EDITORIAL. “Mi historia de la pandemia”, por Ángela Hernández

0

Me llamo Ángela Hernández Puente.

Soy un caso un poquito peculiar, una cirujana general y del aparato digestivo que ante la situación de la profesión médica y de la sanidad de todos decidí “colgar” temporalmente el bisturí para tratar de mejorar las cosas. Desde octubre de 2015 trabajo a tiempo completo para la Asociación de Médicos y Titulados Superiores de Madrid, el sindicato profesional médico de Madrid.

También me gusta mucho la ciencia ficción y la fantasía, pero nunca esperé vivir dentro de una especie de distopía futurista aquí mismo, en Madrid, en el 2020, con mi familia. ¿Me acompañáis en un repaso de estos meses?

En enero, como en los primeros capítulos de “Apocalipsis Z: el principio del fin” de Manel Loureiro, se escuchaban cada vez más noticias de un virus nuevo de la familia del corona virus en la ciudad de Wuhan en la provincia de Hubei. Todos escuchábamos las noticias con creciente preocupación, pero nuestras vidas continuaban como siempre, China está muy lejos. Y el virus, si acaso era motivo de memes divertidos.

El 30 de enero la OMS emitió la alerta global sanitaria por epidemia de coronavirus y nos advertía de que no se trataba de una gripe, que su mortalidad era diez veces mayor. Pero bueno, ya habíamos vivido algo parecido con la gripe A y al final quedó en menos de lo anunciado.

Muchas cosas en sanidad ya no iban bien antes del virus, el SARS-CoV-2 que causa la Covid-19. La propia profesión médica tenía sus dificultades como escribía a principios de febrero denunciando la condena al ostracismo profesional de un compañero cirujano por motivos ajenos a su desempeño profesional. Porque tenemos que recordar a diario como decía Edmund Bruke, que “para que para que el mal triunfe, solo se necesita que los hombres buenos no hagan nada”. Y la situación de la Atención Primaria venía haciendo aguas desde hacía años, hasta el extremo de que muchos de mis compañeros precisaban apoyo psicológico y medicación para acudir a trabajar a consultas de 50, 60, 70 pacientes de lunes a viernes.

Iban pasando las semanas y las noticias cada vez eran más preocupantes, pero no teníamos miedo. Yo empecé a inquietarme de verdad con las noticias de Italia. Italia no es China, puede parecer una obviedad, pero está ahí mismo. Algo no cuadraba entre lo que contaban en las noticas y las medidas de confinamiento que se adoptaban en Italia.

El 23 de febrero fue cuando a través del la cuenta @microBIOblog de Ignacio López-Goñi por fin logré entender la importancia de evitar que se dispare el número de contactos: evitar sobrepasar la capacidad del sistema sanitario. Pero nadie explicaba eso desde los gobiernos autonómicos o central. Poco a poco íbamos a tener que aprender muchísimas más cosas de epidemiología.

La ola ya estaba encima de nosotros, y a pesar de los avisos de los médicos de urgencias hospitalarias “lo cierto es que ahora está todo el mundo con la mosca detrás de la oreja de que haya casos sueltos no identificados.” las autoridades sanitarias fundamentalmente a nivel del ministerio no reaccionaron, pero tampoco a nivel autonómico.

Y nos pasó por encima. De aquellos días lo que más recuerdo es la impotencia que trasmitían los compañeros ante lo que estaban viendo. Pronto de no hablar de ello, se pasó a considerar la situación como un estado de guerra, aunque en mi opinión nunca se ha tratado de una guerra, sino de una pandemia muy mal gestionada en un país teóricamente desarrollado.

Personalmente, me siento muy orgullosa del trabajo de todo el equipo de AMYTS. Nos esforzamos por aportar ideas y, al no ser escuchados ni tenidos en cuenta por la Administración, en dejar constancia de la situación que atravesó la sanidad madrileña antes de que después nos contaran que no existió, que todo estuvo controlado en un ejercicio de posverdad que a la postre se ha vuelto contra toda nuestra sociedad.

 

 

Se cerraron colegios. Pasamos una primavera confinados. Por primera vez desde que estudié medicina, hice la residencia y he ejercido medicina, el sistema no podía dar a basto para atender las necesidades de los pacientes, y ni siquiera se disponía de los medios materiales para la seguridad del personal sanitario.

