EDITORIAL. “Escalada en la conflictividad laboral”, por Daniel Bernabéu

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Iniciamos julio y un verano atípico, marcado por la dura experiencia vivida con la crisis COVID19, sus secuelas físicas y psicológicas en pacientes y sanitarios que vivieron de cerca la enfermedad; y en la población, ahora más relajada, que sufrió el confinamiento.

COVID19 ha sacado al aire las grandezas y las miserias de nuestro sistema sanitario y, por ende, las de nuestros políticos y gestores. La grandeza de los profesionales, que han respondido de forma colectiva y altruista, asumiendo en sus carnes los riesgos de padecer la enfermedad por la carencia de equipos de protección; supliendo con imaginación y tesón la falta de equipamiento técnico para mantener con vida a los enfermos más graves; viviendo con impotencia y desesperación cómo sus llamadas de auxilio, de ayuda, desde las residencias de ancianos y discapacitados, eran ignoradas. Un drama humano que nunca será suficientemente valorado y reconocido, y sobre el que AMYTS realizó un emotivo homenaje el pasado 20 de junio.

Las miserias de un servicio sanitario público en la Comunidad de Madrid aquejado de plantillas insuficientes, con infraestructuras envejecidas y mal mantenidas, sometido a constantes pulsos de competencia mal regulada con corporaciones sanitarias privadas; con el primer escalón asistencial, la Atención Primaria, completamente abandonada e infrafinanciada; con unos servicios de Urgencias hospitalarias y extrahospitalarias desarrollados en la precariedad e insuficiencia de medios; pero con puntuales destellos tecnológicos y de infraestructuras, adecuada y masivamente publicitados, para mayor gloria del político de turno al frente de la Comunidad.

Iniciamos el verano con el final de la desescalada de las medidas excepcionales de alerta social y sanitaria establecidas por el Gobierno de España el pasado 14 de marzo. Durante toda la fase álgida de la pandemia COVID19, AMYTS estuvo con todos vosotros a través de los Diarios del Coronavirus y, fiel a su labor de cuidar a los que cuidan, trabajó incansablemente denunciado todas las situaciones de desprotección laboral y asistencial que llegaron a su conocimiento. De igual manera, durante la progresiva relajación de las medidas de alerta y con la casi-normalización de la mayoría de centros asistenciales, AMYTS ha estado a vuestro lado con las Crónicas de la Desescalada, una guía de actualización periódica, fiable y experta, de cómo ha evolucionado la situación sanitaria en Madrid tras el pico de la pandemia.

Desgraciadamente, mientras estamos asistiendo a esta desescalada sanitaria del COVID19, promovida desde las Administraciones, en un universo paralelo y desconocido para la mayor parte de los gestores que habitan la Consejería de Sanidad de Madrid, el de los profesionales sanitarios, asistimos a una importante ESCALADA del MALESTAR LABORAL, en el lado de los que más han sufrido la presión de la crisis sanitaria.

Llevamos años de vejaciones y maltratos, a los que la crisis COVID19 ha sumado el colapso del sistema sanitario en Madrid y cargado sobre los profesionales la responsabilidad de sacar adelante la Sanidad; una olla “a presión” que está alcanzando su punto crítico de aguante y de potencial explosión. Y cuya válvula de escape, de emergencia, que debería funcionar a través del diálogo y de los acuerdos, está en manos de una Dirección General de RRHH inflexible y prepotente, que ha decidido que, para mantener a los facultativos firmes y dóciles, lo mejor es el NO a todo y el ninguneo; vamos, apretar la válvula “de escape” un poco más, para que no se escape ni una gota del sudor y del esfuerzo (vapor) que mueven nuestra Sanidad. Se ve que con la fuga de facultativos a otras CCAA, o a otros países, no les parece suficiente.

La primera grieta de esta caldera a presión en la que incompetentes gestores han transformado la Sanidad de Madrid ya tiene fecha: el 13 de julio. Los médicos internos residentes (MIR) de Madrid inician una huelga indefinida para reclamar unas condiciones laborales mínimamente dignas, tras el ninguneo y desprecio al que han sido sometidos por la Consejería en sus reuniones iniciales. Exigencias tan duras e imposibles como pedir no compartir la misma cama durante los descansos en sus guardias interminables, como tener una supervisión y tutorización adecuadas, como regular el número máximo de guardias y los periodos de descanso; han obtenido el NO y un desdén lleno de soberbia como únicas respuestas.

La ESCALADA de la conflictividad laboral en la Sanidad de Madrid está servida: la mecha está prendida y tenemos a una bombera pirómana al frente de los RRHH de la Sanidad de Madrid. ¿Qué puede salir mal?

Daniel Bernabéu Taboada
Especialista en Radiodiagnóstico, Hospital Universitario La Paz. Vicepresidente de AMYTS

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