ENCUESTA AMYTS. Situación de los facultativos de la Atención Primaria madrileña (2)

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Introducción

Iniciábamos la semana pasada la presentación de los resultados de la encuesta AMYTS sobre situación de los médicos de Atención Primaria (AP) en la Comunidad de Madrid. Lo hacíamos con los resultados del análisis univariante, y con ello cumplíamos con el objetivo principal de la encuesta: conocer las condiciones de trabajo de los facultativos, la extensión y eficacia real de los apoyos recibidos en su actividad, y la repercusión que la situación que están atravesando tiene tanto en su motivación como en su salud mental. El hecho de que en su mayoría se enfrenten a presiones asistenciales diarias por encima de los 40 pacientes (dos quintos sobrepasan incluso los 50 pacientes día), que el 16% de las ausencias esté sin suplir o que el apoyo de rastreadores sea escaso y de muy baja eficacia mostraban claramente la situación de sobrecarga asistencial y de abandono por parte de las Administraciones en que viven los profesionales de ese nivel asistencial. No era de extrañar, por tanto, que sus niveles de motivación fueran extremadamente bajos y que su salud mental estuviera sometida a una importante presión.

El número de respuestas recibidas, 516, aunque no totalmente representativo de la población a estudiar, sí que permitía sacar a la luz con claridad una situación que las Administraciones sanitarias siempre tratan de ocultar. Pero también proporciona una base suficiente como para poder analizar, aunque sea a nivel exploratorio, las relaciones existentes entre algunas de las variables, y así poder comenzar a entender un poco mejor el entramado de la situación y, sobre todo, ofrecer pistas de estudio futuro para temas tan importantes como la motivación de los profesionales o las mejoras a introducir en la organización de la Atención Primaria. Por ello, hemos procedido a realizar el análisis de las relaciones entre las diferentes variables obtenidas a partir de la encuesta, que pasamos a presentar a continuación.

Metodología

Con la base de datos del estudio ya depurada, se procedió a realizar, mediante el programa estadístico PSPP, el estudio de las relaciones bivariadas entre todas las variables del estudio, considerando como tales la categorización de las respuestas obtenidas a las cuestiones de la encuesta. Al tratarse de variables cualitativas, hemos procedido a determinar la asociación entre ellas mediante el test de Chi cuadrado, cuantificando la intensidad de la relación mediante algunos de los coeficientes de asociación entre variables de este tipo (en concreto, la V de Cramer y, dado que la mayoría de las variables pueden entenderse también como ordinales, la de de Sommers), y mostrando gráficamente el resultado, para facilitar la interpretación. Al pie de cada gráfico, en una banda de color azul intenso, se encuentran los siguientes datos de cada asociación:

  • n: número de casos válidos para analizar la asociación
  • p: significatividad estadística de la prueba de Chi cuadrado
  • V de Cramer: valor de este indicador, que corrige el valor del coeficiente resultante de la prueba Chi cuadrado en función del tamaño de la muestra y del número de casillas de la tabla de contingencia, y que tiene un rango entre o y 1 (= expresaría independencia entre las variables, y 1 una asociación perfecta entre ellas)
  • d de Somers: mide la concordancia o discordancia que se produce entre el incremento o mejora de una variable y el incremento o mejora de otra; recordemos que la mayoría de las variables son ordinales, es decir, están ordenadas en ese sentido de “mejoría” o “grado” de la cualidad. Existe una versión simétrica, que no valora cuál de las dos variables confrontadas es la dependiente y cuál la independiente, y una versión simétrica, cuyo valor sí que depende de ello. Cualquiera de esas versiones tiene un rango entre -1 (total concordancia, aunque a la inversa: al “mejorar” o “aumentar” una, la otra “empeora” o “disminuye”) y +1 (total concordancia, pero en el mismo sentido: cuanto una “mejora” o “aumenta”, la otra también, y al contrario), siendo 0 el valor que se obtiene cuando la relación es nula. En los gráficos se muestran en este orden: simétrica / asimétrica con la primera variable expresada en el título del gráfico como dependiente / asimétrica con la segunda variable como dependiente).

Los resultados con significación estadística ( y aquellos que, sin llegar a tenerla, muestren algún tipo de tendencia clara) se van a presentar por temas, en función de un aspecto de la realidad a tratar en cada caso. Y cuando se habla de una variable por primera vez, añadiremos previamente los valores que para dicha variable se obtuvieron en el análisis univariante inicial. Los gráficos pueden verse a mayor tamaño abriéndolos en una nueva ventana (click con botón derecho sobre las mismas).

