EDITORIAL. “Ojalá Nunca Más” por Daniel Bernabeu

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La expresión “Nunca Más” tiene un especial arraigo en nuestro país. No hay año que no suceda algo, a veces incluso varias cosas, que nos traigan a la mente, a la palabra o a la escritura, tan fatídica expresión. Porque más allá del deseo que expresa, sobre todo refleja el dolor y sufrimiento de quienes padecieron tal suceso. Y si la expresión alcanza los medios de comunicación, es que el dolor y el sufrimiento fueron importantes o extremos, y lo que es peor, es que también hubo la sensación general, o la certeza, de que el suceso fue afrontado con improvisación e incompetencia, o fue fruto de la desidia, la descoordinación, o el abandono. El “Prestige”, el “11M”, el “Metro de Valencia”, el “Alvia”, los “asesinatos machistas”, el “ébola”… son algunos reconocidos “Nunca Más”, a los que deberemos sumar del 2020 las “Residencias Covid19”, los “Sanitarios Covid19”, y las “UCIs Covid19”. Y ya tenemos en este año 2021 una firme “Filomena”.

Ojalá “Nunca Más” tengamos que jugarnos la vida los sanitarios por estar desprotegidos. Ojalá “Nunca Más” tengamos que hacer jornadas extenuantes, asumiendo riesgos innecesarios, por falta de personal. Ojalá “Nunca Más” tengamos que ver a nuestros mayores hacinados en residencias, muriendo sin poder prestarles la ayuda y humanidad que se merecieron… Son muchos los “Nunca Más” que nos han precedido, y muchos los que se han repetido en contextos similares. Y sí, esperamos alguna respuesta e intervención de nuestras autoridades y políticos que eviten o minimicen estos daños, que nos den seguridad y permitan una vida un poco más fácil y sana. Porque al final el destinatario de estos “Nunca Más” son siempre el gobierno, la comunidad autónoma o el ayuntamiento de turno; o todos ellos.

Decía recientemente el Dr. Rafael Bengoa, a propósito de las olas Covid19, que no entendía cómo no nos preparábamos en los periodos inter-crisis para afrontar las siguientes olas, predecibles en su aparición, aunque no en su duración, intensidad y fecha. Y ponía el ejemplo de los bomberos en constante preparación, mediante entrenamiento y simulacros, para el siguiente aviso de incendio. Nadie entiende que no se refuerce la Atención Primaria, ni la Salud Pública; nadie entiende a qué se juega con las vacunas y las segundas dosis; nadie entiende que no se refuercen las estructuras de coordinación y apoyo inter-CCAA; nadie entiende a políticos todo el día a la gresca;  y no se entiende (al menos cuesta hacerlo) que nos importen más unas cañas en la terraza de un bar que las listas de espera, la imposibilidad de cita con tu médico de familia, el desempleo, la violencia de género o el acceso a la vivienda. Sí, hay que poder disfrutar de la fiesta y del alterne con los amigos, pero también tener claras determinadas prioridades. La vida es tan larga como corta, y siempre, siempre, hay sitio para pensar en los demás, un hueco para la empatía; y otro para la humildad, para saber admitir que quizás otros lo han hecho mejor, para aprender en el ejemplo de otros, para ceder el testigo a quien lo puede hacer mejor, para reconocer que no lo sabemos todo, para fijarse como prioridad que algo que salió mal y que no vuelva a pasar “Nunca Más”.

HUMILDAD y EMPATÍA, dos hermosas palabras difíciles de utilizar en estos tiempos que corren; especialmente en las múltiples tertulias y manifestaciones “expertas” que inundan radios, platós de TV y RRSS. Quizá es que son palabras para uso exclusivo de la literatura de ficción, y de los púlpitos.

No, no somos los peores ni los únicos, aunque sea poco consuelo. El pasado 12 de mayo un panel de expertos de la OMS lanzaba la sorprendente afirmación: “La pandemia COVID19 se podría haber evitado”. De forma demoledora recogen que el mundo no se había preparado, pese a las múltiples advertencias de la comunidad científica y de las recomendaciones tras experiencias pandémicas previas (gripe A, MERS, gripe porcina, ébola,…); que la preparación fue inconsistente y con fondos insuficientes; que los sistemas internacionales de alerta no funcionaron con la suficiente velocidad para enfrentarse a un patógeno respiratorio que se mueve rápidamente; y que las respuestas de los gobiernos ante las alertas no fueron urgentes ni efectivas, exacerbando las desigualdades, y con un liderazgo político global “ausente” en la puesta en marcha de soluciones eficaces.

Ayer celebramos el aniversario de un sentido homenaje a nuestros compañeros fallecidos por Covid19. A aquellos que lo fueron durante la primera ola de la pandemia, cuando su trabajo fue un ejercicio de vocación y servicio público, de entereza y coraje, en unas condiciones indecorosas para un país que presumía de la mejor sanidad del mundo; como los que vinieron después, por el ejercicio de una profesión siempre asociada al riesgo. Y tanto hace un año como hoy, que sabemos que pudo haberse evitado o minimizado, decimos de nuevo “Nunca Más”. Y pedimos refuerzos urgentes e inversión para la Atención Primaria y el SUMMA112, pedimos inversión en Salud Pública y en servicios de Preventiva y de Prevención de Riesgos Laborales, pedimos especialidad de Urgencias, pedimos espacios adecuados para atender a los pacientes, pedimos planificación de necesidades materiales y de personal, pedimos planes de catástrofes actualizados (que lo que otros hayan padecido no nos pueda pillar desprevenidos: para amenazas terroristas, para amenazas pandémicas, para catástrofes naturales o accidentes); pedimos simulacros que garanticen el conocimiento y la utilización adecuada de protocolos y materiales; pedimos planes de coordinación efectivos y ágiles entre CCAA y Estado; pedimos políticas de autoabastecimiento de elementos esenciales en situaciones de catástrofe, como equipos de seguridad, materiales de soporte vital o fármacos; pedimos responsabilidad a las autoridades en la promulgación de leyes y normas, y en su cumplimiento. Y pedimos, finalmente, respeto y apoyo para los profesionales de los servicios sanitarios, comenzando por unas condiciones de trabajo dignas.

Pedimos que la expresión “Nunca Más” sea un recuerdo en los libros de historia. Pedimos humildad y empatía. Y aunque sea mucho pedir, ojalá…

Daniel Bernabeu Taboada
Especialista en Radiodiagnóstico, Hospital Universitario La Paz
Vicepresidente de AMYTS

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