CON FIRMA. “El 8 de marzo también hay más razones”, por Mónica Alloza

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La celebración del día 8 de marzo ha ido evolucionando con el paso de los años. Nació como conmemoración de la mujer trabajadora. Con el tiempo se ha convertido en el día de la mujer, obviando el termino trabajadora, creo yo que porque las que no trabajan fuera de casa lo hacen dentro, y mucho. El caso es que es un movimiento social cada vez más potente, de gran seguimiento sobre todo en el segmento más joven de la población.

Yo, personalmente, he hecho mi evolución sobre mi posicionamiento sobre este asunto.

Hace unos años era bastante escéptica, porque pensaba que no existía discriminación hacia las mujeres. Accedí a la universidad tras superar las mismas pruebas de selectividad que mis compañeros del instituto, aprobé mis exámenes en igualdad de condiciones con respecto a mis compañeros de carrera, y accedí al sistema MIR tras superar un examen igual que el de mis compañeros médicos. Obtuve mi título de especialista tras cuatro años como residente y trabajé como interina hasta que superé la OPE de mi especialidad y me convertí en fija.

Sin embargo, hace un par de años empecé a reflexionar sobre el día de la mujer. Me di cuenta de que en mi profesión existía un techo de cristal, que había pocas jefas de servicio, había pocas directoras médicas, había pocas gerentes. Es decir, parece que ese techo de cristal era real.

El año pasado, mi hija, de 14 años, estaba totalmente entregada a la causa. Me hablaba de “micromachismos” y yo no entendía el concepto. Sin embargo, seguí con mis reflexiones y hoy, cuando miro para atrás, me doy cuenta de las dificultades añadidas que he tenido a lo largo de mi ejercicio, por el hecho de ser mujer. Cuando me animé a ser madre durante mi periodo de residencia, mis jefes me miraron mal y recibí varios comentarios desaprobatorios. En aquel entonces no había prorrateo de guardias durante el embarazo o la lactancia, y allí estaba yo con mi barriga de seis meses, haciendo guardias. Quien asumió una excedencia temporal para cuidar de mi hija fui yo, no su padre. Y lo hice muy satisfecha de tener la oportunidad, porque con mi hijo mayor, como yo era residente, esto era totalmente impensable (hoy en día lo sigue siendo).

Ha sido difícil compaginar la formación continuada con tener hijos pequeños, para qué hablar de las interminables horas de estudio que me llevó preparar la OPE, con dos cachorros aporreando la puerta de mi habitación. Pospuse la elaboración de mi tesis doctoral hasta que mis hijos fueran mayores y volviera a recuperar tiempo para mi carrera profesional. Así que, durante la más tierna infancia de mis hijos, mi currículum profesional es un desierto. Sin embargo, yo recuerdo aquellos años como un torbellino de actividad frenética intentando compaginar la sensación de culpabilidad por no llegar a todo, en casa y en el hospital. Yo, además, trabajaba en el turno de tarde, y una vez que mis hijos dejaron la guardería, apenas los veía entre semana. Cuando tenía guardia el fin de semana, la situación se convertía en tragedia familiar, para ellos y para mí.

Así que este año lo tengo claro, el día 8 de marzo también tengo muchas razones. No son razones políticas, no son razones puramente sociales. Tienen mucho que ver con la actividad actual que llevo a cabo, es decir, la defensa de las condiciones laborales de mis compañeros médicos. Para mí, conciliar es sindical, no perder dinero por ser madre es sindical, no perder años de formación (y grados de carrera profesional) por cuidar de los hijos es sindical.

¿Y tú, también vas a seguir pensando que el 8 de marzo no va contigo?

Mónica Alloza Planet
Especialista en Radiodiagnóstico. Coordinación de delegados de AMYTS.

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