EDITORIAL. “La incompetencia gestora y el maltrato al profesional”, por Julián Ezquerra

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Como es habitual, siempre hay alguna frase de gente ilustre que define muy bien lo que quiero decir en este editorial. En este caso, el filósofo y economista Ludwig Heinrich Edler Von Mises decía: “el culto del estado es el culto de la fuerza. No hay amenaza más peligrosa para la civilización que un gobierno de incompetentes, corruptos u hombres viles. Los peores males que la humanidad haya tenido que soportar fueron infligidos por los malos gobiernos”. Duras palabras que comparto.

La política de recursos humanos en materia de profesionales de la Sanidad, en nuestro caso en el SERMAS, ha sido desde hace muchos años una lacra para los facultativos y, por extensión, para todas las categorías del SERMAS.

Sé que a nuestros dirigentes no les gusta lo que voy a decir, pero lo hago y lo digo porque lo siento así. Los profesionales hemos sido maltratados. Sí, hablo de maltrato, y durante muchos años. La política de recursos humanos se ha basado en el ninguneo, el pasar por encima de nuestros derechos, el negarnos el pan y la sal, el exigir todo sin conceder nada a cambio, en restringir nuestros derechos más básicos (recordemos a modo de ejemplo el negar los trienios al no fijo, el descanso tras la guardia o no pagar carrera profesional, sin olvidar el veto a los traslados en el ámbito hospitalario). Esto no puedo definirlo con mejor palabra que maltrato, definido en el sentido de “tratar con crueldad, dureza y desconsideración a una persona, o no darle los cuidados que necesita”

Esta situación que, insisto, viene de años atrás, se ha recrudecido especialmente con el paso del tiempo. Veamos algunos ejemplos, terminando con la acontecido en el año de la pandemia, el año de la Covid-19, el temporal Filomena y la apertura del Zendal.

Muchos son los problemas que tenemos los profesionales, pero si tengo que elegir uno, me inclino por el de la precariedad, la eventualidad, el acceso tan complicado a algo consustancial al empleo público, la fijeza en la plaza. Nos acercamos al 50% de profesionales no fijos, ya sean interinos, eventuales o sustitutos. Miles de compañeros que no pueden hacer un proyecto de vida por su inestabilidad, que tras 11 o 12 años de formación acceden al mercado de trabajo de la Sanidad Pública y lo hacen en precario, con contratos temporales, sustituciones, eventuales, contratos de guardia, etc.

Así años y años, esperando unas convocatorias de oposiciones con las que poder consolidar el empleo. Unas oposiciones que son escasas en número, lentas en su ejecución y que cuando concluyen lo hacen dejando la misma situación de mantenimiento de plantillas en precario, repletas de personal no fijo. Y esto es así por la inoperancia de los que deben gestionar el proceso, por la escasa dedicación de recursos y personal para estas labores. Lo que no quiero ni pensar es que además sea premeditado… aunque he de confesar que lo pienso muchas veces.

Con relación a lo anterior, un ejemplo que no puedo dejar de repetir una y cien veces. Mas del 90% de los médicos de urgencia hospitalaria no son fijos. Desde 2001 no hay nadie consolidado en estas plazas. ¡20 años! Y cuando hay intentos de oposición, lo hacen con escasas plazas, generan un serio agravio y malestar entre los profesionales, no tienen en cuenta la situación en la que se encuentran, y terminan por tener que “aplazarlas sine die” para no generar un mal mayor.

A la de por sí penosa situación de precariedad se une que este personal se ve agraviado, maltratado de nuevo, negándoles el pago de algo que se han ganado, que se ha reconocido, que se ha firmado por acuerdo entre las organizaciones sindicales de la mesa sectorial y la Consejería, es más, algo que ha sido refrendado en el Consejo de Gobierno y publicado en el BOCM. La carrera profesional se les niega, se les obliga a reclamar judicialmente, se les vuelve a maltratar. Y todo ello por la inoperancia, la ineptitud, el abandono, la falta de apoyo de una consejería de Sanidad incapaz de exigir al responsable de Hacienda lo que le corresponde. Si tuvieran algo de decencia y dignidad, habrían dimitido hace tiempo.

En esta situación llegamos al año 2020 y tenemos que hacer frente a la mayor catástrofe sanitaria de los últimos 100 años, la pandemia de la Covid-19. Sobreesfuerzo, riesgo, falta de protección, cientos de compañeros que enferman, algunos fallecen, todos arrimando el hombro hasta la extenuación. Por el contrario, nuestra Administración sanitaria, nuestra Consejería, la dirección de Recursos Humanos, a lo suyo, a presionar y negar lo más básico. Somos la excepción, una CCAA que no gratifica a sus profesionales por este sobreesfuerzo. De nuevo nos encontramos ante la incapacidad de Sanidad de dar un golpe en la mesa y exigir a Hacienda lo que es justo.

Pero esto no termina aquí. Enfrentamos la tercera ola de la pandemia, y de nuevo centros de salud, SUMMA y hospitales con aumento de presión, cada día con mayor carga asistencial, sin medidas de contención adecuadas. Y, de repente, nos llega Filomena, un temporal de nieve y frio que colapsa la región, que obliga a los profesionales a un tremendo esfuerzo personal para poder asistir a sus centros de trabajo, obliga a doblar o triplicar turnos, a permanecer sin descanso ni relevo, incluso días atrapados. Se pide una gratificación para los afectados, que se abonen esas horas de forma “generosa”, pero la Administración entra en el juego del “regateo” con los representantes de los profesionales, el típico te ofrezco esto y de ahí no paso, si no lo aceptas lo dejo en hora ordinaria (algo que entiendo como un clásico chantaje); Por cierto, al final se ha cumplido esto último… Un juego absurdo e innecesario. Y para rematar el dislate, la Dirección General de RRHH se “inventa” una resolución en la que implica torticeramente a las organizaciones sindicales presentes en la mesa sectorial.

La tercera ola, la elevada presión asistencial, obliga a la apertura del Hospital Isabel Zendal. No voy a insistir en lo que se ha dicho de este centro y el coste de oportunidad que ha tenido. Pero no puedo dejar de decir que esta apertura ha vuelto a ser una muestra del maltrato al profesional del que ya tenemos sobrada experiencia. Traslados forzosos, dejar desasistidos los hospitales de origen, no incentivación ni reconocimiento… En definitiva, un “ordeno y mando” más, amparándose en leyes que no nos son favorables y, lo peor, en un Real Decreto 29/2000 del Gobierno de España que, amparándose en el estado de alarma, “militariza de facto” al profesional y permite hacer con nosotros lo que quieran. Y, además, todo hay que decirlo, poniendo en evidencia la catadura moral de unos políticos que votan en contra de este Decreto, pero lo aplican allá donde gobiernan. Coherencia, que se dice, no tienen. En esto, no hay Gobiernos buenos y malos, todos hacen lo mismo, sin diferencias apreciables.

En fin, que concluyo con lo que titula este editorial. Estamos en manos de unos gestores cuya única característica es la del maltrato sistemático al profesional. Menos mal que somos más, somos mejores y saldremos de esta grave crisis gracias al esfuerzo de todos y cada uno de los profesionales, no de quienes nos dirigen. Es mi opinión, así la reflejo y sé que habrá quien, por supuesto, no la comparta.

Y no puedo terminar sin decir alto y claro que, en esta Consejería de Sanidad de Madrid, muchos cumplen el conocido “principio de Peter”, ese que dice: Con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus obligaciones”.

Julián Ezquerra Gadea
Médico de familia, CS Las Rozas – El Abajón
Secretario General de AMYTS

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