 

 

Una de las situaciones más graves fue la constatación de la realidad de que las UCI y espacios habilitados como tales no daban abasto, y que la consejería de sanidad ni siquiera escuchaba sus peticiones de ayuda. A petición de los intensivistas, desde AMYTS hicimos pública la situación de finales de marzo.

Sentí la necesidad de hacer algo más y empecé a colaborar en turnos de 12 horas en uno de los hoteles sanitarios. Y poco a poco, semana a semana y en medios de una primavera de confinamiento que pocos hubiéramos imaginado meses antes, la dolorosa realidad de que decenas de compañeros sanitarios se quedaron por el camino, más de 70 médicos en toda España, y el drama de los fallecidos y sus familiares, que nos tocó de cerca a demasiados y ni siquiera pudimos acompañar o despedir, se doblegó la dichosa curva.

Empezó entonces una loca carrera del gobierno madrileño y en ocasiones también del central por la desescalada. Me llamó la atención que no hubiera un repunte pero el virus no se había ido, estaba agazapado esperando que nos confiáramos.

A finales de mayo escribía una llamada a la reflexión en tiempos Covid-19, decía entonces

Puede que la Administración esté muy sobrepasada. Entre nosotros, siempre lo está. En los aproximadamente seis años que llevo asistiendo a las mesas sectoriales de sanidad la excusa de falta de medios técnicos, de medios humanos, de lo difícil que es tratar con Hacienda y la frase de “hacemos todo lo que podemos, pero es lo que hay” la he oído tantas veces, que, teniendo en cuanta la magnitud e imprevisión con la que se ha enfrentado esta crisis, en este caso es más que creíble que hayan estado sobrepasados y deben haberlo pasado realmente mal. Pero tratar de actual como si no hubiera pasado nada o seguir arreglando las cosas de una forma parcheada va a salir muchísimo más caro en términos de salud, economía y de desgaste personal de los médicos.

A buen seguro incurro en inexactitudes, pero… ¿de qué sirven sesudos planteamientos, libros blancos sanidad periódicos o planes estratégicos de 500 folios que se quedan en el cajón de las buenas intenciones? Los médicos y TS y los pacientes no podemos seguir esperando. Es el momento de dar pasos, es el momento de ser decididos antes de que se produzca un rebrote o venga otro patógeno y nos vuelva a pillar defendidos tan solo con nuestras buenas intenciones (que no es poco): la buena intención no es infinita ni efectiva frente al contagio. Aún desconocemos cómo va a afectar todo esto a varias generaciones de médicos y de futuros médicos, pero no es ético ni estético seguir confiándolo todo a que la profesionalidad y el buen hacer de los médicos y resto de profesionales haga frente al problema. Yo sola no tengo la capacidad de hacerlo, pero si tengo la de alzar la voz desde AMYTS y exigirlo e invitaros a los demás hacer lo mismo, con una cierta distancia, y no solo por el virus. Del mismo modo que un artista al pintar un mural tiene la visión de conjunto en su cabeza, tenemos que exigir que los que nos gobiernan la tengan con la sanidad, y no desde un punto de vista electoralista o cortoplacista, sino compartiendo la necesidad de que esa visión suponga garantizar la mejor asistencia en las mayores condiciones de equidad posibles. Es el momento de exigir esa visión y esa capacidad de liderazgo al gobierno autonómico y a la Consejería de Sanidad, es tiempo de tratar de sacar lo mejor en la reforma del sistema para el próximo rebrote o la siguiente epidemia, no de fotos o de debates estériles que solo interesan a lo que están ahí por intereses partidistas. Es el momento de gobernar con vocación de servicio, y el que no tenga esa visión o no se sienta capaz, debe dar un paso atrás.

Y así terminó mayo, sin que las autoridades sanitarias dieran un paso para mejorar las condiciones laborales para que los especialistas de la formación sanitaria especializada eligieran quedarse en Madrid. Menos de la mitad de los especialistas de medicina familiar y comunitaria lo hicieron, porque otras comunidades y otros países les ofrecían mejores condiciones laborales que aquí, contratos de área de sustitución de varias consultas tan solo hasta diciembre. Más de 700 de aproximadamente 1400 teniendo en cuenta todas las especialidades tampoco están ya.

Y así pasó junio.

