EDITORIAL. “Los Hospitales no son para el verano”, por Daniel Bernabeu

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Como viene siendo habitual en el mes de Julio, se ha notado un poco más de actividad en los despachos de la Sanidad, al menos en la de Madrid. Muchos temas pendientes por solucionar y, como siempre, las prisas de última hora antes de irse de vacaciones con la conciencia ‘tranquila’ por el trabajo realizado.

Pero si algo caracteriza estas fechas es el enfrentamiento entre representantes de los trabajadores y la ‘patronal’ sanitaria a cuenta del cierre de camas en los hospitales, y por la escasez de contrataciones para sustituir a los sanitarios que merecidamente se toman sus vacaciones.

Que Madrid cierre casi 3.000 camas hospitalarias durante el verano, o que se alcancen las 11.000 camas cerradas en toda España, es preocupante; y lo es en 2016 como lo fue en 2015, y también en 2014, 2013,…, y como lo será el año que viene. Es una situación que repercute de forma muy negativa tanto en los pacientes, como en los trabajadores sanitarios; pero que es vista como “mal necesario”, como oportunidad para ajustar desviaciones presupuestarias o beneficios, por los gestores sanitarios (tanto públicos como privados, ya que el problema no es ni mucho menos una exclusiva del sector público), y como una “serpiente de verano”, ya habitual y pasajera, por los políticos al frente de los gobiernos autonómicos.

Las manidas coletillas utilizadas para justificar esta situación: la disminución de la demanda durante el verano, y la necesidad de reformas en los edificios no se sostiene ya por ningún lado. Las reformas que se hacen, con la excusa de la crisis, son mínimas; y la demanda no baja, simplemente se traslada hacia la lista de espera (ya bastante abultada) porque no hay asistencia posible durante estas fechas; o se hacina más tiempo del deseable en las urgencias. Elementos ideales para una perfecta ciclogénesis asistencial cuyo paradójicamente tranquilo ‘ojo del huracán’ se sitúa en nuestra Comunidad entre los días 13 y 15 de agosto. Y es que la única y empecinada realidad a la que asistimos, año tras año, es la del deterioro progresivo de las condiciones de trabajo en los centros sanitarios: Enfermedades que no saben de fechas veraniegas; envejecimiento progresivo de la población que tiende a viajar menos, o nada, durante el verano; crisis económica que acorta los viajes fuera de la región; desorbitados incrementos poblacionales por el turismo en zonas costeras, etc.

Con estas premisas, los cierres de camas y las escasas contrataciones de sustitución son el combustible perfecto para el desgaste laboral (burn-out) y el estrés, en un colectivo sometido a una alarmante tasa de precariedad y eventualidad: el 40% de la plantilla de facultativos del SERMAS está en situación temporal, alcanzando el 80% en los servicios de Urgencias. Pretender que esta situación no tiene repercusión sobre los pacientes, sobre la calidad asistencial y sobre la sostenibilidad de nuestro sistema sanitario es ser un necio. Como bien ha sabido expresar nuestra compañera Mónica Alloza en este número: “Señores de la Consejería, un poquito de imaginación”.

De poco vale que el ministro de Sanidad en funciones, Sr. Alfonso Alonso, haga un llamamiento a las CCAA pidiendo que hagan un “esfuerzo” para garantizar la asistencia sanitaria durante las vacaciones, cuando tiene cerrado el grifo de la financiación, cuando no existe voluntad de cohesión en el sistema sanitario de taifas que son las CCAA, cuando no existen planes de contingencia realistas para afrontar las necesidades del verano, cuando los contratos de sustitución que se ofrecen son indignos, cuando no hay plantillas estables y suficientemente dotadas. Ver a todo un Consejero de Sanidad pidiendo médicos sustitutos a través de las redes sociales, o CCAA creando grupos de estudio para ver cómo incentivar contrataciones y abordar la problemática veraniega de sustituciones, ¡en pleno mes de julio! resulta patético y frustrante por la incapacidad gestora de nuestros políticos, y por el abuso que se hace de nuestra profesión y de nuestro compromiso vocacional y humano con los pacientes.

El verano es una realidad laboral para el mundo sanitario que cada año se hace más difícil y más dura para todos, y de la que, hasta el momento y para alivio de gestores y políticos, vamos saliendo; un poco más cansados, un poco más hartos y un poco más desilusionados. Estamos estirando la cuerda y se va a romper. ¿Cuándo? No lo sabemos, pero no será nada fácil arreglarla y de poco nos valdrán los lamentos. Y aunque deseo no tener que repetir estas líneas el próximo año, no veo voluntad política alguna que me permita ser optimista.

Lo dicho, los hospitales no son para el verano, así que ojo con ponerse enfermo en estas fechas, estamos de vacaciones.

Daniel Bernabeu Taboada
Médico especialista en Radiodiagnóstico. Presidente de AMYTS

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