Resultados del análisis bivariante

Análisis de la sobrecarga asistencial

Junto a la importante presión asistencial a que se encuentran sometidos nuestros facultativos y a la falta de cobertura de un 16% de las ausencias a que ya hemos hecho referencia, el análisis univariante también mostró que un 88% se veía en la necesidad de prolongar su jornada para poder atender a los pacientes citados. El análisis bivariante muestra que la falta de cobertura de ausencias tiene relación directa con la presión asistencial, como parece lógico esperar, y que ésta última aparece vinculada, también lógicamente, a la necesidad de que los facultativos prolonguen su tiempo de trabajo.

Apoyo a la actividad asistencial

El hecho de percibir apoyo en tareas de rastreo COVID en este momento de mayor sobrecarga también se hace notar en su relación con la presión asistencial: una mayor presencia de rastreadores y una mayor eficacia de los mismos parece darse entre los facultativos que refieren una menor demanda diaria. Una tendencia similar se da en relación al apoyo en tareas administrativas, aunque no alcanza significatividad estadística (p=0,163).

Repercusión sobre la calidad percibida

Los distintos factores analizados hasta el momento tienen una relación significativa con la calidad asistencial, tal y como la perciben los facultativos. Así, se relacionan con una peor calidad percibida tanto la presión asistencial (con un valor elevado de todos los indicadores de asociación) como el porcentaje de ausencias no cubiertas de los profesionales. Con menor intensidad (e incluso significatividad en algún caso) se relacionarían también, en el mismo sentido, el apoyo de rastreadores y administrativo, y la eficacia sentida del primero.

Merece una especial consideración la relación entre calidad asistencial y la necesidad de prolongar la jornada, que también es clara, porque en este caso podría tratarse de una relación que haya que entender en sentido inverso (como indica el segundo valor de la d de Somers, el más elevado de los tres ofrecidos en esa gráfica), apuntando a que el incremento de jornada sería una respuesta que el profesional vendría a dar como intento de paliar la pérdida de calidad asistencial, o de mantenerla bajo control a costa de un esfuerzo adicional. 

Otros factores que afectan a la carga de trabajo y el apoyo que recibe el profesional, como son la proporción de ausencias no suplidas y la presencia y eficacia de los rastreadores COVID, repercuten también en la calidad percibia por los profesionales.

Efecto sobre la motivación de los profesionales

Todo esto no puede ocurrir sin dejar huella en los médicos de AP, que sufren la situación a la vez que luchan contra ella para tratar de continuar prestando una atención de calidad. De ahí que ya nos hiciéramos eco en la anterior entrega del bajísimo nivel de motivación y la frecuente ideación de abandono en que viven, y ahora podemos ver la influencia que en dichas variables tienen la presión asistencial y, sobre todo, la percepción de la calidad. Sobre todo esta última, si nos atenemos a los coeficientes de correlación, y a los altos valores de la d de Somers en el caso de que tratemos a la motivación (0,43) o la ideación de abandono (-0,37) como variable dependiente.

Para aclarar aún más las cosas, podemos que el efecto Del propio esfuerzo del profesional, en este caso a través de la prolongación de la jornada, no tiene gran influencia (incluso no alcanza significatividad) en el complejo motivacional.

La salud mental de los profesionales

Ya habíamos dejado claro en la primera entrega que nos preocupaba especialmente la situación de los profesionales de Atención Primaria ante la sobrecarga asistencial y la sensación de abandono que se percibe. Por ello, dos preguntas versaban sobre su salud mental en la encuesta, y la primera de ellas hacía hincapie en el consumo de psicofármacos para afrontar la situación: más de la mitad de los profesionales los habían utilizado al menos en alguna ocasión, y casi una cuarta parte lo hacían con frecuencia o a diario. Pues bien, ese consumo parece relacionarse con la presión asistencial y la necesidad de prolongar la jornada que esa presión conlleva, con la calidad percibida (ninguno de los 14 médicos que respondieron que la situación vivida les permitía mantener la calidad tomaba psicofármacos, frente a más de la mitad en los que la mantenían a costa de un sobreesfuerzo y quienes no la mantenían) y con dos elementos de lo que podemos llamar “complejo motivacional”: la motivación para realizar el trabajo y la ideación de abandonar el ejercicio profesional.

