EL PORVENIR DE LA PROFESIÓN. “Cambios y más cambios en los estudios universitarios”, por la Delegación de Alumnos de Medicina de la Universidad de Alcalá de Henares

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El pasado 31 de enero, el Ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, salió de nuevo a la palestra para enfrentarse a las críticas generadas tras la aprobación del nuevo modelo educativo conocido como “3+2”, una ley que abre una vez más otro peligroso foco de conflicto entre la comunidad universitaria y el Ministerio de Educación. Esta controvertida medida, aprobada en fin de semana y que pretendía aplicarse bruscamente a partir de septiembre de 2015, trae consigo nuevos cambios para los estudios superiores, pues permitirá a las Universidades la reducción de los grados universitarios de cuatro a tres años y la implantación de másteres complementarios de mayor duración en contraposición al actual sistema “Bolonia” basado en la ya conocida fórmula del “4+1”.

Parece que cada vez nos sorprenden menos los numerosos parches y apaños que durante estos últimos años no han hecho más que intentar remendar nuestro sistema de educación una y otra vez. ¿Acaso no era Bolonia la panacea?

Según explicaba el Gobierno, ésta ha sido una medida implantada para “flexibilizar” la estructura de los grados universitarios y equipararlos a los modelos actualmente vigentes en Europa, con el fin de “facilitar la oferta académica y la movilidad entre universidades españolas y extranjeras”, una asignatura muy lucrativa que aún estaba suspensa. Sin embargo, los colectivos docentes y estudiantiles en desacuerdo ya han puesto el grito en el cielo, calificando este nuevo movimiento del gobierno como un “sinsentido”, ya que no solamente no ha sido evaluada la efectividad del Plan Bolonia, implantado apresuradamente hace tan solo cinco años, sino que además esta segunda gran reforma universitaria se ha aprobado sin consultar a la comunidad docente, amparándose, según el Ministerio, en unos supuestos informes de evaluación de calidad que todavía no se han hecho públicos.

Mientras que la calificación del Ministro de Educación, Cultura y Deporte no hace más que bajar según las valoraciones del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), parece que la inestabilidad en materia educativa crece a pasos agigantados; algo que, en general, nos despierta un profundo y latente sentimiento crítico. Nosotros nos preguntamos: ¿quién se beneficiará de este nuevo sistema?, ¿supondrá un abaratamiento o encarecerá el coste de los estudios universitarios?, ¿se mantendrán los precios de los másteres como hasta ahora?, ¿qué consecuencias tendrá estudiar grados de solamente tres años?, ¿supondrá el despido de docentes?, ¿Medicina se verá afectada?, ¿por qué tantos cambios en tan poco tiempo?, ¿estarán nuestros compañeros de Bolonia o licenciatura mucho más preparados?, ¿qué ocurrirá con aquellos que estén estudiando mientras se aplica esta nueva ley?

Desgraciadamente, aunque algunas de estas preguntas todavía no tienen respuesta, lo que sí ha asegurado rápida y categóricamente el equipo del ministro Wert es que esta nueva reforma, que “no es ningún tipo de recorte”, es un verdadero milagro que supondrá un enorme desahogo económico para las familias; un ahorro estimado en más de 150 millones de euros. Desde el Ministerio de Educación se afirma que “esta novedosa medida es una forma de ahorrar dinero”, puesto que “se reduce un año la carrera” y, por tanto, “es un año menos que tienen que pagar tasas, más lo que supone estudiar ese año, es decir, transporte, manutención, vivienda…”.

Pensándolo detenidamente durante unos segundos, nos podemos dar cuenta de que a veces no es oro todo lo que reluce, ya que diversas Organizaciones, entre ellas la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), han coincidido en que, llevado a la práctica, este sistema supondrá un encarecimiento de los estudios universitarios. Desempolvando la calculadora y echando cuentas, tras la subida de tasas el precio medio por crédito en un grado es de 18,42 euros, siendo Madrid y Cataluña las comunidades autónomas donde el precio del crédito es más elevado (33,52 y 30,33 euros, respectivamente). Si el endurecimiento de los requisitos para la obtención de becas en estos últimos dos años y la subida de precios ya de por sí ha supuesto una verdadera pesadilla económica para muchas familias, hacer frente no solo a uno, sino a dos años de máster cuyo crédito ronda los terroríficos 60 euros por crédito podría ser una verdadera catástrofe.

Y es que ningún método, por bueno que sea, puede funcionar dejando de lado la realidad que se vive constantemente en muchos hogares españoles, en los que el abandono universitario está a la orden del día debido a que la educación, que debería ser un eslabón más para evitar la desigualdad, se está convirtiendo triste e injustamente en un producto prefabricado de consumo privado solo apto para determinados sectores de la población.

Para más inri, parece que la lógica no limita la capacidad creativa de los hacedores de modelos educativos, ya que a esta gran medida que intenta mejorar el Plan Bolonia para “acercarnos” cada vez más a los cánones europeos se le contrapone la paradójica heterogeneización de los grados en nuestro propio país, ya que serán las Universidades las que tendrán la potestad de elegir qué carreras pueden reducir su duración y cuáles no, en base a criterios que aún son desconocidos.

Sin embargo, el drama no acaba aquí, puesto que, como ocurrió con el actual plan de Bolonia “4+1” y el famoso y brillante Real Decreto de Troncalidad, este último ataque frontal antes de las elecciones generales ha producido un contundente rechazo por parte de la comunidad docente y las organizaciones estudiantiles más relevantes, que han decidido salir a la calle y convocar huelga los días 25 y 26 de febrero para reivindicar la toma de decisiones lógicas y responsables y criticar las atropelladas “ñapas” y chapuzas que se han estado sucediendo durante estos últimos años en algunos de nuestros sistemas públicos.

Tras el contundente mazazo que supuso para nosotros la aprobación del Real Decreto de Troncalidad, sentimos que las balas se nos acaban poco a poco y que nuestro agotamiento, por el contrario, no hace más que aumentar peligrosamente. Está claro que lo que no nos deja dormir es la falta de transparencia y el juego constante que se está haciendo con nuestro futuro, que parece un continuo “ensayo-error” sin maquillar. Frente a este tira y afloja abrumador en el que a veces sentimos que no tenemos ni voz ni voto, debemos volver a la carga con las fuerzas renovadas, puesto que está en nuestra mano abogar con decisión y sin descanso por el diálogo, siendo conscientes de que aún no hay nada perdido, de que en realidad “todo se puede” y de que somos nosotros quienes debemos luchar por defender esas medidas que hagan de nuestro futuro, que no está tan lejos como pensamos, un futuro justo y tranquilizador para todos.

Delegación de alumnos de Medicina, CEEM.
Universidad de Alcalá de Henares.
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