CON FIRMA. “El medico quemado”, por Pilar Riobó

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Hace unos días, hablando en el hospital con un compañero joven, unos 35 años, me dice que “está quemado”.

Tenemos un verdadero problema con los médicos, pero nadie se atreve a hablar de ello: muchos están quemados. En un estudio reciente de la Mayo Clinic, se demuestra que, en el año 2011, el 45.5% de los médicos referían que se sentían quemados, y el número se ha elevado hasta el 54.4% en el año 2014. Es decir, la mayoría de los médicos de esta prestigiosa Clínica, más de la mitad, refieren que su trabajo realmente les está quemando. Y si eso ocurre en la prestigiosa Clínica con médicos bien pagados y con un claro reconocimiento social, con posibilidades de investigar, ¿cuál debe ser el porcentaje en nuestro medio, con consultas sobrecargadas debido a un objetivo económico, con sistemas informáticos que cambian periódicamente, difíciles de aplicar y de aprender, con falta de personal y, sobre todo, muchas veces con falta de respeto y reconocimiento por parte de nuestros superiores y, por ende, de nuestros pacientes…?

Recientemente vino a despedirse otra compañera porque se planteaba dejar el hospital. Había encontrado otro trabajo, se iba a “la industria”. Y me sorprendió, porque tiene niños pequeños y en su nuevo puesto iba a tener que viajar. Le avisé que nadie da duros a pesetas, que todos los trabajos tienen sus problemas, a lo que ella me respondió que “el verdadero motivo es que allí te tratan con respeto, allí un médico es alguien. Todavía hay sitios donde el médico es respetado y valorado.

Cuando se cambia el sistema informático, alguien debería plantearse la carga que ello significa para los trabajadores. Generalmente se implementan para ahorrar costes y como método de control del profesional. Hace poco, una compañera me comentó que se sentía como una rata. Me explico: uno de los experimentos para producir stress y demencia a los animales de experimentación es ponerles en una jaula con ciertas partes electrificadas. Las ratitas, después de recibir algunos calambres, por fin aprenden a conocer por donde pueden ir hasta la comida sin recibir calambre. Y entones ¡¡¡se les cambian las partes electrificadas¡¡¡ Y con el stress, las ratas acaban demenciándose. Aparte del stress que le ocasiona, el médico no nota que el cambio de sistema informático le ayude en su trabajo diario, y le supone un gran gasto de energía, a diferencia de la enorme ventaja que supuso la informatización de los hospitales. Que yo sepa, nadie ha estudiado científicamente cómo se altera la relación médico paciente al existir una pantalla que bloquea esta relación. Pero sí que he oído a muchos pacientes cuando salen de las consultas diciendo “el medico ni siquiera me ha mirado, solo hacía que escribir en su ordenador”.

Y todo ello es un verdadero problema, porque un médico quemado puede cometer más errores, es menos capaz de empatizar con los pacientes debido a sus propios problemas emocionales. Se prejubila pronto, en cuanto puede, y con ello se reduce la fuerza laboral y se aumenta el pago de pensiones. Además, pueden tener problemas psiquiátricos importantes: en Estados Unidos, en el año pasado se suicidaron más de 400 médicos, una prevalencia que es el doble de la media poblacional. Desgraciadamente, desconocemos las tasas de suicidio entre médicos en España. Pero les planteo, con la que está cayendo en España, ¿puede nuestro país permitirse que un médico se prejubile a los 62 años, que a esa edad en vez de producir o enseñar desde un puesto acorde a su edad, esté cobrando una pensión? Yo he visto, he convivido con médicos que han estado trabajando con dignidad y nivel hasta después de los 80 años.

Nos gusta pensar que los médicos pueden manejar las situaciones de enfermedad grave de pacientes, de familiares, y las propias, pero claramente esto no es así. Existe un problema real y frecuente.

Ante esta situación, el Colegio de Médicos de Madrid estableció un Programa de Ayuda al Profesional Sanitario Enfermo (PAIPSE), en el que había varios psiquiatras y psicólogos. La buena noticia es que parece que ahora se va a reactivar. Pero principalmente deberíamos intentar prevenir el problema. Deberíamos asegurarnos que en los hospitales y en los ambientes laborales de los médicos se den las condiciones para que los médicos trabajen contentos y con motivación.

Realmente no sé cual es la mejor solución, y posiblemente no hay una solución perfecta, pero es el momento de comenzar a construir una red de seguridad de forma que podamos mantener una población de médicos a los que les vuelva a entusiasmar ejercer la medicina y, sobre todo, que no cometan errores por sobrecarga o fatiga o burn-out. Un especialista bien entrenado, tras años de estudio en la universidad, años de especialidad y años de práctica profesional, es un valor a proteger. Y evitar su “quemazón” debe ser una prioridad del sistema y uno de los objetivos del servicio de prevención y salud laboral, ya que eso influye directamente en la seguridad del paciente. Aunque cueste dinero, a los médicos hay que cuidarlos.

Pilar Riobó Serván
Endocrinóloga, Fundación Jiménez Díaz

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