ENTORNO COVID. Aún nos queda mucho por delante

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Aunque continúa el crecimiento en la incidencia acumulada de casos en España, este parece no haber sido tan intenso como se esperaba. Incluso se aprecia la posibilidad de un cambio de tendencia a partir de la incidencia acumulada en una semana (se puede ver en la columna de IA7 de la tabla que asoman algunas tonalidades verdes), y Navarra, una de las CCAA más afectadas, ha iniciado una reducción de su cifra de IA14, dejando de estar en el nivel más elevado de alerta. También Madrid y Canarias continúan en su tendencia descendente. Parece que se van cosechando resultados de las medidas tomadas por todas las CCAA.

Ojalá se confirme en el corto plazo el cambio general de tendencia, en relación a las medidas que se están tomando por todas las CCAA, y comience a reducirse la presión asistencial sobre el sistema sanitario, ya que varias de nuestras CCAA están teniendo serios problemas para dar adecuada respuesta a las necesidades de atención del abundante número de pacientes que precisan asistencia. Aragón y La Rioja, en concreto, ya han superado el 50% de su capacidad máxima de camas de cuidados intensivos dedicada a pacientes COVID en situación crítica. La tabla-resumen que presentamos de la situación española, a partir de los datos del Ministerio de Sanidad del pasado día 5 de noviembre, muestra como el número de pruebas diagnósticas que se realizan en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla parece claramente insuficiente para la situación que están atravesando.

El caso de Madrid es especialmente significativo, pues la reducción que consigue esta semana en su nivel de incidencia acumulada a 14 días (IA14) es superior a la de semanas anteriores. Con un espectro de medidas en conjunto similares a las de otras CCAA, el hecho de que experimentara su pico con anterioridad al resto de comunidades abre la puerta a la esperanza de que los picos del resto de CCAA vayan seguidos de su correspondiente descenso hasta un valle que, de todas formas, tampoco es ideal. Estamos muy por encima de la cota de 25 casos por cien mil habitantes, que es el nivel que Europa considera como de bajo riesgo. Hay mucho por trabajar aún, si es que de verdad queremos salvar vidas, reducir el sufrimiento y ayudar a nuestra economía. Ya hemos tenido clara experiencia de lo que supone bajar la guardia antes de tiempo…

En Europa, las cosas no van mejor. Con países con una incidencia muy por encima a la de la comunidad autónoma más afectada de España, 11 países europeos tienen una tasa de incidencia en los últimos 14 días superior a la de nuestro país, en algunos casos (República Checa y Bélgica) hasta tres veces superior. Y con ese panorama, la dispersión de medidas tomadas por los diferentes gobiernos es muy elevada. De hecho, nos encontramos en la zona “media” en cuanto a medidas, entre un país como Bélgica que, con más de 1570 casos por cien mil habitantes de incidencia acumulada, tan sólo tiene medidas que limitan la concentración de personas y un toque de queda nocturno, y otro como Irlanda, que no habiendo alcanzado los 400 casos por cien mil habitantes ya tiene instaurado el confinamiento domiciliario desde hace más de una semana, habiendo conseguido para esta semana una reducción de casi un tercio en su incidencia acumulada. La variedad de medidas es muy amplia, como hemos recogido (aunque de forma incompleta) en la siguiente tabla (elaborada a partir de diferentes fuentes como el diario La Razón o el Centro de Documentación Europea de Almería, así como de fuentes específicas para Luxemburgo, Holanda y Alemania):

Queda mucho por hacer, mucho camino por recorrer. La infección COVID ha venido para quedarse, como repiten tantos medios y personas, y aún cuando contemos con la vacuna adecuada, pasará algún tiempo hasta que su incidencia se mantenga en niveles anecdóticos. Deberíamos hacernos conscientes de ello, deberíamos asumir que algunos cambios de estilo de vida son necesarios durante ese tiempo, y deberíamos poder comenzar a ver, con todo ello, una reducción de la pérdida de vidas, del sufrimiento y del impacto económico de una pandemia que no esperábamos, y que aún parece que no sabemos asumir en su justa medida.

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