Y llegaron julio y agosto, en los que, a pesar del calor, asistimos a un repunte paulatino pero incesante de contagios que no se acompañó de una respuesta decidida de contratación de rastreadores y refuerzo de la salud pública. Se depositó sobre la primera línea y fundamentalmente la Atención Primaria tareas que desbordaban la capacidad real de los equipos en medio de la situación de pandemia. Y solo se ha conseguido profesionales agotados, frustrados y enfadados y una población descontenta.

Se acabaron los aplausos, he llegado a ver pedradas en cristaleras de Centro de Salud y pintadas muy desafortunadas en otros centros.

Y volvieron las cifras preocupantes de ingresos hospitalarios, la necesidad de transformar plantas para la atención de la pandemia en lo que la Administración llama planes de elasticidad y yo fracaso de la planificación y estrategia de las autoridades sanitarias. Porque, si en marzo la excusa fue que no lo vieron venir… ¿Qué excusa pueden tener ahora? Sin que la situación haya llegado a ser la de finales de marzo (afortunadamente), se han suspendido actividades programadas de carácter no oncológico y no urgente, que se acumulan al retraso del parón de marzo a mayo.

Estamos a principios de octubre, los ingresos hospitalarios parecen estar dando un respiro, pero los ingresos en UCI y espacios habilitados como UCI aún siguen subiendo ¿Y cuál es la estrategia de nuestros gobierno autonómico en Madrid con Ayuso y Central con Sánchez? Ni están ni se les espera. Ante los preocupantes datos de incidencia acumulada en Madrid, los más altos de España y de Europa, hemos asistido a un espectáculo de fuegos de artificio en el que lo de menos parece que es gestionar con solvencia la epidemia, sino hacer quedar mal al otro visto como contrario. Y como colofón el RD 29/2020 del 30 de septiembre, que, de facto, supone una “militarización” del personal médico y de enfermería ante una situación que podía y debía haberse evitado, sin una limitación clara en el tiempo, la gota que colma el vaso. Contra dicho RD se ha pronunciado toda la profesión médica junto a la necesidad de que escuchen a los médicos, y ante la cerrazón del ministerio de sanidad, está sobre la mesa una huelga nacional médica que se iniciará el próximo día 27 de octubre si no se abre el diálogo.

Así no, no por las malas, los médicos y resto de personal sanitario y no sanitario de la sanidad lo hemos dado todo, pero no se nos puede seguir exigiendo actuar por encima de lo normal de forma indefinida. Los materiales tienen un límite de elasticidad a partir del cual no pueden volver a su estado previo, los sanitarios lo sobrepasamos en marzo. Aunque quisiéramos, dudo que pudiéramos volver a dar una respuesta semejante, pero, sobre todo, no es justo pedírnoslo sin que se hayan tomado todas las medidas para no llegar a esta situación de nuevo. Necesitamos que los gobiernos tanto a nivel autonómico como central se centren en la gestión de la pandemia y de las tremendas consecuencias económicas que lleva acarreadas. Que hagan gala de su voluntad de servicio público por encima de sus intereses partidistas. Y lo necesitamos para antes de ayer. Y si no pueden, que dimitan. Más adelante habrá que exigir responsabilidades políticas de todo esto, y para eso es necesario contar lo que pasó las veces que sea necesario.

Tenemos que recordar a diario como decía Edmund Bruke que “para que el mal triunfe solo se necesita que los hombre buenos no hagan nada”. Yo creo que la mayor parte de la gente es buena. Así que toca que nos impliquemos en defender la sanidad de todos y definir como sociedad qué tipo de sanidad queremos darnos. Porque somos médicos, profesionales sanitarios y ciudadanos, pero también pacientes. Espero que no llegue un momento en que hablemos de la excelencia del sistema sanitario como algo del pasado. Nos jugamos mucho en esto.

Esta colaboración surgió a raíz de la petición por parte de @colapsosanidad para hacer vídeo-relato. El resultado, en el que al texto con algunas modificaciones y voz aportan con gran sensibilidad y acierto ilustraciones y música es este vídeo: Colapso Sanitario Capítulo 17 “A golpe de decretazo” Diario de Ángela Hernández Puente cirujana.

Ángela Hernández Puente
Especialista en Cirugía General, Hospital del Sureste. Vicesecretaria General de AMYTS

Compartir:

Deja una respuesta

¡Usamos cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia en esta web! Si sigues navegando, consientes y aceptas estas cookies en tu ordenador, móvil o tablet. Más información sobre las cookies y cómo cambiar su configuración en tu navegador aquí.

x