilidad. De ahí que parezcan precipitados los mensajes que se están lanzando desde algunas administraciones en relación a un posible relajamiento de las medidas de control. Y más si tenemos en cuenta que la ocupación de camas aún es muy elevada, y todavía se puede producir un incremento en la ocupación de unidades de críticos, por lo que la presión hospitalaria sigue siendo alta.

En el caso de Madrid, continuamos un poco por encima de la media española, pero la tendencia es asimismo decreciente y se ha reducido ligeramente la tasa de positividad de las pruebas diagnósticas (rondando en la última evaluación el nivel del 14%). Sin embargo, continuamos a la cola en cuanto a trazabilidad de contactos, en la cronificada escasez de mecanismos eficaces de rastreo con la que hemos afrontado toda la crisis pandémica.

A nivel europeo (con datos del Centro para la Prevención y el Control de la Enfermedad referidos al pasado domingo), España continúa como segunda clasificada en la tabla de incidencia acumulada, aunque ya estabilizada (y, en realidad, comenzando a descender, como hemos comentado más arriba). Portugal, por el contrario, seguía en su tendencia claramente creciente, lo que justifica su situación de emergencia, que le ha obligado a llegar a acuerdos con otros países para la derivación de enfermos graves. El resto de Europa, con una tendencia general claramente decreciente, se mantiene con niveles ya mucho más reducidos de actividad de COVID-19.

 

Y en nuestra serie de acercamientos a la evolución de COVID en los diferentes países europeos y las medidas tomadas para combatirla, traemos en esta ocasión el caso de Italia, el otro gran país duramente afectado, junto con España, en el primer azote de la pandemia. En este caso, alcanzó junto con España el nivel de los 800 casos por cien mil habitantes durante la segunda ola, cuyo descenso se ha visto escasamente afectado por el que ahora conocemos como tercera ola. Esta realidad podría estar en relación por las fuertes medidas adoptadas durante el período navideño (cierre total de establecimientos públicos, comercios no esenciales y hostelería), y el mantenimiento de importantes medidas de reducción de contactos en el período anterior y posterior las Navidades, que incluyen la prohibición de eventos públicos, el confinamiento parcial, las limitaciones en el funcionamiento de hostelería y otros establecimientos y el cierre de espacios de ocio y de gimnasios. No es posible extrapolar nada de un caso aislado, pero habría que hacerse mirar los resultados en España del empeño en «salvar la Navidad», que nos ha llevado a una tercera ola que ha superado los 1.000 casos por cien mil habitantes de la que ahora nos encontramos en el período inicial de su descenso.

 

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