Una segunda pregunta versaba sobre la posibilidad de haber recibido un diagnóstico reciente de patología psicológica o psiquiátrica, a la que respondían afirmativamente uno de cada cinco profesionales. En este caso, se relacionaban con dicha variable, aunque con escasa intensidad, la presión asistencial, la prolongación de jornada, la calidad percibida y el grado de motivación del profesional.

 

 

 

La confirmación de un “complejo motivacional”

Ya hemos utilizado el término “complejo motivacional” o, simplemente hemos hablado genéricamente del apartado dedicado a motivación en la encuesta, planteando el grado de acuerdo con las siguientes afirmaciones: “Estoy motivad@ para realizar mi trabajo”, “Últimamente me he planteado abandonar la profesión” y “Recomendaría a un hij@ o ser querido trabajar de médico de Atención Primaria”. Las respuestas a las tres preguntas aparecen claramente relacionadas, con índices de asociación en el indicador ordinal de de Somers por encima de 0,4, lo que viene a confirmar la existencia de ese entramado motivacional al que nos podemos acercar a través de diferentes cuestiones.

 

La conciliación familiar

Una de las dificultades vividas por los profesionales ha tenido relación con la accesibilidad a medidas de conciliación familiar. La mitad de ellos dicen no haberlas necesitado, y del resto tanto sólo un 4% se siente satisfecho de las que puede disfrutar, mientras que un 16% las considera insuficientes y un 31% no ha podido acceder a ellas. La necesidad de esas medidas ha sido mayor entre los profesionales con mayor presión asistencial, y también entre aquellos que se han planteado el abandono de la profesión, que a su vez han experimentado más obstáculos para accedeer a las medidas de conciliación.

Discusión

El análisis bivariado que hemos expuesto a lo largo de este artículo muestra un intenso entramado relacional entre los distintos aspectos tratados en la Encuesta AMYTS sobre la situación de la AP. Si ya dijimos en la primera entrega que nuestra principal preocupación era la situación de los profesionales, oculta detrás de una realidad muy adversa que la autoridad sanitaria prefiere ocultar, esta segunda entrega muestra cómo la sobrecarga asistencial, un problema crónico de la AP agravado durante la pandemia, produce una sensación de pérdida de calidad asistencial, lo que a su vez se traduce en una pérdida de motivación y en una carga perjudicial para salud mental de los médicos, que combaten como pueden esa conciencia de pérdida de calidad. A todos esos factores se unen las dificultades observadas en el acceso a medidas de conciliación familiar que, con toda probabilidad, afectan mucho más a las mujeres con hijos que a sus congéneres varones.

El caso de la relación entre los problemas en cuanto a la calidad percibida y lo que hemos llamado como complejo motivacional habla muy a las claras de la importancia del componente trascendental de la motivación de los profesionales, al que con frecuencia ellos mismos se refieren cuando reconocen que es el reconocimiento por parte de los pacientes uno de los satisfactores más importantes que les mueven a continuar en el ejercicio de la Medicina. A lo largo de la pandemia hemos escuchado también a muchos profesionales relatar que ha sido ese reconocimiento y agradecimiento de pacientes concretos lo que ha añadido un plus de energía muy importante a su esfuerzo. Todo ello habla también de la perfecta alineación de la motivación profesional con la misión de las instituciones sanitarias, y del riesgo que supone para los profesionales que esta misión quede muy diluida en las medidas concretas que se toman para su organización, sobre todo cuando no favorecen ni el adecuado trato a los pacientes ni la consecución de los mejores resultados en salud. En el caso concreto de la situación actual de la Atención Primaria, el riesgo a que se ve sometida la calidad asistencial pone en peligro no sólo el compromiso asistencial de sus médicos, sino también hasta la propia salud mental de los mismos.

Presión asistencial, motivación y estabilidad mental de los profesionales y conciliación no son fenómenos aislados y desconectados entre sí, sino que aparecen intensamente relacionados, en un ámbito, el de la AP, históricamente deficitario y muy castigado por la pandemia COVID, que además no ha sido suficientemente reforzado en estos tiempos tan difíciles. Se hace necesaria, y cada vez más evidente, una política auténtica y comprometida de apoyo a la Atención Primaria y a sus profesionales para superar la crisis del coronavirus y para hacer posible un futuro en el que este nivel asistencial, el más cercano a la población, pueda dar una adecuada respuesta (la que de hecho desean sus médicos) a las necesidades de salud de la población.

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