EDITORIAL. “¡Gracias, Europa!”, por Gabriel del Pozo

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Menos mal que aún nos queda Europa para corregir los desaguisados que perpetran nuestros administradores, con premeditación y alevosía. Al menos, así lo quiero creer, porque si no debería pensar que es por ignorancia. Y ¿por qué debemos estar administrados por ignorantes? ¿De quién es la responsabilidad?

Nuestros administradores, puestos ahí por el dedo “designador” de nuestros políticos y no en virtud de sus méritos, pudieran ser entonces unos ignorantes. O, a lo mejor, son mucho más capaces de lo que demuestran, y el problema es que no les dejan desarrollarlo. Es posible que les obliguen a seguir unas directrices contra viento y marea y, lo que es peor, contra la propia legalidad. Hasta que desde Europa, vía directivas, les hacen corregir los desaguisados cometidos, con el consiguiente coste economico para el Estado o/y la comunidad autónoma correspondiente. Es decir, con el dinero de todos nosotros, dinero que deberían administrar para beneficio de todos y no para corregir sus malas prácticas, y del cual deberían responder ante la sociedad y ante la justicia al finalizar su período de gestión (cosa que, a no ser que también nos acabe corrigiendo Europa, creo que no veremos en un futuro inmediato).

Lo que no corrigen los fallos judiciales, y sus correspondientes indemnizaciones, son todas las situaciones de intranquilidad, inseguridad, e indefensión que han generado en todos los compañeros agraviados con premeditación y alevosía, como comenté antes.

Todo esto viene a cuento de las recientes sentencias europeas que han cambiado el panorama de contratación en las diversas comunidades del Estado. Y perdón si en alguna se estaba haciendo bien y la he colocado en el mismo saco. Sentencias que ponen en regulación lo que, en razón, todos veíamos. Pero nos enfrentábamos con el muro de la Administración, que haciendo suyas las palabras de Don Juan Tenorio

¡Cuál gritan esos malditos!
Pero ¡mal rayo me parta
si en concluyendo la carta
no pagan caros sus gritos!

sólo le parecían gritos, y su solución era ignorarlos o reprimirlos.

Hubiera sido más fácil buscar una solución dialogada entre todas las partes implicadas, no manteniendo el agravio en el tiempo y no enfadando más a los profesionales, que con su trabajo e implicación hacen de nuestro sistema de salud una medalla de la que presumen nuestros administradores.

Las tres modificaciones que han cambiado o pueden cambiar el panorama laboral en la sanidad han tenido que venir de Europa y son:

  • abono de trienios a interinos.
  • modificación en la interpretación de la contratación (contratos de interinos, no discriminación entre temporales y fijos).
  • libranza de guardia.

Con base en las directivas y regulación emanadas de Europa, se han tenido que plegar nuestros administradores, la mayoría de las veces tras paso por tribunales, a poner en ejecución lo que todos veíamos como algo que sólo necesitaba voluntad de solución.

Cómo desearía que esa Europa fuera quien legislara para todos los ciudadanos de la Unión, y que estuvieran unificados los planes educativos, las coberturas sanitarias, las retribuciones, los tiempos de trabajo, los impuestos y tantas otras cosas que nos harían sentir que no somos ciudadanos de segunda en ese gran Estado llamado Europa. Y mejor aún, que no nos haría sentirnos mal por los políticos que nos gobiernan. Políticos que, efectivamente, hemos elegido, a unos para gobernar y a otros para controlar a los que nos gobiernan. Y tengo la sensación de que muchos no estamos contentos con sus actuaciones y pensamos que igual, perdiendo su visión provinciana, sacudidos con un aire fresco llegado de otros lares, mejorarían. Si al menos se contagiaran de los que, cuando hacen algo mal tienen la entereza de dimitir, ya estaríamos ganando.

Retomo para cerrar un verso del poema del Mío Cid:

“¡Que buen vassallo, si oviesse buen señor!”

Gabriel del Pozo Sosa
Médico de familia. Vicesecretario General de AMYTS
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