EDITORIAL. “Ébola, la tormenta perfecta”, por Cristobal López-Cortijo

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Dr. Cristobal López-Cortijo.
La salud es un bien muy preciado por la población… pero solo se valora cuando se pierde o se tiene miedo a perderla.
La epidemia de virus Ébola que azota a varios países del África Ecuatorial no era a principios de año sino un eco lejano en los telediarios; una más de las noticias que los occidentales oímos como una letanía, frías estadísticas de muertos ajenos a nuestro negociado y, por tanto, no susceptibles ni siquiera de piedad. 
El Dr. Peter Piot, codescubridor del virus, describió esta epidemia como “la tormenta perfecta”, pero para nosotros una tormenta tan lejana como los huracanes del Caribe.
Cuando de forma muy discreta se denunció desde AMYTS en abril, al principio de este drama, al gobierno madrileño el riesgo que suponía el desmantelamiento de las unidades monográficas del Carlos III especializadas y entrenadas para combatir este tipo de infecciones, sin poseer alternativas válidas, se nos contestó que existían muy pocas posibilidades de que algún paciente afecto llegara a nuestras latitudes. 
Los españoles no nos sentíamos amenazados por esta enfermedad, y es sabido que nuestros políticos solo se mueven por la opinión pública, no por la salud pública.
Pero hete aquí que, por arte de la solidaridad, el temido virus viajó a nuestro país bien envuelto en cámaras estancas con presión negativa, dentro del cuerpo de uno de nuestros compatriotas. 
A partir de ese momento el viento huracanado del Ébola empezó a dejarse oír en los hogares de todos los españoles a través de unos medios de comunicación que trasmitían machaconamente que la Sanidad española en general, y la madrileña en particular, tenían los medios materiales y humanos para enfrentarse a este grave problema de salud sin despeinarse. El ciudadano respiraba de nuevo tranquilo en su sofá.
No crearemos polémica sobre lo acertado o no de la decisión del traslado de nuestro compatriota, aunque a la postre se mostrara inútil, pero sí debemos señalar que, en Medicina, toda precaución es poca, y los medios de los que dispone la ciencia para luchar contra la enfermedad deben estar disponibles, aunque la probabilidad de la enfermedad no sea alta. Existe una estrecha línea entre el bienestar y el desastre cuando se trata de enfermedades graves que afectan a la salud pública.
Es evidente, por tanto, que la visión de la Medicina, y con ella, de la Salud Pública, difiere claramente de la visión política, e incluso social, de las enfermedades. Para nosotros los médicos, la necesidad de estar preparados ante lo peor es manifiesta, sobre todo porque luego seremos nosotros quienes estaremos en primera línea para vernos afectados por la enfermedad: en esta epidemia, el 10% del total de muertes son en personal sanitario. Cierto que es nuestra obligación estar en primera línea al lado de los pacientes; pero también que esta realidad debe ser respaldada por la sociedad, proporcionando los mejores medios disponibles para la protección de nuestra salud y de la suya. Y esta epidemia deja patente que distraer recursos presupuestarios de la sanidad porque son estadísticamente poco necesarios puede ser muy peligroso. Por eso, desde AMYTS no hemos parado de analizar la situación y de exigir los recursos necesarios, incluso los protocolos de actuación que, hasta hace unos pocos días, ni siquiera existían, y que hoy por hoy ni siquiera son públicos en su mayoría.
Este es un buen ejemplo de que los médicos tenemos algo que decir en la toma de decisiones en lo que atañe a la salud, con responsabilidad económica pero sabiendo el terreno que pisamos y sus consecuencias.
Ahora que efectivamente la sostenibilidad del sistema sanitario está en peligro, los médicos tenemos la obligación de permanecer en la cabecera de nuestros pacientes, aún a riesgo de sufrir sus enfermedades, pero también la de conminar a nuestros gestores a que cuenten con los profesionales para gestionar la sanidad con criterios basados en la evidencia médica y no en la conveniencia particular o el electoralismo, cuando no en la excusa de la alarma social, para justificar su inacción ante temas tan importantes Y también para que los recursos sanitarios sean suficientes y bien empleados con el fin de que la sociedad pueda acceder de forma persistente a una asistencia sanitaria de calidad.
Cristobal López-Cortijo Gómez de Salazar,
vicepresidente de AMYTS
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