ENTORNO COVID. Es hora ya de responsabilidad y eficacia en la gestión COVID

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Comenzamos el año con malos presagios, aunque ya se venían intuyendo desde tiempo atrás. Se temía el aumento de casos tras la Navidad, mirando además cómo está el contexto europeo. Y aunque gran parte de la población se ha inclinado por una Navidad más bien espartana, con escasos contactos familiares y manteniendo medidas de seguridad, el incremento de relaciones sociales y el descuido de algunos ha hecho que se confirmen las predicciones. Y aquí estamos, con un 15% de incremento de incidencia sobre la semana anterior, que se repetirá en la próxima semana si atendemos a la incidencia acumulada de los últimos siete días. Lejos de los ascensos verticales de algunos países, pero también muy lejos de la tendencia descendente que sería necesaria en este momento para recuperar algo de tranquilidad. Así que no nos queda más que respirar fuerte, apretar el pecho y continuar el esfuerzo de control de la infección.

La situación en Madrid

Madrid se encuentra en tercera posición en cuanto a incidencia acumulada a 14 días, y es probable que la próxima semana alcancemos los 500 casos por cien mil habitantes, manteniéndonos en torno a un 40% por encima de la media nacional. Eso hace necesario un gran esfuerzo que, como sabemos, la Administración regional no está haciendo: la vacunación está tardando en ponerse en marcha de forma efectiva, y la capacidad de rastreo es tremendamente deficitaria, como muestra el mapa sobre trazabilidad que aparece en la imagen inferior, elaborada con los datos y las imágenes de la información ministerial. Las tasas de ocupación hospitalaria también son altas, y hay que recordar que uno de los mayores apuros que se vivieron durante la primera ola de la pandemia fue el de la escasez de recursos asistenciales, sobre todo para atender a los pacientes críticos. Hasta el flamante Zendal puede ser insuficiente si no nos tomamos en serio el frenado de la curva, que en este momento no sabemos qué pendiente tomará en el futuro.

Hay mucho por hacer por parte de la Administración madrileña, pues, que ya ha incrementado, de hecho, la presión sobre los ciudadanos, con un aumento de las zonas básicas con restricción de movimientos. Pero hace falta una estrategia global sólida, que dinamice las vacunaciones, facilite la distancia social y mantenga en lo posible la economía, pero sin cerrar los ojos a la situación epidemiológica. Hay CCAA que buscan otros equilibrios, y alguna de ellas, como la Comunidad Valenciana, parece estar consiguiendo algunos resultados; no es extraño que sea la única que parezca lograr una tendencia descendente en estos días.

Y en Europa…

El entorno europeo es bastante más negativo. Pero eso no debería servir para tranquilizarnos, sino al contrario, para preocuparnos de lo que nos puede volver a suceder si no somos más eficaces en la lucha contra COVID. Las tasas de incidencia por cien mil habitantes son muy superiores en una buena cantidad de países, con ascensos alarmantes en algunos casos. Según los datos a 4 de enero, que es lo que refleja la imagen inferior, elaborada a partir de los datos y mapas del Centro Europeo para el Control de Enfermedades (ECDC), Reino Unido (ya fuera de la Unión Europea, pero mantenido en la tabla porque continúa sirviendo de referencia) podría alcanzar en breve los 1.000 casos por cien mil habitantes de incidencia bisemanal, lo que supone que un 1% de la población estaría enfermando cada dos semanas. Y los hospitales ya están al límite de su capacidad. Irlanda, sorprendentemente, está experimentando un tremendo rebote en la cifra de contagiados una vez que consiguió rebajar enormemente las cifras en su probablemente demasiado precoz confinamiento. Y varios países del centro de Europa mantienen tasas por encima de los 500 casos por cien mil habitantes de incidencia bisemanal.

No es un momento para ideologías, sino para el esfuerzo conjunto y la colaboración entre Administraciones. Los ciudadanos, los profesionales, no esperamos otra cosa de nuestros líderes políticos que la mejor disposición para resolver la crítica situación que atravesamos, y seguir perdiendo energías en confrontamientos estériles sería una auténtica traición a sus votantes, sea cual sea el signo político de los mismos. El problema mayor en este momento no es quién ganará las próximas elecciones (ni las anticipadas de Cataluña ni las del resto del país cuando correspondan), sino cómo reduciremos la incidencia de la enfermedad por COVID al mínimo. Pensar que hay otras cosas más importantes que la vida, que el derecho a disfrutar de una vida más o menos normalizada junto a las personas cercanas, es un error importante en el que nuestros políticos no pueden seguir cayendo. Y ojalá lo paguen en las urnas, si no también en los tribunales, quienes lo piensen de otra forma.

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